El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Viaje a Kioto (2ª parte)

Jun Saito-dono y Haruto estaban dentro de una pequeña casa de madera antigua en Kamigyo Ward, en Kioto. Afuera todo se movía a un ritmo distinto al centro de la ciudad. Era todo más tranquilo, con algunos santuarios escondidos entre las casas y los callejones. Las avenidas arboladas daban la sensación de haber viajado en el tiempo, antes de la Era Meiji.

Ella observaba por la ventana hacia el pequeño jardín verde y un pequeño riachuelo que había adentro con una vara de bambú que cuando se llenaba de agua, caía (shishi-odoshi). El rebote era el único ruido que había en la casa.

—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Haruto sentándose al lado de Jun Saito-dono.

—Quiero quedarme y ver por el bebé. Si tú te quieres ir y terminar esta farsa para ir con tu amada, adelante, yo no te detendré.

Haruto se quedó impresionado por la respuesta de Jun Saito-dono.

—Pero…

—Además, ya cumpliste tu sueño de demostrarle a tu padre que podías conseguir algo por tu cuenta. Eres dueño de lo que yo tanto deseaba para arruinarte a ti y a tu familia. Así que ya nada me importa más que este bebé.

Haruto agachó la cabeza sacando un cigarrillo saliendo al jardín, lejos de Jun Saito-dono y lo prendió.

—Si quieres dejar de huir, como ha sido tu vida, por lo que me contaba Yukina y lo que veía mientras manejaba a Akari Minase, es tu oportunidad.

—Saito-san…

—Si vas a decir algo, solo dilo. No te quedes callado.

Haruto fumó casi la mitad de su cigarrillo, soltando el humo de golpe procurando que no molestara a Jun Saito-dono.

—¿Y si… y si es demasiado tarde?

—¿Tarde?

—Sí, para que yo esté con Akari…

—¡Dios, querido Haruto!, yo creo que es muy tarde para eso. Te estoy dando la opción de irte para que arregles las cosas con ella. Te estoy diciendo en tu cara que te usé y no logré por completo mi objetivo y estás aquí dudando de si es bueno o malo. —Jun Saito-dono se levantó y fue a donde estaba Haruto. Tomó su cigarrillo, lo tiró al piso y lo apagó. Ella se acercó y le dio un tierno beso en los labios. Jun Saito-dono regresó a su posición original.

Haruto se sonrojó un poco.

—Creo que entiendo porqué le gustaste a Minase-san y porqué Yukina estaba tan obsesionada contigo. Por cierto… —dijo Jun Saito-dono. —Hablando de que es demasiado tarde, supe que Minase-san está saliendo con alguien. —El viento de la tarde meció los árboles y el cabello de Haruto quien se quedó sorprendido de lo que se acababa de enterar.

—¿Qué?, ¿cómo?, ¿por qué me lo dices ahora?

—Es mi forma de decirte que te vayas. Y… tu acosador es con quien está saliendo Minase-san—dijo Jun Saito-dono acariciando suavemente su vientre. El rostro de Haruto se desencajó, entrando de nueva cuenta a la casa. Sacó su teléfono e hizo una llamada.

—¿Hola, Honoka…? Sé que no tengo derecho a hablarte después de lo que hice, pero… necesito tu ayuda… dime lo que quieras cuando me veas en Saitama… ¿Dónde estoy?, en Kioto, pero voy a viajar de inmediato de vuelta a Tokio… —Haruto arregló como pudo su maleta y salió corriendo. Jun Saito-dono, por su parte, sacó el teléfono y vio un mensaje de Yukina.

“Jun-chan, debemos hablar. ¡Hay problemas! Ayane Kisaragi sabe lo de Iori-san”.

Jun Saito-dono apagó el teléfono y se recostó contra el marco de la puerta corrediza viendo el jardín, escuchando el shishi-odoshi. Sonrió como si no hubiera más opción.

—Prometo cuidarte, Yuki y evitar que todo este desastre te afecte. —le dijo a su vientre aún acariciándolo.

Haruto llegó casi a la media noche a la estación Saitama. Estaba con unas grandes ojeras, su cuerpo temblando por la falta de alimento.

—Así que el idiota de mi hermano quiere mi ayuda, de nuevo… —dijo Honoka de brazos cruzados frente a Haruto. Él estaba con las manos sobre sus rodillas tratando de recuperar aire.

—Honoka… por favor… luego me… sermoneas… necesito hablar con Akari…

—¿Para qué quieres hablar con ella?, Akari-nee-sama está haciendo tu vida, así como tú. ¿En verdad dejaste a tu hijo en Kioto por venir hasta acá por un espejismo?

—Por favor, Honoka…

—Lo siento, Haruto-nii-sama, pero no voy a ayudarte esta vez. Es una estupidez que quieras arreglar algo cuando dejaste a tu “nueva” esposa y a tu hijo al otro lado del país. Los actos tienen consecuencias, Haruto-nii-sama. ¿Siquiera te pusiste a pensar en cómo se sentiría ella, Jun-nee-sama o Akari-nee-sama?, no, porque se trata de ti. Siempre tiene que ser el héroe Haruto-nii-sama. Ya no eres un niño que jugaba a los superhéroes. Eres un adulto con una familia que cuidar.

—Pero Honoka, por favor solo…

—No hay nada. Mejor vete a no sé dónde Haruto-nii-sama… mejor vete… —dijo finalmente Honoka llorando. Haruto se fue de ahí al restaurante de antes. Pidió algo de comida y decidió esperar a que amaneciera para hablar con Akari.

Eran las ocho de la mañana y Haruto seguía sentado dentro del local de comida de 24 horas. Frente a él había una taza de café fría y su cajetilla de cigarros. Vio la hora y eran cerca de las ocho de la mañana. Hora en que Akari entraba a trabajar en el dagashiya.




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