Cassian, Mi Alfa Destinado

En Duda La Confianza

Capítulo 23

Isis Ivanov de Stone

Se siente emocionante manejar el auto a tu antojo sin estar recibiendo ayuda ni indicaciones de nadie, es como tomar el volante de tu propia vida y poder escoger a dónde dirigirla, ojalá fuera tan fácil. Estas últimas semanas Cassian se ha encargado personalmente de enseñarme a manejar uno de sus autos luego de habérselo pedido millones de veces, no estoy inconforme con que el señor Luis vaya a recogerme, de hecho me he logrado acostumbrar a ello, pero con la búsqueda de nuevos tratamientos y ayudas para mamá me es más satisfactorio movilizarme por mi cuenta, además me gusta aprender cosas nuevas cada día. El carro se mueve a donde el volante gire y detrás del volante me encuentro yo, tratando de recordar en cuál calle tenía que girar hacia la derecha y reprochándome por no recordarlo, giré en una calle que se me hacía familiar y al fin logré llegar a donde quería. Tal cómo me enseñó mi querido Cassian, me estacioné con cuidado y toqué la bocina esperando a que mi invitada estrella saliera.

La mencionada se asomó por una de las ventanas de la casa viendo hacia el auto con desconfianza absoluta, sabía que desde que se mudó aquí ella no quería que nadie la viera viviendo en esas condiciones así que se aseguraba de ser lo más “invisible” posible ante sus nuevos vecinos. Bajé la ventana de mi auto para asegurarle que fuera yo y eso basto para que de forma rápida saliera de la casa y se subiera al auto acomodándose en el asiento de copiloto. Arranqué el auto luego de fijarme en lo que llevaba puesto, unos lentes de sol tan grandes que cubrían la mitad de su rostro, una camisa blanca y unos pantalones sencillos que eran tapados por el abrigo largo que lleva puesto.

-A qué lugar extraño me llevaras?-preguntó mi madre con desagrado.

-No es un lugar extraño, es un hospital clínico especializado en maternidad y ginecología.

-Y que haría una humana como yo en un lugar como ese? Hoy en día todas las instituciones atienden solo a cambiaformas, no veo porque harían una excepción por mí.

-Porque hay un doctor que te puede ayudar con lo que necesitamos, el doctor Julian Wells es un especialista en ginecología oncológica que solo atiende a humanos. Puede llevar el seguimiento tanto de tu embarazo como de tu enfermedad y buscar una solución a todo.

-Sigues insistiendo en esa tontería. Solo te haces más daño tu misma por algo que no tiene solución.

Mis manos se apretaron ligeramente sobre el volante tratando de mantener el control, no debería dejar que la rabia y tristeza exploten dentro de mí pero sus palabras son de cansancio y resignación absoluta. Ella no quiere ser ayudada porque piensa que su muerte ya está escrita y que de esta manera pagará todo lo que ha hecho en vida, pero lo que no ve es que la mejor manera de limpiar sus errores es quedándose aquí con nosotros como la familia que fuímos, con papá, Itris, Emily y yo. Quiero que mamá siga viva para que podamos estar unidos como debemos.

Pero qué se supone que haga si ella no se deja ayudar?

Solo me recuerda a cuando hace dos semanas le comenté que estaban alquilando una casa cómoda y lo suficientemente espaciosa para ella para que no tuviera que seguir viviendo con su amiga, incluso me aseguré de comentarle que si aceptaba yo podría pagarle el alquiler de la misma y todo lo que recibí fue un “NO”. Tuve que insistirle muchos días hasta que finalmente acepto y es ahora donde está viviendo por los momentos.

Miré de reojo su silueta y su rostro estaba girado hacia la ventana con sus ojos perdidos en el paisaje que se encuentra afuera conforme el auto seguía avanzando a través de las calles, su mano acariciaba distraídamente su pancita que ya comenzaba a notarse considerablemente bajo su camisa. Devolví mi vista al camino tratando de concentrarme pero cada vez costaba más, mi mente no puede dejar de pensar en esa criatura y en el destino que le espera, si mi madre logra curarse de su enfermedad lo más probable es que quede con secuelas o con un cuerpo tan débil como para cuidar de un bebé y de todo lo que implica, ciertamente a veces la luna es tan incierta que da miedo saber que pasará mañana pero también es sabia.

Al llegar al hospital dejé el auto en el estacionamiento y ayude a mamá a bajarse del mismo y caminar hasta la sala de espera en donde seguro nos tendrían unos cuantos minutos hasta que sea nuestro turno. Mi madre se sentó pesadamente sobre una de las sillas dejando salir un suspiro de agotamiento, su embarazo la hace caminar más lento y generarle más cansancio a lo largo de día sin contar los otros millones de síntomas. Una vez que vi a mamá cómoda en su asiento quise caminar un poco por la sala, habían algunas pacientes omegas en estado de embarazo con sus respectivos alfas pero habían muchas más pacientes humanas en busca de llevar el control de su embarazo, lo que me hace preguntarme si realmente ser una humana embarazada en un mundo adaptado a los cambiaformas se ha vuelto tan difícil.

-Paciente Irina Ivanov, pase por el consultorio del Dr. Wells-se escuchó a través de los altavoces.

De nuevo ayude a mamá a levantarse y seguimos a una enfermera que nos indicó que entráramos al consultorio de puerta rosada. Al entrar el contraste se sintió de inmediato, dejamos atrás la urgencia y el paso rápido del hospital para dar pie a un bálsamo silencioso y pacifico en todos los sentidos. La luz natural que entraba desde la ventana bañaba el lugar con un resplandor suave y cálido, las paredes estaban cubiertas de un blanco cremoso con algunos cuadros en ellas, el aire no olía a desinfectante ni hospital, sino a sándalo y té blanco. Detrás del escritorio de madera perfectamente ordenado se encontraba el Dr. Wells el cual nos estrechó la mano a las dos con una sonrisa cálida en su rostro antes de que tomáramos asiento, de cerca se notaba más su piel morena clara, su cabello con algunas canas ya visibles y sus lentes y bata pulcra dándole un gran porte y elegancia.




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