El contrato de los recién casados (y otras catástrofes)

Revelación y revelación

Ayane Kisaragi se encontraba dentro de un bar. En una mesa de la orilla del bar estaba recostada con una botella en su mano. Había un vaso con restos de alcohol en la orilla a punto de caerse. Abrió los ojos brevemente. Su rostro estaba hinchado por beber tanto. Con dificultades se levantó y fue a la barra. El bartender le obsequió un vaso de agua el cual fue tomado con mucha desesperación. Le ofrecieron llamar un taxi pero ella se negó. Tras pagar salió del lugar con sus zapatos en la mano. Estaba en Kabukichō. Quiso ir a comprar más cerveza pero los mareos le impidieron dar un par de pasos en línea recta. Entró a un pequeño callejón oscuro donde se sentó.

—Ese idiota de Ha… Haruto… Asahina… sí… cómo sea… todo el tiempo que lo ayudé y… así me paga… ¡yo lo descubrí! —gritaba ella sola en una calle casi vacía. La noche caía pesadamente. Los faroles de las luces apenas iluminaban y no había luna en el cielo.

—Esa idiota de Jun me despidió cuando (hic) estaba en mi mejor… —se volteó a vomitar a un costado, manchando sus jeans que llevaba. Al recostarse en la pared, vio la calle. Estaba vacía a las 3 de la mañana —Y… me culparon de haberme… (hic), acostado con un idiota como… (hic) Gon Asahina… qué… qué asco… prefiero… alguien… joven como… Shin… —fue cerrando poco a poco los ojos hasta quedarse dormida.

Alguien que la vigilaba de cerca se acercó a verla. Tras comprobar que estaba dormida, hizo una llamada. A los pocos minutos un taxi llegó y esa persona se llevó a Ayane para que descansara. La poca luz que había en Kabukichō iluminó a alguien que usaba una peluca marrón claro y ojos heterocromáticos: uno color verde esmeralda y el otro ojo de otro color negro.

Ella observaba el camino oscuro y casi vacío del camino. Vio su reloj y marcaban casi las cinco de la mañana del 17 de septiembre. Ella había estado buscando a Ayane Kisaragi por mucho tiempo hasta que la encontró borracha esa misma noche.

El taxi se detuvo en un pequeño complejo habitacional en Jiyūgaoka. Bajó a Ayane con cuidado y la cargó sobre su hombro, subiéndola hasta el segundo piso. Abrió la puerta. Las cortinas de lino blanco se mecieron un poco.

En la mesa de té junto a la ventana había algunos manuscritos. Dicha mesita tenía una mantelería bordada a mano, de esas que se heredan o se compran. Estanterías bajas llenas más escritos, de tazas de porcelana coleccionadas una por una, ninguna igual a otra, como si cada una guardara un recuerdo distinto así como de libros académicos, novelas y cuentos.

Pasó cargando a Ayane por la cocina. La chica que la cargaba vio frascos de mermelada casera. Sobre la barra y la mesa del comedor, algunas latas vacías de galletas, cervezas y comida instantánea.

Cruzaron el departamento hasta caer sobre su sofá en la sala. Ayane murmuraba algo inentendible. La chica decidió investigar un poco el departamento. Dentro de la habitación, al prender la luz, Yukina quedó un poco deslumbrada. Cuando pudo ver de nuevo, se sorprendió de los posters, imágenes, fotografías de una serie de chicas mágicas, llamada Tsuki no Miko. Yukina recordó que esa serie le gustaba a Haruto pero no le dio mucha importancia al quitarse la peluca.

Siguió recorriendo el lugar y se detuvo frente a un estante con diversas figurillas de dicha serie, tanto de las protagonistas como de los villanos. Algo que le llamó la atención fue ver un archivero llenos de CD’s, libros de ilustración de Tsuki no Miko, el manga completo de dicha serie y blue-rays de la serie donde había un pequeño espacio donde faltaba una caja en específico. Había escrita una nota que decía: “DVD de edición limitada robado de mi casa”.

—Vaya… si que uno nunca conoce realmente a las personas. —dijo para sí misma. Salió de la habitación y se fue a sentar a la sala, cuidando a Ayane, quien ya estaba babeando la sala.

Yukina sonrió y observó el amanecer que poco a poco se vislumbraba en el horizonte. Cerró los ojos un momento. Su mente se fue, brevemente hacia Tori Naga, cómo es que él estuvo a su lado todo el tiempo desde que ella se separó de Haruto Asahina. Él la ayudó a estarlo superando, pero verlo junto a Akari, ahora, aún sabiendo que él quería estar con Akari y no con Yukina hacia que su corazón se cerrara un poco.

Yukina subió sus rodillas al sofá, recostando su barbilla sobre sus brazos. Ella parecía preguntarse cuánto tiempo Tori seguiría jugando con su doble identidad. Sabe muy bien que puede destrozar la vida de Akari al decirle la verdad de Tori, pero dudaba en hacerlo porque la pondría al mismo nivel que Haruto cuando la humilló en Daikanyama.

—Espero que estén bien…

Algo que brillaba le llamó la atención cerca de la ventana. Curiosa fue a verlo sorprendiéndose de ver su teléfono en el departamento de Ayane. Palideció un poco al imaginar lo que pudo haber visto la propia Ayane. Esos mensajes sobre conquistar Mangetsu, la conspiración contra los Asahina y que ella, Yukina, estaba involucrada.

Pero lo más importante y lo que acababa de pensar: en Tori como el verdadero acosador de Akari y de Haruto. Volteó a la habitación de Ayane, recordando el espacio vacío, uniendo los puntos. Tori tenía dos copias de un DVD de la agrupación favorita de Haruto Sora Iro Girls. Negó rápidamente con la cabeza, tomando su celular roto de la pantalla, saliendo de ahí, inmediatamente. Quería ver a Jun Saito-dono para avisarle, pero también a Tori Naga.

Decidió, al ver el teléfono que marcaba las 5:50 de la mañana, ir a ver a Jun Saito-dono. Desde su ubicación tardaría al menos veinte minutos en llegar, pero no sabría si llegaría a tiempo antes de que ellos salieran a trabajar.




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