El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Familia

Haruto despertó pasado el mediodía. Le dolía la cabeza, el cuerpo por haber dormido sobre el suelo, su boca estaba completamente reseca. Le costó trabajo ubicarse que estaba en su departamento de Kita-Senju.

Salió de la habitación. El calor hizo que su ropa se le pegara incómodamente en el cuerpo. Fue al frigobar a buscar algo, aunque sea hielo para ponérselo en la boca, pero algo lo hizo voltear a ver el escritorio. Al acercarse vio la novela Crimen y Castigo con una especie de separador, algo grande para serlo. Al abrirlo lo dejó caer por la sorpresa. La foto de él y Akari, ayer, sentados en aquel restaurante de Saitama. Respiró agitadamente y buscó su cajetilla. Al encontrarla se puso uno cigarrillo en la boca tomando su encendedor descompuesto. Por más que intentó prenderlo, no pudo.

—¡Mal… maldita Yukina! ¿Cuánto más quieres hacerme sufrir? —cayó al piso temblando de frío. —No… no puedo más… si la veo… si la vuelvo a ver… me las pagará y así… así recuperaré a Akari… —alzó un poco el rostro. —Te… tengo que decirle… Akari está… está en peligro… te… tengo que decirle… ir a… Sa… it… Sap… poro… Honoka… ella debe de saber…

Buscó su teléfono, pero no tenía carga. Lo apretó con todas sus fuerzas que creyó que lo rompería, pero solo lo aventó contra la pared.

Veía la cara de Yukina “burlándose” de él. Creía escuchar su voz: “No vas a poder conmigo. Yo siempre estaré a tu lado. No podrás escaparte de mí tan fácilmente. ¿En verdad creíste que te librarías de mí?, que ingenuo eres, Haruto…”

—¡Vete!, ¡aléjate!, no quiero saber más de ti nunca más, Yukina. ¡Yo era feliz con Akari y tú llegaste a arruinarlo!

Lanzaba cosas contra el suelo de la habitación. Vio su futón y lo lanzó contra la ventana, rompiéndola.

Fue a la sala tirando los escritorios de Yui y de Akari. Agarró las plumas fuente, los borradores y bocetos de los dibujos de ambas, incluso la tablet y todo fue aventado al piso de manera violenta, quebrando la pantalla de la tablet. Tenía los ojos saltados y rojos, su rostro estaba irreconocible, parecía que echaba espuma por la boca. Su respiración era muy fuerte. Vio el libro en el piso y arrancó las hojas hasta dejar menos de la mitad del grueso del tomo, lanzándolo lejos de donde estaba. La foto estaba cerca de él, la tomó, partiéndola a la mitad quedándose con la parte donde estaba Akari abofeteándolo.

“Siempre me tienes en la mente. Para que seas menos patético de lo que ya eres. Admite que me amas y todos estaremos felices.”

—¡Nunca lo admitiré, Yukina!, si te veo… —sus piernas repentinamente colapsaron por la fatiga. Sus ojos se pusieron en blanco y cayó al piso, en medio del departamento destrozado. Las paredes estaban sumidas por los puñetazos que les dio, sus manos estaban ensangrentadas, sus pies hinchados. En su boca había una mezcla de espuma y sangre.

Los servicios de emergencia llegaron rápido. Los vecinos alertaron de inmediato que algo pasaba en el departamento 405. El administrador del edificio acudió a abrir la puerta viendo a Haruto Asahina inconsciente y con sangre en su rostro y su cuerpo, además de ver todo destruido.

Un par de horas después, Haruto despertó dentro de un Hospital General de Tokio, el mismo que escapó tiempo atrás. Giró los ojos de un lado a otro para ubicarse. Un oficial de policía esperaba que despertara para hacerle unas preguntas. Haruto, mareado, contestó lo que pudo, haciéndole creer al oficial que se trató de alguien borracho. Los médicos lo iban a dar de alta cuando pudiera moverse para que no ocupara una cama ante una emergencia.

Se vistió con la ropa que llevaba puesta y salió después de hablarle a Honoka desde el hospital para que fuera por él.

—¡Haruto-nii-sama! —preguntó alarmada Honoka apenas llegó. Él agachó la mirada y le sonrió como si nada.

—Solo fue una pelea de borrachos, Honoka… es todo…

—Pero Haruto-nii-sama… esto es imperdonable. Aunque mi padre se oponga, vas a venir a vivir con nosotros.

—¿Nosotros?

—Sí, mis papás regresaron hoy en la mañana.

Las piernas de Haruto cayeron al escuchar esa noticia. Su piel se puso pálida y trató de alejarse de su hermana, pero ella lo detuvo con un solo brazo.

—¡No, suéltame, no quiero ver a papá ni menos a mamá!

—Haruto-nii-sama, no es para tanto… bueno, padre te echó de la familia, pero si hablas con él entenderá… creo.

—No, no quiero que me humille como lo hizo con Akari.

—¿Cómo lo hizo con Akari?

—Sí, me obligó a divorciarme de ella, no hablar con ella, solo con Yukina, pero… pero… —abrazó a Honoka, afuera del hospital y con lágrimas en los ojos le contó lo que había hecho para que su padre lo terminara corriendo de la familia. Honoka vio horrorizada a su hermano mientras le contaba detalles de cómo insultó a Yukina y como ella, según Haruto, era la acosadora que siempre le mandaba fotos y regalos anónimos. De pronto, la alegría que Honoka mostraba, aún estando seria, desapareció de golpe. Alejó a Haruto un poco dándole una bofetada. Haruto la vio. El rostro de Honoka era una mezcla de enojo y alivio que culminó con un abrazo.

—Haruto-nii-sama, ¿Por qué no me dijiste nada?, pudo haberte ayudado con nuestro padre esa vez… pude… pude… pude estar contigo, darte un techo o siquiera preguntarte dónde estabas para ir por ti…




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