El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Nacimiento y esperanza

Casi un mes después, a mediados de septiembre, Haruto Asahina estaba en una gran oficina dentro de la editorial Mangetsu. Usaba cera en su cabello, sus anteojos eran nuevos. Su ropa aunque parecía sencilla era sumamente formal: pantalón de vestir azul y camisa blanca, caquis negros y un saco azul. Veía perdidamente por la ventana hacia abajo.

En su dedo anular izquierdo usaba una argolla dorada. Sacó un cigarrillo y trató de prenderlo. Decidió no hacerlo dentro de la oficina y fue a la sala de fumadores. Antes de entrar, observó la puerta un momento. Guardó el cigarrillo y bajó a la primera planta.

Cuando dio el primer paso, un par de secretarias y nuevos trabajadores se acercaron a Haruto para darle las gracias, decirle de sus futuras juntas y otros temas que él no escuchó.

Llegó a su limosina y se subió. Arriba fue recibido por un tierno beso de Jun Saito-dono. Ella usaba un elegante vestido negro entallado de un solo resorte. Su cabello estaba suelto. Tomó la mano de Haruto y se despidió de la gente que seguía afuera. En un semáforo en alto, soltó su mano y volteó con algo de molestia por la ventana.

—Qué aburrido eres. Este no fue el sueño que tenía en mente.

—¿Y qué esperabas?, por lo que me dijiste, llevabas al menos diez años en esto y no siempre el resultado es el esperado.

Jun Saito-dono volteó a verlo molesta.

—Lo dice el sujeto que trató de huir de una vida de riquezas porque no le satisfacía y resultó que, aunque lo intentaste, nunca pudiste huir de tu familia. ¿Es a dónde te llevó?, a separarte de todos los que te amaban. Traicionaste incluso a tu hermana. Admito que eso no lo vi venir.

Haruto encendió su cigarrillo y echó el humo adentro del auto. Jun Saito-dono de inmediato abrió un poco la ventana para que el humo se saliera.

—¿Y qué me dices de ti, Saito?, estabas en la bancarrota y al “casarte” conmigo recuperaste tu estatus y a tu servidumbre.

—Ellos también trabajan para ti, ¿no es así, Fubuki-san?

—Así es, Jun-dono.

—Ves, es un ganar-ganar. Yo gano millones, tú conseguiste la editorial para demostrarle a tu padre que podías solo… bueno, con ayuda y en dos semanas lo cual sería imposible para una negociación así, pero… el dinero de tu familia al fin tiene utilidad.

Haruto fumó casi hasta la mitad de su cigarrillo.

—Bueno, Asahina, Eres experto en fingir relaciones, así que, espero que me trates bien. —dijo Jun quitándose el humo del cigarrillo de su cara. —¡Dios!, ¿Cómo te aguantaba Akari si fumas demasiado?

El auto llegó a Denenchōfu. Los jardineros arreglaban el jardín sin importarles que hayan llegado sus nuevos amos. Al bajar del auto, cada uno tomó rumbos distintos. Haruto entró a cambiarse y Jun Saito-dono fue a dar un paseo por su jardín.

Haruto llegó a su habitación en el segundo piso de la mansión de Jun Saito-dono, que era casi exactamente igual a la de la mansión de sus padres en Seijo, Setagaya, salvo por un par de diferencias: la primera, eran los ventanales que llegaban hasta el techo. Había un balcón donde podía ver toda la ciudad, la Torre de Tokio y el Monte Fuji se podían ver claramente, incluso en días nublados. La segunda, era una foto de Akari que estaba en su mesa de noche al lado de la cama.

Sacó sus cigarrillos fumándolos, uno por uno tomándose su tiempo con cada uno de ellos.

—Supongo que mi padre debe de estar contento con que haya seguido su plan… —se dijo a sí mismo en voz baja.

Recordaba el día de su falsa boda, cómo fue noticia nacional, llevándose los titulares hasta en periódicos que no estaban especializados en chismes de la farándula. Fue un evento nacional que llegó a todos lados. Incluso a Akari. Ese día, ella estaba trabajando como siempre cuando Honoka Asahina entró despavorida al dagashiya. Mostró su teléfono de alta gama, mientras respiraba por la boca y sudaba profundamente. Akari, confundida, se acercó a la entrada y al ver la nota y la foto, tiró el teléfono de Honoka. Sonrió a su nueva amiga y le dijo “Bueno, él está haciendo su vida…”.

Yukina, por su parte, había ido a recoger unos libros que Tori Naga le iba a prestar. Dentro del departamento de Ebisu, le llegó una notificación de Honoka al teléfono con la noticia. Yukina al leerlo, frunció el ceño extrañada, no le tomó mucha importancia, tomó los libros del librero de Tori y salió con rumbo a su departamento.

Gon y Haruna Asahina, en la foto, se veían orgullosos de su hijo. Incluso, Gon llevó a un bar a su hijo para celebrar la unión que el propio Gon había orquestado.

—¿Ves que no era tan difícil hacerle caso a tu padre?, solo debes de seguir lo que yo te diga, sin cuestionar nada. —dijo Gon carcajeándose.

—Asahina-dono… —una voz anciana hizo que Haruto regresara de sus pensamientos. —Asahina-dono, su padre, el señor Gon Asahina-dono, su madre, Haruna Asahina-dono han llegado. Lo esperan en el comedor junto a Jun-dono.

—Te lo agradezco, Fubuki-san. En un momento voy… —

Haruto fumó su último cigarrillo y entró a colocarse algo de colonia para el olor, lavarse la boca y bajar a ver a sus padres.

Ese mismo día de mediados de septiembre, en Saitama, Iori Nagato vestía un traje semiformal. El resonar de sus zapatos hacía que muchas mujeres (y uno que otro hombre) voltearan a verlo pensando que debía ser un actor o una persona muy famosa. Iori llevaba un pequeño ramo de flores.




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