Habían pasado unas horas desde el descubrimiento en Baltimore y todavía podía sentir el peso de la mano de Nikolas alrededor de mi cintura como si aquella promesa silenciosa siguiera ahí incluso después de habernos separado para comenzar con los preparativos. No habíamos vuelto al apartamento para descansar porque nnguno de los dos tenía intención de hacerlo.
La ciudad seguía moviéndose allá afuera, indiferente a todo lo que estaba ocurriendo bajo sus luces, mientras nosotros convertíamos una de las salas privadas del complejo Asteriadis en un centro de operaciones improvisado.
Sobre la mesa principal había mapas impresos de Nueva York, fotografías satelitales, informes de vigilancia, rutas marítimas, registros de empresas, clubes, restaurantes, fotografías de vehículos y carpetas con nombres que llevábamos meses siguiendo. Varias pantallas mostraban imágenes de cámaras de seguridad, movimientos financieros y mapas de Manhattan, Brooklyn, Queens, Staten Island y el Bronx. Nueva York era demasiado grande para buscar a un hombre escondido detrás de una red de empresas que realmente no existían, pero Vardakis acababa de cometer un error: nos había dejado a la vista su patrón.
Yo estaba frente a una de las pantallas todavía con la ropa que había llevado al depósito de Baltimore, mientras Nikolas permanecía al otro lado de la mesa revisando uno de los informes de Andreas. Había cambiado su camisa por una camiseta negra ajustada y llevaba el cabello ligeramente desordenado después de horas de trabajo, pero su expresión había vuelto a ser aquella que conocía demasiado bien: fría, concentrada, peligrosa y tan jodidamente sexy...
A su alrededor cuatro hombres de seguridad entraban y salían de la habitación llevando cajas de equipo mientras Andreas coordinaba las comunicaciones desde una segunda mesa. Había rifles desmontados sobre una superficie metálica, cargadores, chalecos tácticos, auriculares, guantes, linternas y pequeñas bolsas negras con equipo médico. Todo estaba perfectamente organizado.
—Repíteme el recorrido —pedí mientras ampliaba el mapa de Nueva York, Andreas se acercó y señaló tres puntos marcados en rojo
—Baltimore. El antiguo depósito de Manhattan que Vardakis utilizó hace nueve años y un almacén abandonado en Red Hook que perteneció a una empresa relacionada con Eastern Meridian.
—¿Y qué tienen en común?— Nikolas levantó la mirada.
—Los tres estuvieron conectados a compañías de Vardakis en distintos momentos —respondió Andreas—. Pero hay algo más, revisamos los registros de propiedad y encontramos transferencias indirectas. Las empresas desaparecieron, cambiaron de nombre o fueron vendidas, pero los inmuebles permanecieron vinculados a las mismas sociedades intermediarias, el mismo patrón
—No está utilizando las mismas instalaciones— me acerqué a la pantalla y crucé los brazos
—No —dijo Nikolas colocándose a mi lado—. Está utilizando los mismos puntos de acceso que ya conoce y tiene en sus manos
Él tomó un marcador y trazó una línea sobre el mapa, conectando Baltimore con Manhattan y después con Red Hook. Luego señaló otro punto al norte.
—No está escondiéndose en Nueva York —dijo con seguridad— Está utilizando Nueva York como centro de distribución.
Sentí que algo encajaba.
Durante meses habíamos estado mirando las operaciones desde afuera, siguiendo empresas, rutas, cargamentos y nombres falsos tratando de descubrir dónde estaba el hombre que llevaba meses moviendo piezas contra nosotros. Pero quizás habíamos estado buscando el lugar equivocado.
—Entonces no tenemos que encontrar dónde está —dije lentamente—. Tenemos que encontrar dónde recibe la mercancía, como nosotros — Nikolas me miró y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Uno de los hombres dejó sobre la mesa una carpeta gruesa. Andreas la abrió y comenzó a sacar fotografías.
—Encontramos esto hace veinte minutos. Una empresa de almacenamiento llamada Hudson Meridian Warehousing. Legalmente pertenece a una compañía de logística que fue registrada hace once meses. No aparece vinculada directamente con Vardakis.
—¿Y extraoficialmente? —pregunté.
—Tres de sus antiguos empleados trabajaron para compañías de Dimitrios antes de que desaparecieran. El director actual utilizó el mismo abogado corporativo que Eastern Meridian. Además de que los movimientos nocturnos del almacén coinciden con tres de los días en que desaparecieron cargamentos de Jade Gate.
Nikolas tomó una fotografía, me apegue a él para ver la imagen, era un edificio enorme, industrial y gris, rodeado por contenedores y camiones. Nada extraordinario
—¿Dónde está?
—Queens. Cerca de la zona portuaria.
Miré nuevamente el mapa, Queens: puertos, almacenes, rutas marítimas.
El mundo de Nikolas.
—No quiere que lo encontremos —dije con obviedad—. Quiere que pensemos que estamos buscando un hombre escondido.— volteé a ellos —Y mientras nosotros perseguimos sus nombres falsos él mueve las cosas frente a nosotros para seguir jodiendonos.
Nikolas y Andreas se miraron entre ellos, durante unos segundos nadie dijo nada, después miré la fotografía otra vez y sentí aquella presión desagradable instalarse en mi pecho.
« No es miedo » me repetí aquello mentalmente, mire a Nikolas, apreté los puños apenas « es preocupación »
Pero la palabra tampoco terminaba de convencerme porque mientras observaba la imagen de aquel almacén, otra imagen apareció en mi cabeza.
Nikolas herido: la sangre, su cuerpo cayendo, la forma en que había intentado ocultar el dolor, la sensación de mis manos temblando mientras trataba de ayudarlo mientras yo perdía el control por el terror.
Cerré los dedos alrededor del borde de la mesa.
No, no podía volver a verlo herido y mucho menos perderlo.
Aparté la mirada de la fotografía.
—¿Cuántos hombres tenemos disponibles?
—Veintidós dentro del complejo. Otros doce pueden llegar en menos de una hora.— Andreas respondió inmediatamente
#5691 en Novela romántica
#947 en Thriller
matrimonio por contrato y secretos, mentiras tratos contratos mafia, drama convivencia forzada
Editado: 25.09.2026