—¿Una fiesta? ¿Solo eso? —pregunta Giovanni.
—No, pelotudo, no es solo una fiesta —responde Sophi de inmediato—. Es mi oportunidad de tener mi primer trabajo de DJ acá y necesito saber quién es la persona que lo organiza.
—Y ya nos has dicho que es un alumno. Es una supuesta fiesta de integración.
—Un alumno de diseño gráfico de tercer año —insiste Sophi.
—¿Y? —inquiere Giovanni, sin entender aún el rumbo por el que va.
—¡La concha de la lora! Que ustedes son de diseño, seguro lo conocen.
—No, no conocemos a nadie —se defiende él.
—Puta madre, ustedes no me sirven para nada.
—Si nos lo pides bien, de pronto te echamos una mano —le retruca Giovanni—. Además, ni sabes el nombre, ¿cómo quieres que te ayudemos? ¿eh? Empieza por el nombre.
Los escucho discutir afuera. Como pasamos cerca de los baños, he aprovechado para entrar a tirar la porquería que tenía en el vaso térmico. Lo enjuago rápido con agua para despedir el mal trago, le pongo la tapa y lo guardo en la mochila. Mientras salgo a unirme a ellos, se me ocurre una forma en la que podría ayudar a Sophi. Pero solo si consigo la respuesta se lo diré. Tal vez él me ayude.
----------Q------------
Ya saliendo de la universidad, me coloco los auriculares y reproduzco Blank Space de Taylor Swift. Voy a paso lento, entrando y saliendo del chat de mi mamá, pensando si felicitarla solo por mensaje o hacerle una videollamada.
En mi indecisión, me percato de que hay alguien caminando al lado mío. Giro la cabeza y veo que es Fernando.
—Hola —digo, quitándome de nuevo los auriculares. Ya habrá tiempo para la música después.
—Hola —responde él con una sonrisa—. ¿Qué escuchabas?
—Una de Taylor Swift —le respondo, sin dejar de mirar el chat de mi mamá.
—Interesantes gustos —dice en ese tono burlón que no aguanto.
—Sí, son mis gustos —respondo a la defensiva, esperando que no se le ocurra soltar otro de sus comentarios.
—Y creo que está bien —lo escucho que dice con una simpleza que me sorprende.
—¿Qué tipo de música escuchas tú? —quiero saber, sin dejar de mirar la pantalla del celular.
—Rock.
—Buen gusto —digo, reconociéndolo.
—Así es. ¿Estás preparada para deberme un favor?
Su tono de sobrador y divertido me hace guardar el celular de una vez por todas. Lo miro de frente, enarcando una ceja.
—¿Estás tan seguro de que me va a gustar un café negro y amargo?
—Totalmente seguro —afirma él, sosteniéndome la mirada con total tranquilidad.
No puedo contener la risa. Me resulta simpático que esté tan convencido de que va a ganar.
—Veremos si esa risa te dura toda la tarde —me dice él.
—¿Y si no me gusta? —lo desafio, sin perder la sonrisa.
—Te debo yo el favor, así como te había dicho hace rato.
—Entonces te encargarás de hacerme las compras de la semana.
—Solo si no te gusta —advierte, levantando un dedo en señal de condición.
—Iré armando mi lista de compras —le sigo el juego, totalmente convencida de que no hay forma de que me guste un café negro y amargo.
—Hazlo —me contesta con una sonrisa.
Llegamos a la residencia y otra vez no vemos a Abby. Es muy raro.
—No está Abby —le digo a Fernando, mirando hacia su puesto habitual.
—¿Necesitas hablar de algo con ella?
—No, solo me es raro no verla ahora; por la mañana tampoco estaba.
—Pues a saber —responde él, encogiéndose de hombros.
Subimos por las escaleras. Creo que de ahora en adelante solo las usaré para que me cuenten como actividad física.
—Así que, ¿preparada para conocer el buen café, Cecilia?
—Supongo que sí. Tengo las expectativas muy altas por el café que vas a hacer.
—No disimulas para nada tu sarcasmo —me descubre, negando con la cabeza con un gesto divertido.
—Esa es la idea —le suelto, como si fuera lo más obvio del mundo.
Al terminar de decir eso, él no logra aguantar una carcajada. Es un sonido limpio, espontáneo; creo que es la primera vez que lo escucho reír así, a carcajadas. Puta carajo, se ve muy pero muy atractivo así, pienso, antes de que mi cerebro filtre el pensamiento.
—Iré a dejar mi mochila primero y a saludar a mi amiga —logro decir, haciendo mi mejor esfuerzo por disimular mis pensamientos impuros.
—Vale, te espero.
Entro a mi piso y dejo la mochila. Me acomodo la camiseta, dejo mis cosas, salgo y toco la puerta de Melanny. No me responde. Estará dormida, mejor no la molesto.
—Al parecer está dormida —le anuncio a Fernando al salir al pasillo.