El internado Sweet home

Capitulo Especial: Mateo

Días atrás
Perspectiva de Mateo:

Era tarde... muuuy tarde... Pero mi estómago rugía y aún Alex me estaba matando de preocupación... Así que fui a la habitación donde siempre descansaban los que Madelyne consideraba "importantes". Ahora, con más derecho, miré un poco con curiosidad...

Ahh... Colarme en ese lugar a horas tan tardías... Pero... escuché una tos fingida.

—Mateo: ¡Ahhh!

—Sam: ¿¡Izack!?

Vi a Sam, Lucas y Sael, que ya estaban ahí.

—Lucas: ¿Buscas algo, niño?

Tragué saliva... Sam y Lucas eran quienes mejor me conocían personalmente... ¿Debería fingir que soy Izack?

—Mateo: S-Solo tenía hambre...

Lucas me miró fijamente. Luego se acercó un paso, luego dos y... aaggh, alerta, alerta por mil. Mi cuerpo se tensó, agitándome, pero Lucas no me quitaba la mirada de encima.

—Sam: ¿¡Oye, qué haces!?

El otro chico rio bajito.

—Sael: Pensé que tú solo hacías eso con Sam, eh.

—Sam: ¡TÚ CÁLLATE!

Lucas llevó su mano a mi rostro, apretándolo.

—Lucas: ¿Y cómo estás, niño...?

—Mateo: B-Bien...

—Sam: ¡Sí, sí, ya suelten!

Sam se interpuso entre ambos.

—Sam: ¿Qué tanto te pasa? Que no se te olvide que me debes mi favor en blanco.

—Mateo: ¡Es que tengo hambre!

...

—Sael: Hay una estufa eléctrica pequeña o algo así en algunos de esos cajones.

—Lucas: ¿Qué haces aquí? ¿No podías simplemente tomar algo de la máquina expendedora?

—Mateo: E-Eh... Se me antojó algo... más... ¿casero?

—Sam (sarcasmo): Ujum, y a mí se me antojó jugo de uva.

—Mateo: ¡No es tu asunto!

—Sam: Lo que digas. ¿Sabes usar siquiera una estufa eléctrica?

...

—Mateo: Mierda...

—Sam: ¡Eso pensé! ¡Sael, ayúdame!

—Sael: ¡¿Por qué yo?!

—Sam: Porque estás aquí.

—Sael: Si no lo hago, no te callarás, ¿verdad?

—Sam: Sí, exacto. ¿Cuál es el plan?

—Mateo: Solo... no sé... huevos revueltos... pimienta... sal... cebolla... Lo demás es avaricia.

Mi estómago rugió de nuevo... agh.

—Sael: En un horrible restaurante de donde yo vivía servían sándwich de huevo y tocino los martes. Podrías intentar algo así.

—Mateo: Entonces, sándwich de huevo...

—Sam: ¡Yo también quiero!

—Mateo: ¡Claro que no!

—Sael: Nosotros te estamos ayudando.

—Mateo: ¡Tú dijiste que era horrible!

—Sael: Dije que el restaurante era horrible, la comida es otro tema.

—Mateo: No creo que alcance para tres san...

—Lucas: Sí va a alcanzar.

—Mateo: ¿Eh?

—Lucas: ¿Qué crees que hacemos aquí?

—Sael: Yo también tengo muuuucha hambre y un paladar exigente.

Sam lo abrazó antes de que cualquiera pudiera decir otra cosa.

—Sam: Sael es como nuestro pequeño hermanito menor, así que necesitamos cuidarle.

—Lucas: Y yo solo quería dormir después del trabajo. Vamos, es la primera noche donde salíamos rápido de la venta y justo te tenía que dar hambre.

—Sael: Pues te puedes ir si quieres.

Sael abrió la puerta con una facilidad absurda, pero no sin antes de que esta soltara un brillo celeste. Luego, Lucas le dio su mochila a Sam.

—Sam: ¡Oye, yo no soy sirviente!

—Lucas: Ah, bueno, si no quieres lo que tiene dentro, entonces...

—Sam: ¿Qué tiene?

Lucas sonrió, pero Sam se quedó la mochila... Ellos... no han descubierto que soy yo.

Entramos a la habitación, donde Sael ya había encendido la luz. Lucas rebuscó entre los cajones, encendió la estufa eléctrica, sacó huevos, cebolla, pimienta en un frasquito y sal en un sobre. Incluso sacó carne y queso de un pequeño refrigerador.

—Mateo: ¿De dónde...?

—Sam: Madelyne exagera, pero... me gusta cuando hablamos de comida.

Sam solo sacó una bebida energética y se sentó junto a Sael, mirándome a mí y a Lucas expectante.

—Sam: Bien, ¿y cuál de los dos me hace la cena? Porque la verdad ya me hace hambre.

Sael se recostó hacia atrás, cerrando los ojos, pero aún prestando atención o... intentándolo.

—Sael: Apoyo su demanda. Tengo hambre.

—Sam: Yo prefiero mi sándwich con queso.

—Sael: Y a mí me gusta la carne.

—Mateo: ¿En serio planean usarme para alimentarlos?

—Sael/Sam: Sí.

—Mateo: ¿Por qué no hacen esto ustedes si ya saben cómo usar todo?

—Sael: Prefiero alejarme del fuego.

—Sam: A mí me da pereza, y a ti no, así que...

—Mateo: ¿¡En serio!? ¡¿Siquiera de dónde salió todo esto!?

—Sam: A Madelyne le gusta la cocina, aunque casi nunca está aquí, y nosotros tenemos permiso de tomar lo que queramos. Aunque, si no está ya para comer, prefiero no tocarlo.

—Lucas (sarcasmo): Wow, tu estómago lo agradece.

—Sam: Sip. Además, con el privilegio que tenemos con la pulsera de Sael, entrar aquí a cualquier hora es fácil.

—Sael: Somos partidarios de comida accesible y rápida. Que sea saludable es puro capricho.

—Sam: ¡Así se habla!

—Lucas: ¡No alientes su horrible hábito!

—Sam: ¡Ay, tú ni comes! ¿Qué es peor?

Ellos seguían discutiendo, pero... Izack sí sabe hacer esto. Si sabe cocinar, se supone que yo también, pero el fuego... Ah...

Las primeras horas, Sam dijo que yo estaba hecho de malvavisco... ¿Eso no me afecta...? ¿El fuego...?

Tomé aire y luego exhalé con miedo. Miré las cosas a mi alrededor, pero... Lucas me tomó del brazo, acercándome más al rincón de la cocina. Comencé a negar con ambas manos entre susurros.

—Mateo: No, no, no... Lucas, perdón. Yo no sé cocinar, juro que...

—Lucas: Sé que eres Mateo.

...

—Mateo: ¿Eh? No, soy Izack. Sé que es difícil con un clon, pero...

—Lucas: ¡Ay, por favor! Yo te hice. ¿Crees que puedes mentirme?

—Mateo: A ver, a mí me hicieron mis padres y...

—Lucas: ¿Cómo fue tu cumpleaños número cinco?

Y no lo sabía. Eso solo lo sabe Izack porque yo... yo solo sé los últimos años de Izack.



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En el texto hay: asesinato, amor complicado, drama

Editado: 27.09.2026

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