Aquella noche no conseguí dormir demasiado. No por el hombro que apenas me molestaba ya, sino porque cada vez que cerraba los ojos volvía a sentirla sobre mí, sus manos en mi nuca, su respiración entrecortada y aquella manera en que me había mirado antes de besarme como si estuviera desafiándome a decir que no lo deseaba.
No había sido un accidente y saberlo me tenía completamente perdido. Había pasado meses intentando comprender a Xue Ning, observándola desde la distancia, aprendiendo sus silencios, sus pequeñas costumbres y la manera en que podía ocultar cualquier emoción detrás de aquella expresión tranquila, pero ahora tenía algo que antes no había visto. Una versión de ella que solamente aparecía cuando bajaba la guardia conmigo, aunque fuera durante unos segundos y descubrirla me estaba resultando peligrosamente adictivo. Xue Ning seguía siendo la misma mujer reservada, calculadora y difícil de leer que había conocido meses atrás, pero ahora había algo nuevo, algo que no estaba escrito en aquel maldito contrato y que ninguno parecía capaz de controlar. Cuando amaneció la encontré todavía dormida a mi lado, con el cabello ligeramente desordenado sobre la almohada y una expresión tranquila que rara vez permitía que alguien viera durante el día.
Me quedé observándola en silencio apoyado sobre el brazo sano y una sonrisa apareció en mi rostro sin que pudiera evitarlo. Había algo ridículamente satisfactorio en verla así, tan lejos de la mujer que podía entrar a una habitación y hacer que todos guardaran silencio con una sola mirada. Dormida parecía más joven, más tranquila, incluso vulnerable, aunque sabía perfectamente que aquella última palabra jamás se la diría a la cara. Extendí la mano y aparté con cuidado un mechón de cabello que había caído sobre su rostro. Mis dedos rozaron suavemente su sien antes de detenerse junto a su mejilla y ella frunció ligeramente el ceño, todavía dormida, haciendo que mi sonrisa se hiciera más grande.
—No te acostumbres —murmuró de repente, con los ojos todavía cerrados. Me quedé quieto.
—¿Estabas despierta?
—Desde que empezaste a mirarme... siempre siento tu mirada —murmuró adormilada mientras se apegaba un poco más contra mi pecho, como si hacerlo fuera la cosa más natural del mundo. Solté una pequeña risa y pasé lentamente los dedos por su cabello.
—Entonces sabes que eres preciosa.
Xue abrió lentamente los ojos y me miró con esa expresión seria que utilizaba cada vez que no sabía cómo responderme. Durante unos segundos simplemente nos quedamos así, demasiado cerca, y pude notar cómo su mirada descendía hasta mis labios antes de volver a mis ojos. Fue apenas un instante y aquella pequeña reacción me gustó mucho más de lo que debería.
—Eres insoportable —murmuró.
Intentó apartarse, pero antes de que pudiera hacerlo le tomé suavemente la mano. Xue bajó la mirada hacia nuestros dedos entrelazados y después volvió a mirarme. No retiró la mano y aquello fue suficiente para mí. Me incliné y le robé un beso corto, apenas un roce sobre sus labios. Ella abrió ligeramente los ojos por la sorpresa, pero no se apartó. Cuando me separé continuó mirándome durante unos segundos más antes de fruncir el ceño, como si hubiera soltado la mejor estupidez de mi vida.
—¿Eso qué fue?
—Un beso.
—Lo sé...
—Entonces no necesitas preguntar.
—Niko-...— no la dejé terminar su queja tan exquisita que salía de sus labios porque volví a besarla, esta vez un poco más despacio. Ya no fue aquel roce fugaz de la primera vez; mis labios permanecieron sobre los suyos unos segundos más y sentí cómo su mano se cerraba alrededor de la mía mientras la otra terminaba apoyándose contra mi pecho. Cuando me aparté, Xue soltó una pequeña respiración y negó con la cabeza, pero había una sonrisa escondida en sus labios —Eres un problema —murmuró aun con los ojos cerrados, sin separarse de mí.
—Eso ya me lo habías dicho.
—Y sigues empeorando.
—No parece que te moleste demasiado, cariño.
Abrió los ojos y me miró con una expresión que intentaba ser amenazante, aunque la cercanía y aquella pequeña sonrisa que todavía conservaba en los labios arruinaban completamente el efecto. Pasé el pulgar por el dorso de su mano y ella no hizo ningún intento por apartarse. Me quedé observándola unos segundos más sintiendo algo cálido y extraño instalarse en el pecho. No era solamente el deseo de besarla. Era querer tenerla cerca, descubrir qué expresión aparecería en su rostro cuando la hiciera sonreír, memorizar la forma en que pronunciaba mi nombre cuando estaba molesta y encontrar todas esas pequeñas grietas que solamente me permitía ver a mí. Y aquello era mucho más peligroso que cualquier beso.
El resto de la mañana transcurrió con una ligereza que no habíamos tenido antes. No era que hubiéramos dejado de trabajar ni que la amenaza hubiera desaparecido; simplemente había algo distinto en la manera en que nos movíamos alrededor del otro. Cuando Xue pasó junto a mí en la cocina apoyé una mano sobre su cintura para dejarla pasar y ella no se apartó. Mis dedos permanecieron allí apenas un segundo más de lo necesario antes de retirarse, pero su mirada bajó hacia mi mano y después volvió a encontrarse con la mía. No dijo nada. Cuando se sentó a mi lado para revisar los informes, nuestras piernas permanecieron juntas debajo de la mesa y en un momento su rodilla rozó la mía. Ninguno se movió. Ella continuó leyendo como si no hubiera ocurrido nada y yo tuve que contener una sonrisa. Poco después mientras esperaba que el café terminara de prepararse, Xue se colocó a mi lado para revisar unos documentos y aproveché la cercanía para inclinarme y dejar un beso rápido en su mejilla. Ella giró el rostro hacia mí con evidente molestia.
—Estás aprovechándote.
—Muchísimo.
—Al menos eres honesto —gruñó mientras rodaba los ojos.
—Contigo intento serlo.
Xue volvió a mirar los documentos, pero antes de que pudiera alejarse tomé suavemente su muñeca. No la detuve con fuerza, solamente lo suficiente para que volviera a mirarme. Me acerqué y esta vez fui yo quien recibió un pequeño beso en la comisura de los labios, apenas rozándola, pero el gesto consiguió dejarme completamente quieto. Ella fue quien se apartó.
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Editado: 21.09.2026