El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Guarida y sueño

Un par de días después, Haruto se había despertado de una especie de sueño donde vagamente recordaba estar dentro de una lujosa oficina, en la torre más alta de Nueva York. Él veía hacia abajo. Había un par de gatos, uno negro y uno blanco sobre su escritorio. El gato negro le hablaba con voz femenina diciéndole que cediera. El gato blanco, con voz rasposa y masculina le indicaba que no le hiciera caso a su contraparte. De pronto, todo a su alrededor se volvió oscuro haciendo que Haruto despertara de golpe.

Eran aproximadamente las ocho de la mañana cuando Haruto se encontraba tratando de leer en su escritorio, buscando una explicación para su sueño. Además, su mente seguía dándole vueltas a todo lo que había ocurrido con la confesión de Honoka. “Yukina no es la acosadora”. Se notaba con algo de energía, empezando a recuperarse físicamente, incluso, dejando de fumar muy seguido. Movía su pierna y sus dedos para tratar de controlar la abstinencia al tabaco, pero la misión de avisarle a Akari era lo que lo tenía concentrado. Un mayordomo entró a la habitación y le dejó una bandeja con un vaso de agua y un sándwich.

“¿Cómo ir a Saitama sin que se enteren?” era la misión principal que tenía en mente. Honoka entró abriendo la puerta de golpe, asustándolo y tirando el vaso de agua al piso.

—¡Haruto-nii-sama!

—¡¿Qué no sabes tocar?!

Honoka hizo como que lloraba por el regaño de su hermano. —Haruto-nii-sama, eres muy malo. —dijo con voz entrecortada. Él soltó el aire pesadamente y la observó seriamente. —¿Qué quieres?

—Solo vine a avisarte que nuestro padre quiere verte… —dijo sollozando.

Haruto se puso algo pálido. Su corazón se estremeció al escuchar e imaginar lo que le iban a decir. Volteó al libro que estaba leyendo y pensó brevemente en Akari. Apretó los puños bajo la mesa y más serio que hace un momento, le dijo a Honoka. —Después de hablar con nuestro padre, ayúdame a llegar a Saitama.

Honoka dejó de llorar repentinamente y lo observó confundida.

—¿A Saitama?

Él se levantó de su asiento. Sus dedos seguían temblando por querer fumar pero fue a ver a su padre Gon. Al llegar a la sala principal, Gon Asahina estaba sonriendo con los pies arriba de la mesa de centro. Usaba unos jeans negros y hawaiana. Al ver a su hijo, se bajó un poco sus gafas de sol y lo invitó a sentarse.

—Así que decidiste regresar y arrastrarte, ¿eh?, buen chico. Te eduqué muy bien.

—¿Dónde está mi madre?

—Está en el jardín tomando el sol junto a tu hermana Honoka. Bien, vamos a los negocios. Si estás tan desesperado de regresar a la familia Asahina, solo debes hacer un pequeñísimo favor… —Gon sacó de uno de sus bolsillos una foto y la lanzó por toda la mesa hasta llegar a Haruto. —Debes encargarte de un pequeño asunto. Supe que Jun Saito ha estado enferma desde que interrumpí su intento de controlar todas nuestras empresas, empezando por la editorial esa.

Haruto examinó la foto con algo de desconfianza.

—¿Y vas a confiar en mí para que haga tu trabajo sucio, sea cual sea?

Gon sonrió más prominentemente. Bajó sus pies de la mesa de centro y se acomodó en su sofá.

—Así es, porque tengo información concerniente a esa mujerzuela de tu exesposa.

Haruto abrió los ojos mientras fruncía el ceño. Apretó fuertemente sus dientes y sus puños al mismo tiempo. Quiso pararse pero Gon lo interrumpió.

—Como sé que te preocupa mucho esa editorial, pensé en darte su dirección general ahora que no hay cabeza y eso no es todo… —volvió a bajar sus lentes de sol para ver directamente a su hijo que estaba a punto de ir a golpearlo. —Si logras levantar y hacerme ganar dinero, omitiré el mal negocio que hiciste con Yukina-chan. a cambio de ella, debes casarte con Jun-chan. Si lo hacemos… —se levantó y alzó los brazos al cielo. —Ella estará en deuda con nosotros por haberla sacado de la pobreza, podría mantener su estatus frente a sus sirvientes y… recuperará sus estúpidos sueños de controlar la compañía Asahina. ¿Qué opinas, hijo?, piénsalo bien. Tu querida exesposa está tranquila trabajando en Saitama. Si aceptas mi propuesta, ella estará a salvo de quien los acosa.

Haruto dejó de apretar los puños de golpe al escuchar eso último de su padre. Se preguntaba cómo es que él sabía eso si no le había dicho a nadie, ni siquiera a Akari. Gon Asahina volvió a sonreír, sentándose de nuevo en el sofá, cruzando su pierna derecha sobre la izquierda.

—Te debes estar preguntando cómo es que supe eso… bueno… Ayane-chan resultó ser una muy buena informante mientras me acostaba con ella. —Gon se rio por lo que claramente era una mentira pero vio a su hijo cómo su mundo se derrumbaba.

Gon Asahina se levantó del sofá dirigiéndose a la salida. Tomó del hombro a su hijo y le dijo —confío en que esta vez sí tomes la decisión correcta. —Antes de salir, volteó y le dijo otra cosa. —Si quieres ir a Saitama a alertarla, adelante, pero recuerda que él va a estar con ella haciendo su esfuerzo.

—Cierto, se me olvidaba. El concursillo ese que ganaste a “escritor del año”, Ayane-chan estuvo de acuerdo en que te lo diéramos a ti. El dinero de papá listo para el servicio de mi querido hijo.

Haruto observaba la mesa de centro. Quiso patearla para sacar su frustración. Otra vez había caído en el juego de su padre. Golpeó con sus puños la mesa y salió de ahí.




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