¿huir de Qué?

Capítulo 20

—¿Me prestás tus colores?

Escucho a Sophi y a Melanny soltar unas carcajadas al mismo tiempo. Estamos sentados en una de las mesas exteriores del patio principal de la universidad.

—Parecés un nene chiquito pidiendo que te presten lápices de colores —se burla Sophi.

—Es que no traje... Bueno, sí, pero no muchos. ¿Y vieron la cantidad de colores que tiene ella? —dice Giovanni, señalándome con un gesto exagerado de ambas manos—. Tiene miles.

—¿Para qué necesitas lápices de colores? Creía que vosotros, los de diseño, solo usabais una tableta para diseñar —curiosea Melanny.

—También yo, pero resulta que tenemos una materia llamada Colorimetría I en la que la profesora nos exige que hagamos todos los diseños tanto en digital como en papel. ¡Qué pendejada! O, como le dicen aquí: «menuda gilipollez, tía» —dice, imitando exageradamente el acento español.

—¿Pero acaso eso no es algo básico? ¿Tener muchos colores? —habla Sophi—. Es como si yo hubiera empezado la carrera sin una compu, o que Melanny, que estudia Psicología, la haya iniciado sin estar cuerda... Porque sí estás cuerda, ¿verdad? —le pregunta, mirándola fijamente.

—Sí, supongo que sí —responde, encogiéndose de hombros.

—¿Viste? Cada una empezó la carrera teniendo lo básico. En serio ¿cómo es que no pensaste en eso?

—Ya cállate. —Giovanni se vuelve hacia mí—. Ceci, ¿me harías el favor de prestarme tus colores? Será solo por esta ocasión, ya al salir de acá me compro mis propios lápices.

—Usá cada vez que quieras —le digo, pasándole mi mochila para que busque los tonos específicos que necesita.

—Gracias —dice Giovanni, agarrando la mochila y empezando a revolver entre mis cosas.

—Estás algo callada vos —Sophi se me queda mirando—. ¿Pasó algo? Porque no te reíste en ningún momento de mi riña con este parcero.

—No pasó nada, estoy bien, solo pienso en cómo me voy a organizar con las tareas y el trabajo —le respondo metiendo mi cara entre las manos.

—Tareas y el curro es lo peor que hay —se queja Melanny.

—Para vos seguramente. Yo disfruto de mi laburo —Sophi se recuesta sobre su silla y nos mira con una cara de satisfacción.

—¿Ya conseguiste ser la DJ de la fiesta de este sábado? —le pregunta Giovanni—. ¿Y si es así, cómo hiciste para hablar con el que organiza la fiesta?

—Tuve ayuda —dice, esbozando una sonrisa socarrona—, pero solo por una hora. El DJ principal va a ser el amigo del anfitrión. Que, por cierto, tardó casi una semana en responderme los mensajes el pelotudo ese.

—Bueno, algo es algo —le dice Melanny.

—Así es, ya con el tiempo me voy a ir abriendo camino. Por ahora estoy muy bien en la cafetería, lo de ser DJ sé que no va a llegar rápido.

—Pues mucha suerte —le desea Melanny, y luego suspira.

—No puede ser que yo sea el único sin trabajo —se queja Giovanni.

—En la pizzería que está cerca de nuestra residencia están buscando camarero. Puedes ir a ver cómo está el tema —le sugiere Melanny.

—Tal vez... Aunque odio la atención al cliente, no me puedo dar el lujo de esperar. Necesito un trabajo.

—Todos lo necesitamos, parcero —dice Sophi—. Bueno, menos Melanny... Esta piba está forrada en plata.

—¡Oye, deja de decir eso, anda! —se tapa la cara, fastidiada—. No es mi dinero, es de mis padres y de mis abuelos.

—Ya sé, solo me gusta joderte —responde Sophi con una sonrisa socarrona.

—Menuda forma de molestar —Melanny se levanta de la mesa y se cuelga la mochila a la espalda—. Bueno, me voy al baño y luego tiro para clase antes de que llegue el gilipollas del profesor.

—Te acompaño al baño —anuncia Giovanni.

—¡Ni se te ocurra entrar conmigo al baño! —le dice ella con cara de horror.

—No, pues obvio no... Yo voy al baño de hombres y tú al de mujeres.

—Ah... Bueno, haberte explicado antes.

—Nos vemos después —se despide Giovanni, mientras me devuelve los colores que estuvo usando.

Apenas los perdemos de vista, Sophi se inclina hacia adelante sobre la mesa y cambia por completo el tono de voz.

—Andás muy pensativa —me dice con total seriedad.

Sí que estoy pensativa... Se me acumuló todo: las tareas, el trabajo, ordenar otra vez mi apartamento... Eso y que también llevo una semana entera evitando a Fernando. Me pone demasiado nerviosa por dentro y por eso escapé el día que me invitó a tomar un café, antes de que lo notara. Pero el muy imbécil se dio cuenta igual y me lo dejó claro en esos mensajes que intercambiamos. Estoy haciendo de todo para no cruzarme con él acá ni en la residencia; no tengo idea de cómo actuar cuando estoy frente a la persona que me gusta. Sigo sin entender por qué me atrae tanto.

—Es por lo que te dije sobre las tareas y el trabajo —le digo la verdad a medias—. Necesito organizarme y hacer una rutina al salir de aquí.

—Si una rutina te ayudará dale con todo.




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