La noche llegó con una tranquilidad extraña después de tantos días en los que cada ruido parecía esconder una amenaza. Nikolas ya podía moverse con mayor facilidad y el dolor de su hombro había disminuido lo suficiente como para permitirle dormir sin demasiadas molestias, aunque todavía debía evitar ciertos movimientos. Xue se encontraba acostada a su lado de espaldas a él, manteniendo la distancia prudente que habían conservado desde que comenzaron a compartir aquella habitación. Sin embargo aquella noche ninguno parecía tener demasiadas ganas de respetarla, Nikolas se había acercado poco a poco durante los minutos anteriores, fingiendo buscar una posición más cómoda, hasta que su pecho terminó apoyado contra la espalda de ella y uno de sus brazos quedó descansando alrededor de su cintura. Xue permaneció completamente quieta. No lo apartó pero tampoco hizo ningún movimiento que pudiera delatar que estaba despierta. Cerró los ojos y respiró con calma fingiendo dormir, mientras Nikolas hacía exactamente lo mismo detrás de ella. Ninguno quería ser el primero en moverse.
Pasaron varios minutos en aquel silencio tibio hasta que Xue, creyendo que él realmente se había quedado dormido, acomodó ligeramente la cabeza sobre la almohada y terminó apoyándose contra su pecho, el movimiento hizo que el brazo de Nikolas se ajustara un poco más alrededor de su cintura, sus dedos se movieron torpemente sobre la tela de su pijama, apenas una caricia distraída en su costado como si estuviera comprobando que seguía allí. Xue abrió los ojos durante un segundo, pero al sentir que él no parecía dispuesto a apartarse volvió a cerrarlos.
Después de unos instantes su propia mano buscó la de él y terminó entrelazando sus dedos con los suyos. Fue un gesto pequeño, casi inconsciente, pero ninguno de los dos lo deshizo. Nikolas dejó escapar una respiración tranquila junto a su cabello y Xue sintió cómo una sonrisa pequeña se formaba en sus labios. No sabía cuánto tiempo llevaban así ni quién había comenzado aquello pero ambos parecían demasiado cómodos para querer terminarlo. De vez en cuando alguno cambiaba ligeramente de posición, sus rodillas se rozaban, una mano encontraba accidentalmente el brazo del otro o los dedos se deslizaban con torpeza por una mejilla, un cabello rebelde o el hombro sano de Nikolas. Eran caricias inocentes, torpes, casi infantiles, pero ninguno parecía dispuesto a reconocer cuánto le gustaban.
Xue estaba empezando a quedarse dormida realmente cuando un estruendo hizo temblar la puerta de la habitación.
—¡Nikolas!
La voz de Andreas llegó acompañada de otro golpe tan fuerte que Xue se incorporó de inmediato. Nikolas también despertó sobresaltado y por el movimiento brusco, ambos terminaron acercándose en lugar de separarse. Sus rostros quedaron a escasos centímetros y antes de que cualquiera pudiera reaccionar, el siguiente golpe contra la puerta hizo que Xue girara instintivamente la cabeza. Sus labios rozaron los de Nikolas durante apenas un segundo. Fue un contacto tan breve que ninguno tuvo tiempo de procesarlo, pero ambos quedaron completamente inmóviles.
—¡Asteriadis, abre la maldita puerta! —gritó Andreas desde el otro lado.
Xue se apartó de golpe, llevándose una mano a los labios. Nikolas hizo exactamente lo mismo mirándola con los ojos completamente abiertos.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó él.
—Fue un accidente. Asi que deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
—¡No lo sé!
Otro golpe sacudió la puerta.
—¡Nikolas! ¡Tenemos un problema!
Los dos volvieron la mirada hacia ella, pero durante un instante ninguno parecía recordar siquiera que Andreas estaba al otro lado. Xue sentía el corazón golpeándole con una fuerza absurda contra el pecho y no entendía por qué aquel roce insignificante había conseguido alterarla de semejante manera. Había recibido amenazas, había estado bajo fuego, había visto sangre, había tenido una bala pasar demasiado cerca y nada de aquello había conseguido desordenar sus pensamientos como un simple roce de labios. Lo peor era que Nikolas parecía encontrarse exactamente en el mismo estado.
—No significa nada —murmuró Xue tratando de convencerse asi misma—No.
—Xue...
—No.
Nikolas soltó una respiración frustrada y se pasó una mano por el cabello.
—Entonces ¿por qué estás roja?— acuso señalandola, ella lo miró con una mezcla de indignación y desconcierto.
—Porque acabas de besarme.
—Tú me besaste a mí.
—¡Fue un accidente!— ninguno parecía convencido, Andreas volvió a golpear la puerta.
—¡Si no abren en cinco segundos voy a entrar!
Nikolas finalmente se levantó de la cama y Xue se aparto de él por instinto todavía intentando recuperar la compostura. Sin embargo mientras él caminaba hacia la puerta, ella no pudo evitar tocarse nuevamente los labios. La sensación seguía allí, aunque había durado apenas un instante y aquello la irritó más de lo que debería. No podía entender por qué un gesto tan insignificante había despertado algo tan intenso en su pecho, algo que no quería nombrar porque hacerlo significaría admitir que Nikolas Asteriadis comenzaba a ocupar un lugar demasiado peligroso dentro de su cabeza.
La puerta se abrió finalmente y Andreas entró con el rostro serio, ignorando por completo la expresión extrañamente tensa de ambos.
—Atacaron otra vez— la habitación quedó en silencio.
—¿Dónde? —preguntó Nikolas inmediatamente.
—Rusia. Una de las cargas que estaba llegando al almacén fue interceptada antes de entrar, se llevaron todo.— Xue dejó de pensar en el beso y su expresión cambió por completo.
—¿Toda la carga?
—Toda— Nikolas tomó rápidamente la chaqueta mientras Andreas continuaba hablando —Nuestros hombres sobrevivieron, pero los sorprendieron antes de que pudieran reaccionar. No fue un robo improvisado. Sabían exactamente qué vehículo esperar, qué ruta tomar y cuánto tiempo tenían antes de que llegaran los refuerzos.
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Editado: 21.09.2026