Desperté antes que ella aunque no tuve ninguna prisa por levantarme, principalmente porque Xue seguía dormida a mi lado y después de la noche anterior, no estaba dispuesto a desperdiciar ni un solo segundo de aquella tranquilidad. Permanecí recostado con una mano detrás de la cabeza y la otra descansando sobre su cintura, observándola mientras la luz de la mañana comenzaba a filtrarse por las cortinas y dibujaba lentamente los contornos de su rostro. Su cabello estaba completamente desordenado sobre la almohada, algunas hebras le cubrían la mejilla y tenía los labios ligeramente entreabiertos mientras respiraba con una calma que me hizo sonreír, porque había algo casi ridículo en lo mucho que podía quedarme mirándola sin aburrirme.
Después de todo, era la misma mujer a la que había visto durante meses con el cabello perfectamente arreglado, vestidos impecables, tacones, armas ocultas en partes donde ni siquiera sabía que podrían ocultarse armas y aquella expresión capaz de hacer que cualquier hombre reconsiderara sus decisiones, y ahora estaba ahí, profundamente dormida, completamente ajena al mundo, con una de mis camisas entre las sábanas y una expresión tan tranquila que me costaba reconocer a la heredera de La Puerta de Jade que había visto la primera vez que la vi.
Deslicé los dedos lentamente por su cintura apenas acariciándola para no despertarla y terminé acomodando una de las hebras de cabello detrás de su oreja. Me quedé observando sus facciones durante un largo momento, recorriendo con la mirada aquello que ya había aprendido de memoria: sus cejas, la forma de su nariz, aquel pequeño nuevo lunar que había descubierto hacía poco en la punta de su nariz, sus pestañas y por supuesto, sus labios, los mismos que la noche anterior habían conseguido hacerme olvidar hasta mi propio nombre
Sonreí al recordarlo y negué ligeramente con la cabeza, porque si alguien me hubiera dicho un año atrás que terminaría despertando junto a una mujer que podía abofetearme delante de medio mundo y que mi primera reacción sería querer besarla en lugar de enfadarme, probablemente habría pensado que estaba completamente loco.
Y joder, claro que lo estaba. Pero solamente por ella.
Xue comenzó a moverse ligeramente entre las sábanas y mi atención se concentró inmediatamente en ella, como si cualquier pequeño movimiento suyo fuera suficiente para hacerme olvidar todo lo demás. Abrió los ojos poco a poco todavía adormilada y durante unos segundos simplemente me observó sin decir nada, hasta que finalmente frunció ligeramente el ceño al notar que llevaba quién sabe cuánto tiempo mirándola.
—¿Qué haces?
—Mirándote.
—¿Llevas mucho tiempo haciendo eso?
—Lo de siempre.— murmuré bajito acaricisndo su Mejía con mi pulgar.
Ella soltó un suspiro y volvió a cerrar los ojos acomodándose un poco más cerca de mí, aquella pequeña acción fue suficiente para hacerme sonreír como un idiota. La rodeé con el brazo y apoyé los labios sobre su frente.
—Buenos días, cariño.
—Buenos días —murmuró todavía medio dormida
Me quedé unos segundos en silencio acariciando lentamente su espalda, hasta que ella volvió a abrir los ojos.
—¿Por qué sonríes así?
—Porque estás aquí.
Xue me observó con aquella mirada suya que parecía intentar descubrir si estaba bromeando, pero esta vez no tenía ninguna intención de esconderlo.
—Eres extraño...
—Y tú eres preciosa. Acabamos de despertar después de nuestra primera noche juntos, precisamente, es una excelente hora para recordártelo.
Ella rodó los ojos aunque una pequeña sonrisa apareció en sus labios y yo sentí una satisfacción absurda por haber conseguido arrancársela. Era increíble lo mucho que me gustaban esas pequeñas victorias, aquellas que nadie más habría considerado importantes, pero que para mí se habían convertido en una especie de obsesión: conseguir que Xue sonriera, escucharla reír, verla relajarse, descubrir que ya no se apartaba cuando la abrazaba y saber que poco a poco, aquella mujer que había llegado a mi vida preparada para mantenerme a distancia había comenzado a dejarme entrar.
La observé nuevamente y esta vez el pensamiento apareció sin que pudiera detenerlo.
Estoy completamente perdido.
Por ella.
Y lo peor era que me encantaba, ella era mi diamante en el mar. Mi uno en un millón, ella era mi todo... Yo, a ella, la amaba.
Pasé el pulgar por su mejilla y ella cerró los ojos ante la caricia, dejando escapar un suspiro tranquilo. Me incliné para besarla suavemente y cuando me aparté apenas unos centímetros, nuestras miradas volvieron a encontrarse.
—¿Sabes qué estaba pensando? —pregunté curioso al notar aquella expresión tan concentrada y al mismo tiempo perdida que miraba pocas veces en ella.
—Que soy hermosa— dijo con ese tono coqueto suyo que cada vez me volvía más loco
—Eso lo pienso yo constantemente.— tararee, ella soltó una leve sonrisa mirándome a los ojos, se subió a horcajadas sobre mi quedando completamente encima mío
Acaricie su cintura con mi palma con delicadeza sintiendo la calidez de su piel,
—Yo ya no recuerdo cómo era mi vida antes de ti...— murmuró mirándome a los ojos luego de un largo rato de silencio en esa posición. Xue permaneció callada durante unos segundos mirándome con una expresión que no supe interpretar del todo, hasta que levantó una mano y acomodó distraídamente un mechón de mi cabello que tenía sobre la frente, aún no lo cortaba desde hacía varias semanas por la sobrecarga de trabajo
—Y... quizá eso no sea tan, malo..— agregó en un tono más bajo que antes, aquellas cuatro palabras fueron suficientes para dejarme completamente embobado, tomé su mano y besé suavemente sus dedos sin apartar la mirada de ella.
—No —murmuré—. Definitivamente no lo es —dije con emoción sin poder apartar los ojos de ella y durante unos segundos nos quedamos así, simplemente mirándonos como dos idiotas que habían olvidado que existía un mundo fuera de aquella habitación.
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Editado: 21.09.2026