Un hogar prestado

Capítulo 21: Después de la tormenta

Seguía abrazada a él.

No sabía cuánto tiempo había pasado. Las velas se habían consumido un poco más y la cera empezaba a formar pequeños charcos sobre los platitos.

La estufa hogar seguía encendida, llenando el living de un calor agradable y del sonido suave de la leña al romperse.

No quería moverme y, por cómo seguía sosteniéndome, él tampoco parecía tener apuro. Levanté despacio la cabeza, nos quedamos mirándonos, tenía los ojos distintos. No estaba llorando, pero había algo más en su mirada. Como si escucharme también hubiera aflojado algo adentro suyo.

—Perdón —murmuré otra vez.

Frunció apenas el ceño.

—Seguís pidiendo perdón.

Sonreí con vergüenza.

—Es costumbre.

—Habrá que sacártela.

La frase me hizo reír, muy poquito, pero me reí. Todavía tenía una mano apoyada sobre su pecho, sentía sus latidos debajo de la remera. Mis dedos se movieron apenas.

Él no se apartó, respiré hondo, apoyé la mano en su mejilla.

La barba raspó apenas mi palma. Había imaginado demasiadas veces cómo serían sus manos. Nunca había imaginado cómo sería tocarle la cara.

Él cerró los ojos apenas un segundo. Cuando volvió a abrirlos, hable bajito.

—¿Puedo?

—¿Segura?

La respuesta salió antes de que pudiera pensarla.

—Ya no estoy escapando.

El beso llegó despacio. Como todo lo importante entre nosotros, no hubo urgencia, no hubo necesidad de demostrar nada.

Solo dos personas que, después de tanto tiempo midiéndose, dejaron de preguntarse si podían acercarse.

Volví a besarlo, esta vez sin miedo.

Sentí sus manos recorrerme la espalda con la misma paciencia con la que había visto ganarse la confianza de Vector.

Esperando, escuchando, dándome tiempo para elegir cada paso. Y elegí quedarme.

No sé en qué momento dejamos de prestar atención a las velas, o a la leña rechinando dentro de la estufa.

El mundo siguió existiendo alrededor nuestro pero nosotros dejamos de correr.

Pasamos horas mirándonos, descubriéndonos con las manos, aprendiendo la forma del otro sin ningún apuro.

Nos tocamos con la curiosidad de quien encuentra algo que no quiere romper.

Volvimos a besarnos, una y otra vez.

Hasta que dejó de existir la necesidad de contar cuántas veces habían sido.

Lo más inesperado fue darme cuenta de que mi cabeza, había dejado de hacer preguntas. No estaba pensando en mañana, ni en el laboratorio, ni en mis papás, ni en Nicolás, ni en la culpa.

Solo estaba sintiendo, y permitiéndome sentir sin juzgarme, sin corregirme, sin lamentarme por la mujer que había sido unas horas antes. No hubo promesas, no hubo explicaciones. Solo nosotros, dejándonos llevar por algo que llevaba demasiado tiempo creciendo entre los dos.

Y cuando finalmente nos quedamos quietos, todavía abrazados, sentí una calma que no recordaba haber sentido nunca.

Me acomodé contra su pecho. La manta de lana del sillón terminó cubriéndonos a los dos. La estufa seguía encendida y afuera, la lluvia golpeaba los vidrios. No sé cuánto tardamos en quedarnos dormidos.

Me despertó el sonido de la lluvia. Abrí los ojos despacio.

Durante unos segundos no entendí dónde estaba, después sentí la manta. La estufa se había apagado pero el brazo de Tomás estaba alrededor mío.

Seguíamos en el sillón, la tormenta no había parado. Él dormía y yo lo observé sin esconderme.

Dormido parecía más joven. Como si durante unas horas hubiera dejado de cargar con todo, me quedé mirándolo unos segundos más.

Entonces abrió un ojo.

—¿Hace mucho que me estás mirando?

Me sobresalté.

—No.

—Mentís mal.

—Estaba haciendo observaciones científicas.

Abrió el otro ojo.

—¿Y?

Lo pensé.

—Dormís con cara de buen tipo.

Sonrió.

—Menos mal.

Se rio y yo me acomodé mejor sobre el sillón.

—¿Dormimos toda la noche acá?

Miró alrededor.

—Parece.

—La espalda me va a odiar.

—La mía ya empezó.

Nos reímos, y por un momento nos quedamos así, sin saber muy bien qué hacer con la mañana.

No había nadie esperándonos. No teníamos que salir, no había nada urgente que resolver, solo lluvia.

—¿Qué hora es?

Tomó el celular de la mesa.

—Las nueve.




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