Veneno

CAPÍTULO 20 - Xue Ning Zhao

Había pasado buena parte de la tarde intentando convencerme de que la conversación con mis hermanas no había cambiado absolutamente nada, que la palabra "enamorada" había sido solamente una provocación de Jingfei y que no tenía sentido darle más vueltas, así que terminé haciendo lo único que siempre conseguía mantener mi cabeza ocupada, trabajar. Para cuando llegó la tarde ya había revisado suficientes documentos como para no querer ver otro informe durante el resto del día (o incluso de la semana), por eso terminé en la cocina, con las mangas de mi blusa ligeramente recogidas y las manos bajo el agua mientras lavaba los platos que había dejado después de almorzar, concentrada en algo tan sencillo que ni siquiera necesitaba pensar demasiado en ello. El apartamento estaba tranquilo y aunque intentaba convencerme de que disfrutaba aquella paz, había una parte de mí que llevaba horas esperando escuchar el sonido de la puerta.

Cuando finalmente escuché la cerradura moverse, levanté la cabeza de inmediato.

El agua continuó corriendo unos segundos antes de que cerrara el grifo, me sequé rápidamente las manos con el paño que tenía junto al fregadero y salí de la cocina casi por instinto sin siquiera detenerme a pensar por qué había reaccionado tan rápido. Llegué al recibidor justo cuando la puerta terminaba de abrirse y ahí estaba Nikolas, entrando con una mano ocupada por una pequeña caja blanca y la otra sosteniendo un enorme ramo de flores envuelto en papel, con una cinta de color horrendo rodeando los tallos. Mi pecho se calentó inmediatamente y junto con aquella sensación, llegó un alivio tan intenso que me pareció completamente injustificable, como si durante todas aquellas horas hubiera estado esperando verlo aparecer para comprobar con mis propios ojos que estaba bien y que seguia en una sola pieza.

"Estoy enamorada de este hombre." El pensamiento apareció sin pedir permiso, me quedé quieta "¿Estoy enamorada de este? "

¿Del hombre que podía irritarme hasta hacerme considerar seriamente lanzarlo por una ventana? ¿que hablaba demasiado, sonreía en los momentos menos apropiados y parecía disfrutar de mi paciencia como si fuera un deporte personal? ¿Del mismo hombre que había recibido una herida por protegerme?, ¿que me había preparado el desayuno antes de salir y que ahora estaba entrando en nuestra casa con un ramo de flores en una mano y un postre en la otra como si aquello fuera lo más normal del mundo?

Lo peor era que al verlo frente a mí, no sentía ganas de cuestionarlo, solo quería acercarme. Nikolas cerró la puerta detrás de él y apenas levantó la mirada sus ojos encontraron los míos. Su expresión cambió inmediatamente, esa sonrisa relajada apareció en sus labios mientras avanzaba hacia mí con el ramo.

—Hola, —saludó con aquella voz tranquila que ya empezaba a reconocer incluso antes de verlo.

—Hola —respondí y odié un poco que mi voz sonara más suave de lo habitual.

Sus ojos recorrieron mi rostro durante unos segundos, como si estuviera comprobando que realmente estaba bien y después levantó ligeramente el ramo entre nosotros.

—Pasé por una pastelería y recordé que te gusta el chocolate amargo, así que traje esto —dijo señalando la caja antes de volver su atención hacia las flores—, pero después vi la floristería de enfrente y tuve un pequeño problema.

—¿Un problema?

—Sí. —Se acercó un poco más sosteniendo el ramo con ambas manos mientras inclinaba ligeramente la cabeza—. Resulta que mi esposa es demasiado bonita como para que yo vuelva a casa únicamente con un postre— parpadeé.

Ahí estaba, Nikolas...

No podía simplemente entregar unas flores, tenía que convertirlo en una escena.

—Eres ridículo —murmuré aunque mis ojos ya habían bajado hacia el ramo.

—Lo sé, pero al menos soy un ridículo atento a su esposa.

Me entregó las flores con una naturalidad que casi consiguió hacerme olvidar lo nerviosa que me había puesto y cuando las tomé entre mis manos el aroma fresco volvió a envolverme, el perfume suave de las rosas mezclándose con el olor verde de los tallos y las hojas, mientras los tonos crema, coral, naranja, amarillo, rosa y azul llenaban mi campo de visión. Era un ramo enorme, imperfecto y alegre, con las rosas crema abiertas entre las coral y anaranjadas, otras color melocotón y amarillas sobresaliendo entre pequeñas flores blancas, unos que si reconoci como claveles en tono rosados, las flores azules contrastando con todos aquellos colores cálidos y los tulipanes amarillos todavía cerrados elevándose por encima del resto.

—Son bonitas —dije pasando suavemente un dedo por uno de los pétalos de una rosa crema.

—Lo sé— murmuro bajo con un tono que parecia casi reverente, levanté la mirada.

—¿Lo sabes?

—Sí..

—Qué modesto.

—No hablaba de las flores— corrigio con una sonrisa, me quedé mirándolo. Él sonrió con esa expresión de absoluta satisfacción que me hacía querer golpearlo y ahora besarlo al mismo tiempo.

Definitivamente estoy enamorada de este hombre.

Aparté la mirada antes de que pudiera leerme la cara.

—¿Y el postre? —pregunté extendiendo una mano hacia la caja.

—Ah, eso es importante. —La levantó ligeramente antes de entregármela—. Lo compré específicamente para ti, así que espero una reacción proporcional al esfuerzo que hice.

—¿Quieres que te dé las gracias?

—Quiero que admitas que soy maravilloso.

—Eso no va a suceder.

—Podríamos negociar.

—No.

Se rio suavemente y se quitó el saco mientras yo sostenía el ramo contra mi pecho, intentando decidir dónde ponerlo antes de que él pudiera verme demasiado tiempo. Nikolas dejó su chaqueta sobre una silla y se acercó nuevamente, inclinándose ligeramente hacia las flores.

—¿Te gustan?

La pregunta salió diferente, sin bromas, sin ese tono jugueton que usaba cada vez que queria ver hasta donde podia presionar mis botones antes de que lo lanzara contra algun muro para romperle la cabeza. Lo miré unos segundos y entonces asentí.




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