No recuerdo cuánto tardamos en llegar al lugar "seguro".
Después del accidente, el tiempo había perdido cualquier significado y todo parecía reducirse a una sucesión de imágenes demasiado rápidas: nuestros hombres rodeando los vehículos, los disparos perdiéndose entre los edificios, el humo elevándose detrás de nosotros y Nikolas apoyándose sobre mí mientras intentaba convencerme de que estaba bien cuando la sangre seguía empapando lentamente su traje y empapando mi vestido al estar aferrada a él como si temiera que se desvaneceria en mis brazos, mis manos estaban empapadas de su sangre.
No le creí ni por un segundo. Lo conocía lo suficiente para saber cuándo estaba fingiendo que algo no le molestaba y aquella vez estaba mintiendo descaradamente, así que durante todo el trayecto permanecí a su lado sin apartar la mirada de su hombro tratando de contener la hemorragia con la tela que rasgue de mi vestido presionada sobre el agujero que tenia en el hombre luego de que el imbecil haya arrancado el cristal de golpe y cada vez que el automóvil tomaba una curva podía notar cómo su rostro se tensaba ligeramente, aunque continuaba intentando comportarse como si aquello fuera una simple molestia. No dije nada durante los primeros minutos, tampoco él, porque solo podía escuchar su respiración, un poco más pesada de lo habitual, mientras mantenía una mano sobre su brazo sano para asegurarme de que seguía consciente.
—No cierres los ojos —murmuré finalmente incapaz de soportar el silencio durante más tiempo. Nikolas giró ligeramente el rostro hacia mí y a pesar del dolor, consiguió esbozar aquella pequeña sonrisa que parecía utilizar siempre que quería provocarme.
—No pensaba hacerlo.
—Bien. —permanecimos en silencio unos segundos más hasta que volvió a hablar.
—¿Estás preocupada?— Lo miré inmediatamente.
—No. —su sonrisa se hizo un poco más evidente.
—Mientes bastante mal cuando estás asustada. —Mi mandíbula se tensó.
—Y tú hablas demasiado cuando estás perdiendo sangre. —la sonrisa desapareció lentamente de su rostro y ahi pareció comprender que realmente estaba preocupada y no estaba de humor para sus jueguitos de mierda.
Volví la mirada hacia su hombro, había demasiada sangre y no sabía cuánto daño había provocado el cristal, pero tampoco necesitaba saberlo para entender que necesitaba atención médica cuanto antes. Mi cabeza intentaba analizar la situación con la misma frialdad con la que habría analizado cualquier otra emergencia, buscando posibles complicaciones, calculando cuánto tiempo había pasado desde el impacto y pensando en las heridas que podían haberse producido durante el vuelco, pero algo dentro de mí se negaba a funcionar correctamente. Había pasado años aprendiendo a mantener la calma. Había aprendido a controlar el miedo, el dolor, la rabia y cualquier emoción que pudiera convertirse en una debilidad, porque me habían enseñado que las emociones debían mantenerse bajo control y que cualquier persona capaz de descubrir aquello que realmente te importaba podía utilizarlo contra ti. Yo misma había construido aquella regla alrededor de mi vida y la había seguido durante años sin cuestionarla: nunca mostrar demasiado, nunca reaccionar impulsivamente y sobre todo, nunca permitir que alguien supiera dónde podía herirte. Sin embargo unas horas atrás había sentido cómo todo aquello desaparecía en cuanto vi a Nikolas cubriéndome con su cuerpo. Todavía podía recordar el momento exacto: el impacto, el cristal rompiéndose, el estruendo ensordeciendome, su brazo rodeándome, su cuerpo protegiéndome y después aquella sangre. La imagen regresó a mi cabeza con tanta claridad que tuve que cerrar los ojos durante un segundo para apartarla.
—Xue.
Los abrí y encontré sus ojos sobre mí.
—¿Qué?
—Te quedaste completamente quieta— dijo en tono de broma, lo miré con incredulidad, incapaz de comprender cómo podía seguir haciendo bromas después de lo que acababa de ocurrir.
—¿En serio?
—Tenía que intentarlo.
Por un instante no supe qué responder. Después solté una pequeña exhalación por la nariz, algo que se acercó peligrosamente a una risa y que desapareció casi inmediatamente, pero Nikolas pareció satisfecho de haber conseguido distraerme. Volvió a apoyar la cabeza contra el asiento y yo permanecí observándolo durante unos segundos antes de apartar la mirada. No entendía cómo podía hacer aquello. Incluso herido seguía intentando tranquilizarme, como si fuera yo quien necesitara protección después de haber sido él quien había recibido el golpe. Aquello me irritaba, pero al mismo tiempo había algo en su forma de comportarse que hacía que mi pecho se sintiera extraño.
—No vuelvas a hacer eso —dije después de unos segundos.
Nikolas abrió los ojos lentamente.
—¿Qué cosa?
—Cubrirme.
Me sostuvo la mirada durante unos segundos y rwalmente me sorprendio mas que no hizo ninguna broma.
—Lo volvería a hacer— alego con una extraña calma mientras se encogia de hombros, sentí que algo se cerraba alrededor de mi pecho.
—No deberías.
—No iba a dejar que te alcanzara cualquier cosa que pudiera lastimarte.
—Podrías haberte matado...
—Tú tambien podias morir.
Negué lentamente con la cabeza y aparté la mirada hacia la ventana. Las luces de Manhattan pasaban rápidamente al otro lado del cristal pero apenas podía distinguirlas. ¿Por qué tenía que decir aquello? ¿Por qué tenía que hablar con aquella tranquilidad cuando acababa de recibir una herida que podía haber sido mucho peor? ¿Por qué tenía que mirarme de aquella manera como si protegerme hubiera sido la decisión más natural del mundo? No entendía qué estaba ocurriendo conmigo. No entendía por qué la imagen de él cubriéndome durante el accidente se repetía una y otra vez en mi cabeza, ni por qué había sentido un miedo tan intenso cuando vi la sangre. Había visto morir personas, había estado a centímetros de la muerte más veces de las que podía contar, había recibido heridas y había matado, pero nunca había sentido aquello. Nunca había tenido la sensación de que el mundo pudiera detenerse durante unos segundos simplemente porque otra persona estaba herida.
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Editado: 21.09.2026