Capítulo 24
Cassian Stone
Me desperté de golpe en medio de la madrugada con una extraña sensación de preocupación y ansiedad que no se quería ir de mi pecho, mis ojos seguían cerrados negándose a despertarme completamente pero seguía sintiéndome incómodo y mi tigre no hacía más que ordenarme que me levantara de inmediato ya que algo estaba mal con nuestra omega. Creí que solo estaba exagerando ya que mi panterita debería estar en lo más profundo de su sueño ahora mismo, pero es la única que puede calmar la preocupación de mi tigre así que extendí mi brazo para tomar su cintura entre mis manos y deleitarme con su aroma pero todo lo que mi mano sintió fue un vacío en la cama. De inmediato abrí los ojos y comprendiendo ahora la preocupación de mi tigre busqué a Isis con la mirada pensando que quizás estaría en el baño, pero el único rastro que había de ella era de su aroma que estaba adquiriendo un toque cítrico más fuerte de lo normal, algo no estaba bien con ella.
Me senté en la cama restregándome mis ojos antes de levantarme y seguir el rastro de su aroma, bajé las escaleras con pesadez y caminé hasta la cocina pensando que quizás se encontraría allí, no comprendía porque se fue de la cama si sabe que no puedo dormir si no la tengo cerca, pero sería algo que averiguaría personalmente. Al llegar a la cocina estaba vacía pero el olor se concentraba más aquí, me acerqué a la puerta de vidrio que divide a la cocina con el patio trasero y allí estaba ella, convertida en pantera negra con sus ojos perdidos en el cielo de la densa noche. La luz de la luna bañaba su pelaje haciéndolo brillar naturalmente, sus ojos se veían mas felinos y grisáceos y su aura se veía envuelta en un profundo misterio, a mis ojos ella es perfecta de pies a cabeza.
-Llevaba años sin verte convertida así-comenté con una sonrisa de nostalgia.
En cuanto escucho mi voz giró su rostro hacia mí con sorpresa, como si no hubiera esperado verme aquí a estas horas y encontrarla así. Se levantó del pasto estirándose con paciencia para luego caminar lentamente hacia donde me encontraba y restregar su pelaje contra mi cuerpo, sonreí por su lindo gesto y me senté allí mismo para poderla llenar de mimos, sigo pensando que cada vez parece más un tierno gatito negro que una pantera salvaje.
-Cariño, sabes que te conozco desde hace años y más de lo que a ti misma te gustaría. Sé que cuando te transformas es porque hay algo en tu cabecita a lo que no paras de darle vueltas.
En cuanto escuchó mi comentario su cuerpo se tensó ligeramente, pero ante las caricias que yo seguía repartiéndole a su pelaje solo ignoró lo que dije y siguió disfrutando de las mismas. Sin embargo al pasar de unos cuantos segundos se decidió por responderme a través del vínculo mental.
<<Mi pantera no me dejaba dormir, llevaba mucho tiempo sin transformarme y justo necesitaba hacerlo ahora para calmarla>>
-Comprendo, pero tu aroma está más cítrico de lo normal y sé que hay algo que estás evitando decirme. Sabes que puedes confiar en mí, cierto? Se supone que soy tu esposo, tu pareja, tu compañero predestinado, tu alfa, solo tuyo.
La preciosa pantera me miro por un par de segundos antes de estirarse de nuevo y transformarse en humana devolviéndome a mi esposa en su forma más natural, reprimí una sonrisa al notar el detalle de su pijama de ositos cubriendo su perfecta figura. Pensé que querría irse a dormir de inmediato pero en vez de eso recostó su cabeza sobre mis muslos fijando su vista nuevamente en el cielo nocturno y las estrellas que lo adornan. Mientras el silencio seguía invadiendo nuestras almas una duda muy tonta me llego a la mente y considerando la calma y comodidad que tenemos ahora mismo creo que es el momento adecuado para hacerla.
-Jamás pregunte esto antes pero ahora mismo me da mucha curiosidad.
Isis fijó sus ojos en mi por unos momentos antes de asentir levemente con su cabeza para que continúe hablando.
-No lo había notado del todo hasta que vi los papeles de matrimonio, pero desde ese día no dejé de preguntarme…Por qué tienes el apellido de tu madre primero en vez del de tu padre?
Su mirada se perdió en la luna y en un mar de recuerdos mientras su mano buscaba la mía antes de finalmente contestar.
-Papá siempre recibió un trato despectivo de parte de los humanos por ser una pantera negra pura, su padre había sido un animal salvaje del bosque que jamás conoció y su madre una mujer que había aceptado ser parte de un experimento del gobierno para repoblar a la ciudad de cambiaformas a cambio de comida y algo de dinero por criarlo. Él solo lleva el apellido de la abuela y eso lo hizo un blanco de burlas y miradas por encima del hombro, principalmente de humanos. Por otro lado, bastaba con que mi madre dijera su apellido para tener todo lo que quisiera a sus pies sin ninguna queja, era un paralelismo irónico. En el momento en el que Itris nace mi madre supo que una vida con el apellido de mi padre primero sería una condena autoestablecida a esos malos tratos de parte de una sociedad humana tan hipócrita y superficial, también el abuelo quiso hacer de las suyas y prometió dejarle varias herencias a sus nietas si mamá colocaba su apellido primero en cada una de sus hijas, obviamente lo sugirió por intereses propios pero seguía siendo conveniente dada la situación económica de ese momento. Así que mi padre decidió ceder y tanto mama como él aceptaron colocar los apellidos de ese modo, cuando yo nací la historia solo se repitió.
Asentí con notable sorpresa, no suelo relacionarme mucho con humanos más que para negocios pero realmente me pregunto si son tan malos como se dice de ellos, o somos nosotros los que tomamos las cosas desde nuestros instintos de proteger, salvar, sanar y cuidar a la manada. La panterita frente a mí soltó un gran bostezo en señal de que era hora de regresar a la cama, se levantó de mi regazo y caminó hacia dentro de la casa sin siquiera esperarme. Su aroma sigue siendo extrañamente cítrico y aunque evitó contestarme directamente la pregunta encontraría un modo de saber qué es lo que la atormenta tanto y disipar cada una de sus preocupaciones. La seguí hasta la habitación y me acosté en la cama asegurándome de que ella quedara entre mis brazos y no pudiera escaparse de allí.