Una semana. Una puta semana entera en la que Cecilia me evita. Sigo sin entender qué coño he hecho para que actúe así. Tampoco es que ella disimule demasiado; lo noto de sobra. Y sospecho cuál es el motivo.
Llevo siete putos días sin cruzarme con ella en las escaleras, ni en el recibidor. Siete putos días sin hablarle y sin escuchar su risa... Me pregunto qué música estará escuchando ahora y con cuál de sus auriculares. ¿Lo llevará a todo volumen o flojito? Mierda, estoy fatal.