Veneno

CAPÍTULO 25 — Nikolas Asteriadis

A las dos de la madrugada la ciudad parecía otra. Las calles alrededor de la villa estaban prácticamente vacías, iluminadas únicamente por farolas distantes y por el resplandor intermitente de algunos edificios que todavía permanecían despiertos, mientras una fina neblina se extendía sobre la carretera y hacía que las luces de los vehículos se reflejaran sobre el asfalto húmedo. Los tres vehículos avanzaban sin llamar demasiado la atención, separados entre sí por suficiente distancia para no parecer una caravana aunque cada uno llevaba hombres armados y perfectamente preparados para lo que podía convertirse en una noche de sangre. En el primero viajaban dos miembros del equipo de seguridad, en el segundo íbamos Xue y yo, y el tercero permanecía más atrás con otros hombres preparados para cerrar cualquier posible salida mientras que en nuestros oídos solo se escuchaba la respiración tranquila de quienes aguardaban instrucciones.

La villa apareció finalmente entre los árboles, enorme, silenciosa y completamente aislada del resto de las propiedades de aquella zona. Desde la carretera apenas podía distinguirse una parte de la construcción debido a los altos muros que rodeaban el terreno, coronados por cámaras y sistemas de iluminación que permanecían apagados en algunos sectores, algo que inmediatamente llamó mi atención. Xue también lo notó porque levantó ligeramente una mano, haciendo que nuestro vehículo redujera la velocidad antes de detenerse a cierta distancia de la entrada principal. Durante unos segundos nadie dijo nada y simplemente observamos la propiedad desde el interior del vehículo mientras Andreas transmitía la información a través del auricular.

—Hay movimiento dentro —informó uno de los hombres desde el vehículo delantero, mientras revisaba las imágenes captadas desde una cámara de largo alcance—. Cuatro personas en el ala este, dos en el garaje y otras tres cerca de la entrada trasera.

Xue giró lentamente el rostro hacia mí.

—Demasiados para una casa que supuestamente está vacía.

—Entonces no está vacía —respondí mientras comprobaba el cargador de mi arma y volvía a asegurarla en su funda—. Y eso significa que acertamos.

Ella asintió, abrió la puerta y salió primero ajustándose el chaleco táctico mientras el aire frío de la madrugada golpeaba su rostro. Yo bajé detrás de ella y durante unos segundos nos quedamos observando la villa desde la oscuridad con nuestros hombres desplegándose alrededor del perímetro sin hacer más ruido del necesario. La propiedad tenía un jardín enorme, árboles cuidadosamente podados, una fuente apagada y varios caminos de piedra que conducían hasta la construcción principal, pero había algo extraño en aquella tranquilidad, una tensión invisible que parecía extenderse por todo el terreno.

—Demasiado silencioso —murmuró Xue mientras avanzaba a mi lado.

—Lo sé.

—Eso significa que saben que estamos aquí.

—O que llevan demasiado tiempo esperando que lleguemos— Xue me miró de reojo y apretó ligeramente la mandíbula, pero no respondió. Ambos sabíamos que la segunda posibilidad era mucho peor.

Uno de nuestros hombres levantó dos dedos desde la distancia y señaló hacia el extremo norte del terreno, indicándonos que habían encontrado una entrada secundaria. Xue hizo una seña para dividir al equipo y comenzamos a avanzar entre los árboles aprovechando las sombras para acercarnos a la villa. Cada paso estaba calculado, no porque tuviéramos miedo de enfrentarnos a los hombres que había dentro, sino porque todavía necesitábamos saber cuántos eran y sobre todo dónde estaba Vardakis.

Llegamos hasta una puerta lateral que daba directamente a un corredor de servicio. Uno de los hombres se encargó de abrirla y entramos rápidamente manteniendo las armas levantadas mientras avanzábamos por el pasillo oscuro. La villa por dentro era todavía más impresionante que por fuera, paredes de piedra clara, cuadros antiguos, muebles demasiado elegantes para una casa utilizada como centro de operaciones y una escalera monumental que conducía al segundo piso. Sin embargo detrás de aquella apariencia lujosa había señales que no pertenecían a una residencia normal: cámaras adicionales instaladas en las esquinas, puertas reforzadas, hombres armados vigilando los corredores y una habitación que emitía el tenue brillo de varias pantallas.

Entonces escuchamos el ruido de un golpe seco, después otro.

Xue levantó inmediatamente el arma y yo hice lo mismo, ambos nos movimos hacia el origen del sonido justo cuando un hombre apareció al final del corredor. No tuvo tiempo de reaccionar. Xue avanzó primero golpeándole el brazo para desviar el arma y después giró sobre sí misma utilizando el impulso para golpearlo directamente en el pecho y hacerlo retroceder contra la pared. El hombre intentó recuperar el equilibrio pero ella ya estaba encima de él sujetándole la muñeca y obligándolo a soltar el arma antes de derribarlo con un movimiento rápido.

Otro apareció detrás.

Lo vi antes de que pudiera levantar el arma y me lancé hacia él chocando contra su cuerpo y llevándolo contra una mesa. El hombre intentó golpearme en la mandíbula, pero bloqueé el movimiento con el antebrazo y respondí con un golpe directo al abdomen que le quitó el aire. Aproveché ese segundo para apartar su arma de una patada y lo hice caer al suelo, mientras escuchaba los disparos controlados de nuestros hombres en otras partes de la villa.

—¡Segundo piso! —gritó alguien por el auricular, Xue levantó la mirada hacia la escalera.

—Voy contigo— dije de inmediato, ella me miro de reojo y camino con apuro escaleras arriba.

Subimos rápidamente mientras detrás de nosotros el equipo aseguraba el primer nivel. Los pasos resonaban sobre la madera y las luces del pasillo comenzaron a encenderse una tras otra como si alguien estuviera activando el sistema de seguridad de la casa. Al llegar al segundo piso encontramos a dos hombres esperando detrás de una puerta. Uno disparó primero y la bala impactó contra la pared a centímetros de mi cabeza, pero Xue me empujó hacia un lado y respondió inmediatamente obligándolo a retroceder. El segundo hombre salió de la habitación y se lanzó directamente sobre ella.




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