El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Pasado y Futuro

Casi un año después de lo ocurrido en Saitama, Haruto Asahina cargaba un bebé entre sus brazos. Su mirada era consoladora, tierna y llena de un amor puro que antes no podía demostrar. Él viste de traje y camina lentamente mientras mece a su hijo quien duerme plácidamente. Un pequeño suspiro del bebé hace sonreír a su padre.

La puerta corrediza de la habitación se abrió lentamente. Honoka entró en silencio. Ella usaba un largo vestido color negro con saco del mismo color.

—Haruto nii-sama, es hora. —él le entrega, con cuidado a su hermana al bebé y salió de la habitación. Afuera, Fubuki lo esperaba solemnemente. Se notaba la tristeza en su rostro, pero trataba de mantenerse en calma.

—Fubuki…-san… —Haruto le tomó de las manos y se inclinó en reverencia hacia el mayordomo.

—Haruto Asahina-san… gracias por todo lo que hizo por Jun-dono.

—Era lo menos que pude hacer por ella después del desastre que causé.

—Ella estaría orgullosa de usted.

Gon Asahina vestía un traje negro formal. Su corbata estaba algo desacomodada. Haruna, en su silla de ruedas, usaba un kimono negro. Ella levantó un poco la vista y con cuidado arregló la ropa de su esposo. Gon era el que lloraba desconsoladamente, mientras Haruna trataba de mantener la compostura. Ambos, al ver a su hijo, se acercaron. Se dieron la mano y fueron a la sala adaptada como templo. Allí aguardaba un sacerdote budista. Los Asahina se sentaron en primera fila. Detrás de ellos los demás familiares y conocidos de la familia.

Akari entró con mucha timidez y desconfianza quedándose cerca de la puerta. La acompañaban sus padres.

El sacerdote entonaba unos sutras en voz baja, como un murmullo que llenaba el lugar. Él le indicó a Haruto levantarse con un ligero movimiento de cabeza. Haruto se levantó tambaleante, tomó entre sus dedos una pizca de incienso, elevó su mano a la altura de la frente, como le habían enseñado durante la noche y lo dejó caer con cuidado sobre el quemador. El humo se levantó en una columna delgada y blanca, mezclándose con el aroma dulce y pesado que inundaba la sala.

Pasaba el mediodía cuando la ceremonia terminó. El sol inundaba las calles de Kioto y el sofocante calor no hacía efecto en Haruto, quien cargaba a su bebé en el jardín de la casa.

—Lamento tu pérdida… —la voz de Akari lo asustó tanto que su bebé despertó de golpe y empezó a llorar. Él lo volvió a mecer para calmarlo.

—Ya, ya, tranquilo, tranquilo, aquí está papi. —dijo Haruto meciendo a su hijo. —Gracias Akari…

—¿Cómo se llama?

—Yukito. Yukito Asahina.

—¿Yuki… to? —Akari se rio tímidamente. —¿Sabes, Idiota-senpai…?, yo te amaba aun con todo lo que ocultabas. Me desesperaba y odiaba que me llevaras a lugares que no querías con tal de elevar mi carrera como mangaka. Yo solo quería una vida tranquila…

—Lo siento…

—Aun no supero lo que pasó el año pasado y la terapia me ayudó.

—¿Terapia? —preguntó Haruto intrigado aún meciendo suavemente al bebé.

—Sí… después de eso que pasó en el dagashiya tuve que renunciar por la vergüenza que le causé a la señora Sato. Me decaí y hubo un tiempo que no salí de mi cuarto, solo estaba viendo videos en internet y fotos de familias felices. Pensando en lo que pudimos ser, Idiota-senpai…

—Que bueno que viniste, Akari…

—Agradécele a mis padres. Una de las veces que fui a Saitama después de discutir contigo, mi padre me llamó la atención. —ella volteó para ver si no había nadie alrededor y se acercó a Haruto, susurrándole. —Me dijo que no podía huir de mi compromiso que tenía contigo. Eso estuvo rondando mi cabeza este año y supongo que eso ayudó mucho a salir de mi cuarto para no preocupar a mis padres ni a mi hermano.

—Lo siento…

—No tienes que disculparte, Idiota-senpai. Ya pasó y ahora estoy pensando en regresar a ser mangaka y retomar la historia.

—Me alegraría leer tu historia. —el bebé soltó un pequeño suspiro y puchero al mismo tiempo. —Yukito también se alegrará de leerte.

—Debo irme. Mis padres me esperan y debemos regresar a Saitama e ir por Yuta a casa de la señora Sato. Sonará raro por el contexto, pero… me dio gusto verte, Idio… digo, Asahina-san.

—Me dio gusto verte también, Aka… Minase-san. —Antes de que Akari se diera la media vuelta, Haruto la tomó de la mano con cuidado. La soltó de inmediato para no despertar a Yukito quien empezó a llorar por el movimiento abrupto. El corazón de Akari se aceleró al sentir la mano de Haruto sobre la suya.

—Si… si deseas aún trabajar en Mangetsu como mangaka… puedo arreglarlo…

Akari se volteó algo sonrojada por la repentina oferta. Soltó su mano de la de Haruto y entró a la casa. Antes de irse, volteó con Haruto con una sonrisa cómplice le dijo —Déjame pensarlo, Idiota-senpai.

Un par de semanas después, a inicios de octubre, Ayane Kisaragi estaba dentro de su oficina de Mangetsu. Estaba recostada sobre su escritorio mostrando algo de frustración y aburrimiento. Shinji Himari entró después de tocar.

—Senpai… tenemos junta con los jefes en quince minutos.




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