La reunión terminó mucho después de lo que cualquiera había previsto. Andreas se llevó una parte de los informes para continuar investigando desde el equipo de seguridad y Nikolas permaneció junto a la mesa, revisando una y otra vez las rutas que habían marcado mientras Xue seguía estudiando los documentos de las empresas fantasma. Algo no terminaba de encajarle. Había demasiadas piezas moviéndose al mismo tiempo y cuanto más intentaba unirlas, más claro resultaba que los ataques contra los Asteriadis y los problemas que estaba teniendo la Puerta de Jade no eran situaciones separadas.
—Hay algo que no estamos viendo —murmuró Xue mientras recorría con el dedo una de las rutas señaladas en el mapa—. Están desviando mercancía de los Asteriadis, pero también están interfiriendo con mis operaciones —Nikolas levantó la mirada hacia ella.
—¿Qué clase de interferencia?
—Tratos cancelados, proveedores que dejan de responder, clientes que cambian de intermediario sin ninguna explicación.
—¿Desde cuándo?
—Unas semanas antes del primer incidente con el Thalassa, antes de la boda— Nikolas se quedó pensativo y Xue abrió rápidamente otro archivo en su ordenador. —En las últimas tres semanas perdimos cuatro acuerdos importantes. Uno en Singapur, dos en Hong Kong y otro en Dubái. Los cuatro compradores utilizaron prácticamente la misma excusa.
—¿Cuál?
—Problemas con los permisos, retrasos en las rutas o cambios repentinos en las condiciones del acuerdo.
—¿Y después?
—Después aparecieron nuevos intermediarios ofreciéndoles exactamente lo mismo que nosotros. Nikolas dejó lentamente el documento sobre la mesa.
—Alguien está robándote clientes.
—No solamente clientes —respondió Xue—. Está intentando demostrar que la Puerta de Jade ya no puede garantizar sus propias rutas—Nikolas la observó con atención.
—Quieren hacerte perder credibilidad.
—Sí. Y si lo consiguen, los compradores comenzarán a buscar otras organizaciones. Xue abrió varios registros más y los colocó uno al lado del otro.
—Mira los nombres.* Eastern Meridian Holdings, Qilin Pacific Trading y Golden Harbor Consortium.* Todas comenzaron a aparecer como intermediarias en los negocios que perdimos.
—¿Tienen relación entre ellas?
—No oficialmente. Sus propietarios son diferentes, sus oficinas están en ciudades distintas y utilizan bancos diferentes. Pero hay algo que las conecta.
—¿Qué?— Xue señaló las fechas.
—Todas fueron creadas o adquiridas poco antes de que nuestros clientes cancelaran los contratos.— Nikolas se inclinó sobre la pantalla y examinó la información.
—Y apuesto a que ninguna tiene una actividad real.
—Exactamente. Algunas tienen empleados registrados, pero son personas que aparecen trabajando para otras cinco compañías. Otras tienen almacenes que existen únicamente en papel. Una incluso utiliza como domicilio fiscal un edificio que lleva dos años vacío.— Nikolas dejó escapar una pequeña risa sin humor.
—Tenemos otra colección de empresas fantasma.
—Esta vez no están escondiendo mercancía —dijo Xue—. Están escondiendo compradores.— Aquello hizo que Nikolas dejara de sonreír, Xue continuó pasando los documentos mientras hablaba cada vez más segura de lo que estaba encontrando. —No quieren competir con la Puerta de Jade. Quieren reemplazarla en determinados mercados. Primero interrumpen nuestros acuerdos, después ofrecen una alternativa más barata y cuando el comprador acepta, comienzan a depender de ellos porque la Puerta de Jade no acepta dos veces a los mismos clientes despues de haber roto negociaciones con ellos.
—Una estrategia de sustitución...
—Sí
—¿Y mientras tanto nosotros estamos buscando quién robó una carga? —preguntó Nikolas con evidente molestia.
—No. Estamos buscando quién está intentando quedarse con nuestras rutas.
El silencio que siguió fue diferente, Xue volvió a mirar el mapa y comenzó a señalar los puntos uno por uno. Rusia. Hong Kong. Singapur. Turquía. Grecia. Dubái. Las rutas de los Asteriadis aparecían mezcladas con las conexiones comerciales de la Puerta de Jade de una manera que no parecía casual.
—Están construyendo una red propia utilizando los espacios que nosotros dejamos vacíos —explicó—. Cuando pierdo un comprador, alguien aparece para ocupar su lugar. Cuando ustedes pierden una carga, alguien ya tiene preparada una ruta para moverla. Cuando bloquean una de mis rutas, aparece otra organización ofreciendo el mismo servicio— Nikolas siguió el recorrido con la mirada y después tomó uno de los informes
—Y todo termina pasando por estas empresas...— Nikolas fruncio el ceño
—Porque son las máscaras —respondió Xue—. Las personas que aparecen en los registros no son importantes. Son reemplazables. Lo importante es quién está detrás de todas ellas— Nikolas se quedó pensativo durante unos segundos antes de señalar un nombre en una de las hojas.
—Eastern Meridian Holdings.
—¿Qué pasa con ella?
—Fue mencionada en un informe de mi padre hace unos meses. —Xue levantó inmediatamente la mirada
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—Porque en ese momento parecía irrelevante. Era una empresa pequeña que intentó comprar derechos de almacenamiento en uno de nuestros puertos asociados. Konstantinos rechazó la propuesta sin siquiera revisarla
—¿Y después?
—Después intentaron negociar con una compañía de Malta. También fueron rechazados. Un mes más tarde comenzaron a aparecer como intermediarios en operaciones que antes pasaban directamente por nosotros—Xue tomó el documento de sus manos y lo revisó con mayor atención.
—Entonces no empezaron ahora.
—No, llevan meses intentando entrar y nosotros se lo hemos impedido.
Xue permaneció en silencio pero algo dentro de su cabeza terminó de encajar. No habían elegido sus organizaciones al azar. La Puerta de Jade y el Syndicato Asteriadis controlaban rutas completamente diferentes, tenían contactos distintos y trabajaban con mercados diferentes, pero juntos cubrían una parte considerable de las operaciones que aquel grupo parecía estar intentando absorber. Si conseguían debilitarlos por separado, podrían tomar sus negocios sin necesidad de enfrentarse directamente a ninguno de los dos.
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Editado: 21.09.2026