Estrellas en el aire

Capítulo 26 (Parte II)

Había algo pesado en la forma en que la figura de la entrada cruzó el umbral. No era la postura erguida ni la seguridad de siempre; era el andar de alguien que cargaba con un secreto demasiado oscuro. Cuando levantó la vista, la culpa en sus ojos me golpeó con más fuerza que cualquier espada.

—¿...Kael? —Mi voz salió apenas como un susurro.

Él levantó la mirada. Y por primera vez desde que lo conocía... no vi seguridad en sus ojos.

Vi culpa.

—Princesa...

Di un paso atrás.

—Tú estabas en la frontera. —Kael no respondió. Miré a Massimo. Después a Kael. Algo dentro de mí comenzó a encajar. Demasiadas cosas. Demasiadas coincidencias. Las cartas. La información que llegaba a lugares donde no debería. Las veces que Kael parecía saber más de lo que decía.—¿Qué haces aquí?

Kael entró.

Massimo cerró la puerta.

Y ese simple sonido hizo que mi estómago se contrajera.

—Porque ya no podía esperar —dijo Kael.

Lo miré fijamente.

—¿Esperar qué?

Kael intercambió una mirada con Massimo.

Entonces comprendí que los dos llevaban tiempo teniendo una conversación de la que yo había sido excluida. Y eso me dolió más que cualquier otra cosa.

—Habla —exigí.

Kael bajó la mirada.

—Hay algo que tienes que saber.

Massimo se adelantó.

—Kael es mi amigo desde antes de que nuestros padres comenzaran a hablar de guerras y fronteras.

Fruncí el ceño.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Massimo me sostuvo la mirada.

—Más de lo que imaginas.

Kael respiró profundamente. Y entonces dijo:—He estado trabajando para él. —Señaló a Massimo.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Trabajando... para él?

Kael asintió.

—En Arcelia.

Mi respiración se volvió más pesada.

—¿Desde cuándo?

Kael no respondió.

Y en ese instante supe que la verdad que estaba a punto de escuchar iba a cambiar todo lo que creía saber.

—Kael... —Mi voz tembló.—¿Qué hiciste?

Kael mantuvo la mirada baja durante unos segundos. Como si encontrar las palabras fuera más difícil que enfrentarse a cualquier enemigo.

Finalmente, levantó los ojos hacia mí.

—Al principio, solo debía conseguir información —murmuró Kael, y cada palabra pareció arrancar una pieza de la realidad que yo creía conocer.Sentí un vacío helado en el estómago.

—¿Información sobre qué? —exigí, aunque el eco de mis propias sospechas ya me daba la respuesta.

—Arcelia. El consejo. Los movimientos de las tropas. Las decisiones de tu padre.Me quedé paralizada, sintiendo cómo el aire se volvía irrespirable entre nosotros. Miré de reojo a Massimo, inmóvil como una estatua, antes de volver los ojos hacia Kael. Mis pensamientos, hasta entonces fragmentados, comenzaron a chocar unos contra otros.

—¿Y yo? —mi voz salió apenas como un hilo roto—. ¿También formaba parte del informe?

Kael frunció el ceño, desviando la vista por una décima de segundo. Su silencio absoluto respondió por él mucho antes de que se atreviera a abrir la boca.

—No —dijo finalmente—. No al principio.

Alcé la mirada hacia Massimo.

—¿Al principio?

Él no intentó negarlo.

—Victoria...

—No. —Mi voz salió más firme de lo que me sentía.— Quiero saber la verdad.

Massimo asintió lentamente.

—Kael era el puente.

—¿El puente?

—Entre Cambell y Arcelia.

Sentí que algo se rompía dentro de mí.

Las cartas.

Las conversaciones.

Los encuentros que había creído casuales.

Todo comenzó a adquirir un significado distinto.

Miré nuevamente a Kael.

—Las cartas...

Él cerró los ojos un instante.

—Sí.

—¿Tú las entregabas?

Asintió.

—Algunas.

Mi pecho se contrajo.

—Entonces sabías.

—Sí.

—¿Sabías lo que estaba ocurriendo?

—Sabía lo suficiente.

Di un paso hacia atrás.

No quería estar cerca de ninguno de los dos.

—¿Y me vigilabas?

Kael tardó demasiado en responder.

—Sí.

La palabra cayó entre nosotros.

Simple.

Cruel.

—¿Todo este tiempo?

—No todo.

—¿Cuánto?

—Desde antes de que llegaras a Cambell.

Lo miré incrédula.

—¿Y nunca pensaste que merecía saberlo?

Kael apretó la mandíbula.

—No tenía derecho a decírtelo.

—¿Y sí tenías derecho a observarme, a mentirme?

No respondió.

Eso fue suficiente.

Me giré hacia la ventana.

Necesitaba respirar.

No podía procesar todo al mismo tiempo.

Massimo se acercó, pero se detuvo antes de llegar a mí.

—Victoria...

—No. —Cerré los ojos.— Ahora no.

Él obedeció. Y, por alguna razón, que respetara aquella distancia me dolió todavía más. Porque en medio de todas las mentiras, aquella era una de las pocas cosas que todavía sentía verdaderas.

Me quedé mirando la oscuridad del bosque.

—¿Por qué? —pregunté finalmente.

Kael respondió detrás de mí.

—Porque Massimo necesitaba saber qué ocurría en Arcelia.

—Eso no responde mi pregunta.

—Lo sé.

Me giré.

—Entonces respóndela.

Kael sostuvo mi mirada.

—Porque él confiaba en mí.

Miré a Massimo.

—¿Y tú confiaste en él para todo esto?

—Sí.

—¿Incluso conmigo?

Massimo bajó la mirada.

—Especialmente contigo.

Aquella respuesta me dejó sin palabras.

No sabía si sentirme protegida o traicionada.

Quizá ambas cosas.

Entonces Kael dio un paso hacia nosotros.

—Pero hay algo más importante.

Massimo lo miró.

—Dilo.

Kael respiró hondo.

—Linus ya tomó una decisión.

El nombre de su padre hizo que Massimo se tensara.

—¿Qué decisión?

Kael me miró directamente.

—No piensa dejar que regreses a Arcelia.

El aire pareció hacerse más pesado.

—¿Por cuánto tiempo?

—El suficiente.

—¿Para qué?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.