—¿Seguras de que me queda bien esto? —les pregunto a Melanny y a Sophi.
Estamos las tres en mi habitación terminando de arreglarnos para la fiesta. Después de dar mil vueltas, me decidí por un sweater negro de cuello alto y una minifalda de cuero a juego. Para completar el look, usé unas medias can-can negras translúcidas que dejaban ver la piel justo lo necesario y mis botas altas de cuero que llegaban hasta la rodilla, con taco ancho y punta redondeada. Es algo sencillo y oscuro, pero que resalta mi figura de una forma a la que no estoy acostumbrada.
—Te ves bien, como toda una puta ama —me dice Melanny, dándose la última capa de rímel.
—Como una reina, dejá de joder —suelta Sophi, mientras se coloca una capa de sombra negra.
—Bueno, gracias por los cumplidos —respondo riendo, sintiendo el rostro caliente.
—Siéntate, te voy a maquillar ya —me ordena Melanny—. ¿Qué tipo de maquillaje quieres?
—Dark, pero sutil —le digo, buscando rápido en el celular y mostrándole una foto de referencia—. Quiero algo así.
Melanny agarra el teléfono y examina la imagen con atención: un esfumado mate en tonos marrones terracota, un delineado negro bien definido con colita en los ojos y los labios en un nude oscuro amarronado. Un estilo elegante, pero con ese toque gótico perfecto para la noche.
—Vale, te hago ese. ¿Y el peinado cómo lo quieres?
—Solo así, suelto. Que caiga natural.
—¿Cómo es que alguien que no se maquilla tiene toda esta cantidad de maquillaje? —pregunta Sophi, revisando mis cajones.
Ella está increíble, con un look que gritaba noche. Lleva un pantalón palazzo negro de tiro alto que estiliza su figura y una blusa de manga larga y corte alto de tul negro transparente, con un delicado patrón floral que revelaba un sujetador negro debajo. El cabello peinado hacia atrás en un recogido tirante que le queda espectacular, completando el conjunto con una bandolera negra de cadena dorada y unos aros a juego.
En cambio, Melanny está radiante. El contraste de su pelo negro y su piel clara destaca muchísimo con una blusa de satén en tono crema, de escote alto tipo halter y sin mangas, que combina a la perfección con un short de cuero negro, medias translúcidas y unas botas espectaculares de caña alta en gamuza beige —de punta fina, taco ancho y una tira con broche dorado en la parte superior—. Tiene ese aire sofisticado y arreglado que le sale de forma natural.
—¿Lista para hacer bailar a todos? —le pregunta Melanny a Sophi.
—Más que lista. Tengo una hora para romperla.
Escucho el sonido de una notificación en mi celular. Lo reviso rápidamente.
—Es Giovanni —digo—. Dice que llega en media hora y estará esperándonos abajo.
—¿Qué hora es? —pregunta Sophi.
—Las 23:40 —responde Melanny, mirando la hora en el reloj de mi mesita de noche. Luego se gira a mirarme con cierta duda—: Ceci, ¿estás segura de que aguantas este horario?
—¿Que si aguanta? ¡Obvio que sí, boluda! ¿Qué no ves? —interviene Sophi.
—Estoy bien, voy a aguantar —aseguro con una sonrisa.
—¡Así se habla, reina!
Pasada media hora, y ya listas, Giovanni vuelve a enviar un mensaje avisando que ya se encuentra esperándonos en un Uber abajo.
—Vamos, perras —nos dice Sophi agarrando sus cosas.
Bajamos y en la puerta nos encontramos con Giovanni, esperándonos al lado del auto. Lleva una camisa negra de manga corta ligera, ligeramente abierta en el pecho dejando ver una fina cadena de plata, combinada con un pantalón de pana beige de corte holgado y zapatillas blancas impecables. Se ve increíblemente canchero y relajado.
—Señoritas, es un gusto verlas así de hermosas —dice mirándonos con una sonrisa.
—Para cualquiera es un gusto verme así —le suelta Sophi con su típica confianza.
Giovanni ríe y nos abre la puerta del Uber.
Cuando se enfoca en mí, su sonrisa se vuelve más tierna, perdiendo la picardía de antes.
—Estás muy linda, Ceci... No, qué digo, estás hermosa.
—Gracias —digo bajando la mirada, sintiendo el rostro encendido otra vez.
—No agradezcas, solo estoy diciendo una verdad. Estás espectacular.
Le sonrío. Definitivamente, me han levantado la autoestima esta noche.
La chofer nos pregunta la dirección del club y Sophi, que es quien la tiene, se la indica.
Minutos después llegamos a la fiesta. Al cruzar la puerta de la entrada, el personal de seguridad nos pide nuestros nombres y nos coloca las pulseras. Enseguida, el retumbo del sonido me golpea directo en el pecho. El club es enorme: tres niveles conectados por balcones metálicos rodeando una pista masiva, todo envuelto en una penumbra violeta y ráfagas de láseres verdes. A nuestro alrededor, varios alumnos beben, fuman y bailan repartidos entre las barras y las zonas de descanso, mientras la cabina del DJ ya empieza a calentar el ambiente.
A nuestro alrededor vemos a varios alumnos de la universidad bebiendo y fumando por el recinto: en la entrada, cerca de la barra, en las mesas laterales y en los pufs de las zonas de descanso, mientras otros ya bailan al ritmo de los primeros temas de música electrónica que resuenan desde el interior.