Veneno

CAPÍTULO 28 - Xue Ning Zhao

Los siguientes días pasaron lentamente. Mi cuerpo comenzaba a responder al tratamiento y aunque todavía no podía caminar demasiado sin sentir aquella molestia profunda en el costado, los médicos ya no parecían preocupados. Las máquinas habían desaparecido poco a poco, los medicamentos eran menos frecuentes y desde que había despertado, podía permanecer sentada durante algunos minutos sin sentir que mi cuerpo protestaba por absolutamente todo. Nikolas en cambio seguía comportándose como si fuera a romperme con solo respirar demasiado cerca de mí. No se separaba prácticamente nunca, dormía en el sillón junto a mi cama cuando conseguía dormir algo y cada vez que un médico entraba para revisarme, él se quedaba a mi lado hasta que terminaban, aunque había algo extraño que había comenzado a notar desde el segundo día: cada vez que los doctores necesitaban hablar sobre mi estado, Nikolas encontraba alguna excusa para salir de la habitación con ellos para hablar de ello sin que yo escuchara.

Al principio no le presté demasiada atención. Pensé que quizá se trataba de algún asunto de la organización ya que era un hospital asociado, pero después ocurrió nuevamente y luego otra vez. Cada vez que el médico terminaba de revisarme, miraba a Nikolas, después a mí y finalmente le pedía que lo acompañara afuera durante unos minutos. Él siempre regresaba con la misma expresión tranquila y una sonrisa que pretendía convencerme de que todo estaba perfectamente bien, pero ya lo conocía demasiado como para creerle.

Aquella tarde estaba sentada en la cama intentando terminar un vaso de agua cuando escuché la puerta abrirse. Nikolas entró con una pequeña bolsa de comida en una mano y una expresión mucho más relajada que durante los primeros días, aunque todavía tenía esas ojeras que no parecían querer desaparecer.

—Te traje algo que puedes comer —dijo mientras dejaba la bolsa sobre la pequeña mesa junto a la ventana y se acercaba a mí—. Y antes de que protestes, sí, le pregunté al médico qué podías comer.

—¿Otra vez preguntando por todo? —murmuré mientras lo observaba acercarse.

—Constantemente —respondió con una sonrisa mientras se inclinaba para besar mi frente—. Es una de mis nuevas profesiones.— solté una pequeña risa dulce y él se sentó a mi lado acomodando cuidadosamente una almohada detrás de mi espalda.

—Nikolas.

—¿Sí?

Lo miré durante unos segundos.

—Quiero preguntarte algo.

Su sonrisa desapareció apenas un poco.

—Eso sonó peligrosamente serio.— intento bromear conmigo mientras acomodaba la mesa para ponerme la comida.

—¿Qué te ha dicho el médico todos estos días?

Se quedó quieto, fue apenas un segundo pero lo conocía demasiado bien para notar aquello.

—Nada que deba preocuparte —respondió mientras intentaba desviar la mirada hacia la comida.

—Nikolas.

—Xue...

—Cada vez que van a hablar de mis resultados te vas —insistí mientras entrecerraba los ojos—. Y cuando regresas actúas como si absolutamente nada hubiera ocurrido.— Él soltó lentamente el aire y se pasó una mano por el cabello antes de volver a mirarme. Durante unos segundos permaneció en silencio, hasta que finalmente tomó mi mano entre las suyas.

—Porque había cosas que necesitaba saber yp antes de decírtelas.

—¿Qué cosas?— mi expresión cambió.

—Los primeros días fueron peligrosos...— Nikolas bajó la mirada hacia nuestras manos y acarició lentamente mis dedos con el pulgar.

—¿Para mí?— dije confundida, eso ya se sabia desde el inicio.

—Para los dos —respondió finalmente levantando los ojos hacia mí—. Y antes de que empieces a pensar lo peor, ahora estás fuera de peligro. Tu recuperación va bien y los médicos están satisfechos con cómo estás respondiendo.

—¿Para los dos? —repetí, porque aquella parte no daba en sentido en mi cabeza, Nikolas guardó silencio —Nikolas... ¿qué significa eso? —Él respiró profundamente y se acercó un poco más a mí.

—Significa que durante estos días hubo algo más que los médicos estuvieron vigilando— lo observé sin entender.

—¿Qué?— murmure confundida, sus dedos se cerraron un poco más alrededor de los míos.

—El embarazo.— dijo con cuidado, sentí que todo mi cuerpo se quedaba completamente inmóvil.

—¿Qué...?

Nikolas tragó saliva.

—Estás embarazada, Xue.

Por unos segundos no escuché absolutamente nada, ni siquiera mi propia respiración solo aquella palabra repitiéndose dentro de mi cabeza.

Embarazada.

Lo miré fijamente intentando encontrar alguna señal de que estaba bromeando, pero no había ninguna. Su rostro estaba completamente serio y sus ojos tenían aquella expresión que había aprendido a reconocer durante los últimos días: miedo mezclado con una ternura que casi nunca permitía mostrar.

—Yo... —mi voz se quebró antes de poder terminar—. ¿Qué?

—Lo descubrimos cuando ingresaste —explicó lentamente mientras sostenía mi mano—. Los médicos hicieron todos los estudios necesarios antes de operarte y encontraron el embarazo, tienes seis semanas apenas...

Bajé la mirada hacia mi abdomen de manera automática, todavía no había ningún cambio visible, nada que pudiera hacerme creer que dentro de mí existía otra vida.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunté finalmente y esta vez mi voz salió mucho más firme, estaba molesta. Nikolas cerró los ojos durante un instante.

—Porque no sabíamos si iba a sobrevivir.— mi respiración se detuvo. —La bala entró demasiado cerca de la zona donde estaba el —continuó con cuidado escogiendo cada palabra—. Los médicos tenían miedo de que el impacto, la hemorragia o la cirugía provocaran que el embarazo se perdiera. Durante los primeros días existió ese riesgo.

Sentí que mi rostro perdía el color.

—¿Y tú lo sabías?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde que saliste de quirfano.—lo miré incrédula.

—¿Y no me dijiste nada?

—No podía— nego lentamente con la cabeza




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