Todo lo que ocurrió después pareció suceder demasiado rápido y al mismo tiempo, durar una eternidad. Nikolas salió de la villa con Xue entre sus brazos mientras varios hombres de seguridad corrían delante de él despejando el camino hacia los vehículos, pero apenas era consciente de lo que ocurría a su alrededor; solo podía verla a ella demasiado pálida entre sus brazos, con el cabello pegándosele al rostro y la respiración cada vez más débil mientras la sangre continuaba extendiéndose por su ropa. Una de sus manos presionaba con fuerza la herida intentando detener la hemorragia, mientras con la otra sostenía su cabeza contra su pecho como si mantenerla cerca pudiera impedir que se le escapara entre los dedos.
—¡Médico! ¡Necesitamos al médico ahora! —ordenó uno de los hombres mientras abrían la puerta del vehículo, pero Nikolas ya estaba entrando con ella antes de que terminaran de despejarle el asiento.
—¡Muévanse! —rugió mientras acomodaba a Xue sobre sus piernas y volvía a presionar la herida—. ¡Al hospital, ahora!
El vehículo arrancó con tanta fuerza que varios de los hombres tuvieron que sujetarse de los asientos y detrás de ellos los otros coches comenzaron a seguirlos a toda velocidad. Las luces de la ciudad se convirtieron en manchas borrosas detrás de las ventanas mientras el conductor tomaba las avenidas más rápidas hacia el hospital asociado a su organizacion, pero para Nikolas cada segundo parecía avanzar con una lentitud insoportable. Miró el rostro de Xue y sintió que algo dentro de su pecho se quebraba al verla cerrar los ojos.
—No —murmuró inmediatamente, inclinándose hacia ella—. No, no, mírame...—Xue no respondió —Xue —repitió acariciándole la mejilla con los dedos manchados de sangre—. Abre los ojos, cariño. Vamos, mírame, mi amor, m´rame.
Sus pestañas temblaron ligeramente y finalmente sus ojos se abrieron apenas, desenfocados, buscando su rostro.
—Nikolas...— aquella voz apenas fue un susurro y aun así consiguió atravesarlo por completo.
—Estoy aquí —respondió inmediatamente acercándose más a ella mientras mantenía la presión sobre la herida—. Estoy aquí contigo.
Ella intentó moverse pero el dolor la hizo tensarse y un pequeño quejido escapó de sus labios. Nikolas apretó la mandíbula y volvió a acomodarla contra su pecho procurando que no hiciera ningún movimiento innecesario.
—No te muevas, amor. Solo quédate conmigo.
—¿Vardakis...? —preguntó ella con dificultad.
—Lo tenemos —contestó él sin apartar los ojos de su rostro—. Está vivo. Los hombres se encargaron de él. Tú no tienes que preocuparte por nada más.— Xue cerró nuevamente los ojos y Nikolas sintió cómo el miedo volvía a apretarle el pecho.
—No te duermas...— suplico— no te duermas, por favor mi amor, no lo hagas, no te atrevas.
Ella respiró lentamente con una pequeña sonrisa como si nada.
—Estoy cansada...
—Lo sé, pero no puedes dormir todavía —dijo mientras le acariciaba el cabello, intentando mantener la voz firme aunque por dentro estuviera completamente destrozado—. Puedes descansar cuando lleguemos. Puedes dormir todo lo que quieras después, pero ahora quédate conmigo.
Uno de los hombres sentado frente a ellos miró hacia la herida y después al reloj.
—Faltan cuatro minutos.
Nikolas levantó la mirada con una expresión que hizo que el hombre tragara saliva.
—Nos quedan menos.
El conductor aceleró nuevamente.
La sangre seguía escapándose entre los dedos de Nikolas y él cambiaba la presión cada vez que sentía que el vendaje improvisado comenzaba a empaparse, pero nada parecía suficiente. El color del rostro de Xue había cambiado demasiado durante aquellos minutos; aquella piel que normalmente tenía un tono cálido estaba adquiriendo una palidez que le resultaba insoportable de contemplar.
—Vamos, Xue —susurró mientras inclinaba la frente contra la de ella—. No me hagas esto.
Ella volvió a abrir los ojos lentamente como si intentara decir algo pero nada salio de sus labios, Nikolas cerró los ojos durante un segundo, estaba perdiendo demasiada sangre entre sus brazos.
—Sí —murmuró con la voz quebrándose—. Y vas a volver a hacerlo. Vas a volver conmigo a casa
—Eres... muy mandón— Xue intentó sonreír, pero apenas consiguió mover los labios, una risa rota escapó de Nikolas.
—Y tú eres terca.— ella volvió a cerrar los ojos — ¿Xue?— no hubo respuesta —Xue...— sollozo mirandole aterrado, el hombre frente a ellos comprobó rápidamente sus signos y levantó la mirada.
— Su pulso está muy débil.
Nikolas volvió a mirarla, sintiendo cómo el terror se convertía en una especie de desesperación asfixiante. Le acarició el rostro con el dorso de los dedos y continuó hablándole aunque no estuviera seguro de cuánto podía escuchar.
—¿Recuerdas lo que me dijiste esta mañana? —susurró con voz ahogada— Que ya no recordabas cómo era tu vida antes de mí...— la garganta se le cerró —Pues yo tampoco recuerdo la mía sin ti, así que no tienes permitido irte ahora. Te lo ruego mi amor, no me dejes..
Las luces blancas del hospital aparecieron finalmente al fondo de la avenida y el vehículo frenó frente a la entrada privada. Antes incluso de detenerse por completo las puertas ya estaban abiertas y un equipo médico esperaba con una camilla preparada. Nikolas salió con Xue entre los brazos, negándose a soltarla hasta que los médicos estuvieron junto a él.
—Herida por arma de fuego —informó uno de los médicos mientras examinaba rápidamente la lesión—. Pérdida importante de sangre. Necesitamos llevarla dentro inmediatamente.
—Voy con ella.
—Señor, tiene que apartarse.— Nikolas no respondió, sus ojos permanecían clavados en Xue mientras los médicos la colocaban sobre la camilla y comenzaban a moverla hacia las puertas de emergencia. Solo soltó su mano cuando una enfermera tuvo que separarlo para poder continuar con la atención.
—Nikolas...
La voz de Xue fue apenas audible mientras mantenia los ojos cerrados, noto como una lagrima se deslizaba por su ojo y sintio como si el alma se le salia del cuerpo, la llevaron en la camilla adentro,
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Editado: 25.09.2026