La noche había caído sobre Manhattan cuando finalmente regresamos al despacho y aunque llevábamos varias horas revisando información por separado, había algo que necesitaba contarle antes de continuar, así que cerré el portátil que tenía frente a mí y me quedé observándola desde el otro lado del escritorio. Xue estaba sentada con una pierna cruzada sobre la otra, el cabello cayéndole sobre uno de los hombros mientras repasaba nuevamente los documentos que Andreas había enviado, completamente concentrada, hasta que levantó la mirada al notar que ya no estaba trabajando.
—¿Qué? —preguntó dejando el informe sobre la mesa.
—Mi padre encontró algo— su expresión cambió inmediatamente, el cansancio desapareció de sus ojos y se inclinó ligeramente hacia delante.
—¿Qué encontró?
Me levanté y llevé hacia ella la carpeta que había traído de casa de mis padres, dejándola frente a sus manos antes de tomar asiento a su lado en lugar de volver a mi lugar. Xue abrió el expediente y comenzó a revisar las fotografías antiguas, los registros de empresas y las rutas marcadas, mientras yo le explicaba todo lo que habíamos descubierto, desde Dimitrios Vardakis hasta las compañías que habían desaparecido para reaparecer años después bajo otros nombres, pasando por Eastern Meridian Holdings, Qilin Pacific Trading y aquella estructura que llevaba mucho más tiempo funcionando de lo que cualquiera de nosotros había imaginado.
—Dimitrios murió hace cuatro años —expliqué mientras señalaba una fotografía—, fue un accidente de tránsito, pero mi padre cree que su red continuó funcionando después de su muerte— Xue pasó el dedo por uno de los documentos, deteniéndose en el nombre.
—Alexandros Vardakis— Xue cerró la carpeta y se quedó pensativa durante unos segundos, después la abrió nuevamente y comenzó a organizar los documentos por fechas junto con todos los que teniamos esparcidos en la mesa —No están atacando nuestras operaciones al azar —murmuró—. Están probando qué tan rápido reaccionamos.
—Eso pensé.
—Primero las rutas, después los compradores, luego los cargamentos...— ella asintió para si misma y tomó un bolígrafo para comenzar a marcar algunos nombres sobre una hoja —Necesitamos reconstruir la red completa, no solamente encontrar a Alexandros —me acerqué un poco más para mirar lo que estaba haciendo.
—Ya le pedí a Andreas que rastree cada empresa desde su creación, incluyendo propietarios, cuentas, intermediarios y cambios de nombre.
—Bien.
—También quiero revisar las conexiones de Malta y Chipre.
—Hazlo —respondió mientras escribía—. Si llevan años reciclando empresas, tiene que existir un patrón financiero.
Trabajamos durante horas pero aquella vez algo había cambiado entre nosotros. Ya no necesitábamos explicar cada pensamiento ni discutir cada decisión, nuestras manos terminaban sobre el mismo documento, nuestros hombros se rozaban cuando alguno se inclinaba para señalar una ruta y de vez en cuando, nuestros ojos se encontraban sobre la mesa y permanecían allí un segundo más de lo necesario. No había nadie observándonos, no había una cena, una reunión ni una cámara frente a nosotros, así que no existía ninguna razón para fingir cercanía y quizá precisamente por eso aquellos pequeños gestos comenzaban a sentirse diferentes.
En algún momento Xue dejó el bolígrafo y se frotó discretamente los ojos.
—Estás cansada —comenté.
—Estoy bien.
—Esa respuesta dejó de convencerme hace semanas.
Ella giró la cabeza hacia mí y me sostuvo la mirada, su expresión se suavizó y después de unos segundos, apoyó la cabeza sobre mi hombro, sonrei y dejé que se acomodara contra mí mientras continuaba leyendo el documento que tenía en las manos aunque mi concentración desapareció por completo. Levanté una mano y aparté lentamente un mechón de su cabello que había quedado entre nosotros, dejando que mis dedos recorrieran con suavidad la curva de su hombro antes de descansar allí. Xue no se apartó, al contrario buscó mi mano y entrelazó sus dedos con los míos, qquello me hizo sonreír.
—¿Qué? —preguntó sin levantar la cabeza.
—Nada, es solo que me gusta cuando haces esto.
—¿Qué cosa?
—Acercarte asi, pegarte a mi lado,— sonrei tiernamente mirandole encantado.
Sentí cómo sus dedos apretaban ligeramente los míos, aunque no respondió. Me incliné y dejé un beso lento sobre su cabello, después otro cerca de su sien y cuando finalmente levantó la cara hacia mí, nuestros rostros quedaron demasiado cerca como para fingir que aquello no estaba ocurriendo realmente. Me acerqué despacio y la besé.
No fue como los besos rápidos que habíamos compartido otras veces, aquellos que podían esconderse detrás de una excusa o atribuirse a la necesidad de aparentar algo frente a los demás. Este fue lento, tranquilo y deliberado, y cuando me aparté apenas unos centímetros, Xue no retrocedió. Sus dedos seguían entrelazados con los míos y su otra mano descansó sobre mi pecho, justo encima del corazón.
Volví a besarla.
Esta vez ella respondió con mayor seguridad, inclinándose ligeramente hacia mí mientras mis dedos se deslizaban desde su mano hasta su cintura, sentí cómo su respiración cambiaba y cómo sus dedos se cerraban suavemente sobre la tela de mi camisa. Cuando nos separamos, nuestras frentes quedaron juntas.
—Esto se está convirtiendo en una costumbre —murmuré.
—Quizá.
La respuesta me hizo sonreír sin poder evitarlo mientras continuaba mis caricias inocentes en su cintura.
—¿Y te molesta?— pregunte, demasiado interesado en la respuesta a decir verdad, Xue negó lentamente con la cabeza.
—No.
Mi pulgar recorrió suavemente su cintura antes de apartarme un poco para dejarle espacio, aunque ella no soltó mi mano, después de aquello intentamos volver a los documentos aunque la concentración ya no era la misma. Xue seguía sentada junto a mí, con nuestras manos todavía unidas sobre su regazo mientras con la otra intentaba leer los informes y de vez en cuando yo sentía el movimiento distraído de su pulgar sobre mis nudillos, como si ella tampoco se diera cuenta de que lo estaba haciendo. Yo tampoco dije nada, simplemente permanecí allí disfrutando de aquella cercanía que ya no necesitaba una excusa para existir, hasta que una pregunta comenzó a instalarse en mi cabeza con una insistencia que me resultó imposible ignorar.
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Editado: 21.09.2026