Desperté lentamente todavía envuelta en el calor de las sábanas,ç y durante unos segundos no hice más que permanecer quieta, con los ojos cerrados y la respiración tranquila, hasta que moví una mano hacia el otro lado de la cama buscando de manera inconsciente el cuerpo que normalmente encontraba allí. Mis dedos solo encontraron la tela fría, arrugada y ligeramente hundida de su almohada, así que abrí los ojos y giré la cabeza hacia el espacio vacío que había dejado Nikolas. Me quedé mirándolo un momento todavía adormilada y entonces reparé en la bandeja que descansaba sobre la mesa de noche. Me incorporé despacio, acomodándome el cabello detrás de la oreja mientras acercaba la charola hacia mí, fue entonces cuando vi el café, las tostadas, la fruta cortada y los huevos, todo preparado con una atención que no esperaba de él a esas horas de la mañana. Debajo de la taza había una pequeña nota doblada por la mitad, así que la tomé entre los dedos y la abrí.
"No te saltes el desayuno. Volveré en cuanto termine" Debajo había otra línea que parecia agregada a ultimo momento antes de irse "Y no empieces a trabajar antes de comer"
Mis labios se curvaron apenas.
—Idiota —murmure dejando escapar una pequeña respiración que se pareció demasiado a una risa.
Volví a leer la nota mientras sostenía la taza de café con la otra mano y algo cálido se acomodó lentamente en mi pecho, una sensación tranquila, agradable, casi doméstica, tan ajena a mí que durante unos segundos simplemente la dejé estar. Nikolas había salido temprano probablemente antes de que siquiera me moviera entre las sábanas y aun así había pensado en dejarme algo para desayunar. No tenía porqué hacerlo, no formaba parte de nuestro acuerdo y tampoco era una de las cosas que cualquiera de nuestras familias esperaría de él, sin embargo había preparado mi café, había cocinado algo y había dejado instrucciones escritas como si realmente le importara que yo comiera antes de encerrarme durante horas con informes y llamadas.
Doblé la nota cuidadosamente y después de pensarlo unos segundos, la guardé en el cajón de mi mesa de noche, ese lado que él no tocaba ni por accidente, no sabía por qué y tampoco quería preguntármelo.
Terminé desayunando todo, incluso aquello que inicialmente había pensado dejar, y cuando regresé al despacho llevaba conmigo una taza de café recién preparada y la expresión tranquila que todos conocían, la misma que me permitía sentarme frente a cualquier hombre, escuchar sus amenazas y decidir con absoluta calma cuál sería la mejor manera de arruinarle la vida. Abrí uno de los informes pendientes, revisé algunos números, marqué un par de nombres y avancé varias páginas antes de que mi teléfono vibrara sobre el escritorio.
Miré la pantalla.
Jingfei.
Contesté mientras seguía revisando el documento.
—¿Qué quieres?
—Buenos días para ti también —respondió Jingfei y pude escuchar la sonrisa en su voz—. Qué agradable despertar y escuchar la voz de mi hermana favorita— dijo en tono meloso y tierno, suspire sonriendo, negué con la cabeza mientras pasaba una página.
—Habla.
—Está de mal humor —comentó Jingfei, aparentemente dirigiéndose a alguien más.
—Siempre está de mal humor —respondió Qiao al otro lado de la linea en tono de burla.
—Puedo escucharlas— fingi quejarme mientras contenia mi sonrisa, dejé el bolígrafo sobre el escritorio y me recliné en la silla —¿Por qué me llamaron?
—Queríamos saber cómo estabas —explicó Jingfei—. Después de lo que pasó con Nikolas en la carretera y eso— mi expresión cambió apenas.
—Estoy bien. Él también.
—¿Cómo está realmente el idiota?— dijo en tono de burla,
—Jingfei.
—¿Qué? Es una pregunta perfecta— replico
—Está bien —repetí mientras acomodaba algunos documentos frente a mí—. La herida ha sanado bien— dije sin más
—Entonces sigue siendo un idiota con buena salud —comentó Qiao divertida.
—No es un idiota— la respuesta salió demasiado rápido, me quedé quieta sorprendida por mis palabras, del otro lado de la llamada no se escuchó absolutamente nada durante un par de segundos. Jingfei soltó una carcajada— ¿qué?— me queje al escuchar su carcajada,
—Acabas de defender a tu marido.
—No lo defendí.
—Dijiste que no era un idiota.
—Porque no lo es— murmure, Qiao se rio suavemente.
—Xue, acabas de pasar de «Nikolas Asteriadis es un hombre insoportable» a «Nikolas Asteriadis no es un idiota» con una facilidad preocupante, no llevan ni un año, ¿cuanto? ¿cinco meses y medio?— tomé el bolígrafo otra vez y comencé a girarlo entre mis dedos.
—Es una persona bastante competente cuando deja de comportarse como un imbécil.— defendi tratando de mantener sus comentarios a raya
—Eso no ayudó —dijo Jingfei inmediatamente con tono jugueton.
—¿Qué no ayudó?
—Que acabas de justificarlo.
—No estoy justificando nada.
—Claro que sí —intervino Qiao, y pude imaginar perfectamente su expresión porque conocía demasiado bien ese tono— ¿También vas a decirnos que sabe cocinar?
Miré de manera involuntaria hacia la puerta del despacho, después hacia mi teléfono.
—Sabe preparar algunas cosas, supongo...— pense en voz alta, con ella realmente no podia controlarme la lengua, el silencio que siguió fue todavía peor y cerré los ojos esperando la bomba que iban a soltarme mis hermanas luego.
—No me digas...— Jingfei prácticamente gritó al otro lado —¡¿TE HA COCINADO ALGO?!
—Baja la voz.— me queje, agradeciendo infinitamente no tenerlo pegado a la oreja el movil,
—¡Qiao, le cocino algo!
—Ya escuché— se unio ella entre risas , ligeros aplausos se escucharon al fondo
—¡Y lo está defendiendo, esta jodida, nuestra hermana no va a volver a casa!
—No estoy defendiendo a nadie —respondí aunque ya podía sentir el calor subiéndome ligeramente por las mejillas, Qiao soltó una risa.
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Editado: 21.09.2026