Akari les pidió a ambos esperar a que terminara el turno a las cinco de la tarde. Haruto, apenado de lo que dijo, aceptó. Ayane, en cambio, se regresó a Tokio.
Haruto observaba a las personas dentro de la estación Saitama. Trataba de pensar qué decirle a Akari. Recordaba lo de hace rato y se sonrojaba demasiado. “¿cómo pude ser tan idiota de decirle eso?” se recriminaba.
Quería salir a fumar para calmar sus ansias, pero el calor seco y más duro que el de Tokio lo impidieron. Pensó en regresar a su ciudad para perder tiempo en lo que Akari terminaba su turno dentro del dagashiya. Era la una de la tarde. Fue a comprar una botella de agua y a buscar un café internet para pasar el rato.
Akari, mientras tanto, tenía la mirada un poco perdida. El ventilador hacía algo de ruido y refrescaba un poco el dagashiya. Bebía un poco de té de cebada que la señora Sato le había traído desde la mañana. Estaba sentada, recargada en la pared detrás del mostrador. El día había sido demasiado tranquilo.
Soltaba el aire como si fumara. Trataba de no pensar en la incómoda situación de la mañana. Su mente se preguntaba de dónde salió tan valiente el Idiota-senpai. Por qué ahora regresaba si él mismo con su actitud terminó su relación. Ella sabía que, aunque lo ame eso no significa que lo deba de perdonar fácilmente. Solo que sentía que había algo oculto tras su separación.
Es verdad, ella renunció a todo en Tokio y regresó a casa de sus padres, entrando a trabajar a este lugar que ya conocía. El pago era constante y no tenía la presión de terminar un capítulo de manga para poder comer.
El día que regresó con su maleta en mano, su madre Hana se preocupó. Pensó que, aquel hombre la había corrido de donde vivían y que por eso había regresado con sus cosas, pero cuando le explicó la situación, su madre se sintió algo aliviada. Quien sí se mostró algo molesto fue su padre, Tsubasa. Él, que a pesar de oponerse a su matrimonio e insistirle que, por honor debía seguir al lado de su esposo, entendió, a regañadientes de su esposa, que debía apoyar a su hija en la decisión que tomó.
La puerta del dagashiya se abrió lentamente y la campanilla sonó haciendo que Akari despertara de su letargo. Era una madre con su hijo pequeño que iban a comprar algo. Akari recuperó la sonrisa y atendió a la señora. Cuando salieron, Akari regresó a su posición. Tomó el vaso de cerámica con su té de cebada y bebió un poco. El ventilador giraba lentamente. Tomó un trapo y algo de agua limpiando uno a uno los estantes.
Así llegó la hora del cierre. Akari le dio el dinero de las ventas a la señora Sato y tras despedirse y cerrar, fue a buscar a Haruto. Se notaba algo nerviosa y pensativa al caminar con rumbo a la estación. A pesar de conseguir tener todo el día para pensar no se le había ocurrido nada.
Al llegar a la estación, Haruto fumaba tranquilamente cerca del estacionamiento. Al verla, apagó el cigarrillo de inmediato y fueron al restaurante de 24 horas. El viento veraniego era ligero y tranquilo, contrastando con el calor que hizo todo el día.
Al sentarse en una mesa cercana a la ventana y a la entrada, Akari jugaba con sus pulgares para calmarse. Haruto, a pesar de lucir tranquilo, pensaba a mil por hora sobre qué decirle sin echarlo a perder como en la mañana.
—A… Akari… —dijo tras un par de incómodos minutos de silencio. —Sé que una disculpa no será suficiente pero… ¡lo siento!, en verdad lo siento. Sé que no fui un buen esposo y novio de mentiras, pero…
Akari se sorprendió al verlo, aún sentado, pero con la cabeza y las manos sobre la mesa a modo de disculpa, mientras él seguía hablando casi a gritos, haciendo que los clientes y trabajadores presentes los observaran.
—Idiota-senpai, cálmate. Todos nos están viendo.
—No importa. Quiero que sepan que te amo…
Akari se sonrojó y bajó un poco la mirada, más incómoda.
—I… Idiota-senpai… —Haruto se levantó y vio con algo de ilusión y esperanza a Akari. Pero ella le respondió con una bofetada que resonó por todo el local.
—¿E… en verdad creíste que con una simple disculpa por haberte ido de mi lado, desaparecerte por casi un mes y un te amo van a ser suficientes?
—A… Akari… yo…
—No hay “yos” en una relación… sé que te divorciaste cuando te fuiste con tu padre ese día en Daikanyama. Sé que no me buscaste en estas semanas… sé… sé que te amo, pero no soporto la idea de que hayas roto tu promesa de quedarte a mi lado… —dijo Akari llorando sin que se diera cuenta. —Pero… pero lo que más me dolió fue verte fuera de sí cuando hablabas con aquella chica. Casi la golpeas, por eso te dieron un merecido golpe que te noqueó.
Haruto se quedó sin palabras ante su declaración. Su mejilla ardía. Supo, en ese instante, que si hacía algo, podría echar a perder su disculpa. Si decía algo sonaría a una excusa. Desvió la mirada a la calle. Un pequeño haz de luz lo deslumbró por un momento, haciendo que cerrara los ojos, volteando a ver a Akari.
—Ese no es el Idiota-senpai que conozco… casi golpear a una chica…
—Pero Akari, déjame explicarte…
—No hay explicación que valga… me vi reflejada en ella. Si un día estás muy molesto y yo sigo a tu lado, ¿qué me garantiza que no me vas a golpear o a insultar como a ella?, independientemente de lo que te haya hecho.