Capítulo 25
Itris Ivanov
Las últimas semanas dormir a Emily se ha vuelto todo un desafío y esta noche no fue la excepción, sus pequeños dientes de leche están comenzando a brotarle de su encía provocándole comezón y muchas ganas de llorar. Siempre me he considerado una madre amorosa y dedicada absolutamente a su pequeña, por lo que verla sufrir de esta manera termina también haciéndome sufrir a mí a pesar de que me repita una y otra vez que este es un proceso normal por el que pasan todos los bebés cambiaformas. Luego de haberle dado su biberón y de haberla arrullado por varios minutos entre mis brazos el sueño termino venciéndola dejándola tiernamente acurrucada contra mi pecho, la deposité suavemente en medio de la cama y me aseguré de colocar algunas almohadas a su alrededor en una especie de nido. Acaricié su cabello por unos segundos más y luego salí de la habitación en dónde nos estábamos quedando estos días, solo espero que el cambio de sitio no le afecte a mi hija.
Caminé hasta la sala de la lujosa mansión y me senté en el sofá que se encontraba en medio de la misma justo al frente del televisor, en este momento no me apetecía ver canales de noticias ni nada que se le pareciera, nunca fui de esas, prefiero tomar el libro que estaba leyendo hace unos minutos antes de que Emily comenzara a llorar y retomarlo en la página 32. Siempre fui una fanática de los libros románticos e incluso recuerdo que en mi adolescencia tenía montones de libros en mi habitación que compraba y no me cansaba de leer una y otra vez. Posé mis ojos en la primera línea de la página la cual no he podido dejar de repetir en mi mente desde la primera vez que la leí.
“Mi estimada dama, si yo fuera el único dueño de su infinita belleza le aseguro que me volvería ateo, ya que no tendría nada más que pedirle a Dios. Sería capaz de ir hasta la luna y las rincones más profundos de cada planeta solo para expresarle al ser más supremo cuanto la amo y lo pequeño que es el universo en comparación de lo que siento por usted”.
Si, como no.
Cerré de golpe el libro incapaz de seguir leyendo una línea más, no era solo la incredulidad que por si sola me provocaba cualquier idea del amor sino también la presión en mi pecho que se asentaba cada que retomaba una historia romántica, el mero hecho de ver como los protagonistas lograban estar juntos luego de haber enfrentado tantos desafíos mientras que yo terminé sola y abandonada, definitivamente mi vida amorosa estuvo lejos de parecerse a la que me decían los cuentos de hadas. Aunque ciertamente sigo preguntándome una y otra vez si algún día encontraré a mi compañero predestinado, cómo si la respuesta estuviera dentro de mi o como si me quisiera autoconvencer de que si cuando quizás no, no tengo intenciones de verme como una adolescente desesperada por vivir su romance pero tampoco quiero pasar el resto de mi vida en soledad con Emily y cinco gatos, aunque la idea no suena tan mal. Sé que tengo una buena vida a pesar de las dificultades que pasé en algún momento, un buen trabajo, una hermana y padre que me apoyan, una preciosa bebé y salud.
Pero realmente hay algo allá afuera que me esté esperando?
O alguien…
Dejé el libro sobre la pequeña mesa frente de mi dándome cuenta que en realidad no tenía mucho que hacer para despejar mi mente, así que considere darle una breve recorrida a esta casa cuyos recuerdos todavía están frescos en mi mente. Me levanté del sofá y comencé a caminar sin un rumbo establecido pero fijándome en cada centímetro de la lujosa mansión, noté que algunas paredes no estaban del color que las recordaba, pero supongo que tanto mi hermana como Cassian decidieron cambiar muchas cosas para darle un sentido de pertenencia a esta casa, misma que en algún momento le perteneció a Lucius Ivanov, mi abuelo. Mis pasos me llevaron hasta el comienzo de un pasillo que conducía a cada una de las habitaciones, recordé todas las veces que el abuelo y la abuela dejaban que Isis y yo durmiéramos en su habitación mientras que ellos se iban a la de invitados, se llevaban muy mal naturalmente pero con tal de que mi hermana y yo durmiéramos juntas se ponían de acuerdo…a veces.
Para mí el abuelo siempre fue un hombre bastante frío y de pocas palabras, pero cada letra que pronunciaba estaba cargada de un filo que hacía temblar a cualquier hombre frente a él, nunca pedía perdón por lo que decía, ni siquiera de lo que en serio llegaba a arrepentirse, pero esa cruel fachada se desaparecía por completo al vernos corriendo a Isis y a mí hacia él cada que lo íbamos a visitar. Eran contadas las veces en el año que mamá nos dejaba verlo y pasar un rato como familia por lo que él se aseguraba de antemano de dedicarnos todo el tiempo posible, no niego que le seguíamos pareciendo animales salvajes por ser unas cambiaformas pero aún así era capaz de hacer sus juicios a un lado por unos momentos y amarnos incluso como un padre suele hacerlo.
Mis ojos recorrieron la puerta de madera de la habitación del medio recordando que esa solía ser la habitación principal en la que dormían los abuelos, seguramente aquí deben de dormir mi hermana y mi cuñado por ahora ya que es la habitación más grande y cómoda. Me pregunto si Isis no duerme con el miedo de que algún día el fantasma del abuelo se le aparezca y le reclame por haberse casado con un cambiaformas, eso me trae otro recuerdo y suelto una pequeña risa al reconocer como el abuelo nos insistía en que cuando creciéramos nos casáramos con algún humano de buena posición económica y así lo haríamos sentir orgulloso. Aunque ahora que lo analizo él debe de estarlo, Isis está por terminar su carrera y tiene a su lado a un esposo maravilloso y millonario, ella si logró cumplir su promesa, a medias, pero lo hizo. Y luego estoy yo, que no pude escoger bien ni siquiera al padre de mi hija.
<<Mis niñas recuerden que en el amor y en la guerra siempre se pierde, pero nada se compara con la dicha de amar y de también ser amado>>nos dijo el abuelo mientras acariciaba nuestro cabello con ternura.