—¿Qué dices? —Aún no puede saber eso.
—Que he ganado el favor —sentencia Fernando, con una sonrisa de suficiencia—. Por tu cara puedo ver que te gusta.
Dejo de tomar para mirarlo, intentando poner mi mejor cara de total indiferencia.
—Aún no puedes saber eso.
—Sí que puedo —lo dice con una sonrisa perfecta. Mierda, sí que es atractivo cuando sonríe.
—No puedes.
—Sí puedo, se te nota —se burla él, inclinándose un poco hacia mí—. Cómo te cambió la expresión de la cara te delató por completo. Pasaste de una mueca de sospecha a una de puro placer.
Estoy segura, pero muy segura, de que me he sonrojado.
—¿Y si malinterpretaste mi expresión?
—No, no lo hice —lo dice tan seguro de sí mismo que me desarma. Ya me descubrió.
—Carajo. Ganaste.
—Ya lo sabía. Te dije que te iba a gustar el buen café —suelta de nuevo con esa perfecta sonrisa.
—Bueno, me rindo. ¿Qué favor quieres? —pregunto, dejando la taza de café sobre la mesita.
—Veamos... —mira al techo, haciendo el papel del que piensa intensamente—. Mmmmm... Te lo diré en su momento.
—¿Cuándo? —insisto, cruzándome de brazos.
—En su momento.
Vuelvo a agarrar la taza de café y esta vez le doy un sorbo grande. No me queda otra, tengo que ceder.
—Tengo que admitir que sí sabe bien este café, fuera de broma —le digo, volviendo a apoyarla en su sitio.
—¿Ahora dejarás los cafés instantáneos?
—No, nunca —niego rotundamente con la cabeza.
——Bueno, lo intenté —se ríe, y él también deja su taza sobre la mesita.
Yo tampoco soy capaz de aguantar la risa y me uno a él. Fernando me observa fijamente mientras nos relajamos.
—Te ríes mucho, Ceci —dice, apoyando la cabeza sobre su mano, con el brazo descansando en el respaldo del sofá.
—Es lo que hago cuando algo me parece simpático o divertido: me río y ya. No importa si es una situación peligrosa o de vida o muerte; si pasa algo gracioso en ese momento, me sale la risa, no lo puedo evitar.
—Entonces... ¿te parezco simpático?
—La verdad, sí —le digo, imitando su pose.
—Joder, gracias —murmura. Su tono suena extrañamente suave, aunque rápido se cubre con su ironía habitual—. Por lo general nadie piensa eso de mí.
—¿Por qué? —pregunto, ladeando un poco la cabeza.
—No hablo mucho.
—Somos dos —admito, en un intento de que no se sienta solo en eso.
—¿No te gusta hablar?
—Ni socializar, lo detesto —hundo el rostro entre mis manos para ocultar el fastidio que me da solo pensarlo.
—Pero estás aquí, bromeando conmigo.
—Ajá, y hasta a mí me sorprende —admito, dejando caer las manos sobre mis rodillas—. Mi timidez no siempre me deja hacer o decir las cosas que quisiera.
—¿Por qué? —insiste él, sin quitarme los ojos de encima.
—Cosas... —evado la mirada hacia mi taza de café, sintiendo que nos estamos metiendo en terreno peligroso.
—Y... ¿qué son esas «cosas»? —pregunta en un hilo de voz, casi en un susurro, inclinándose apenas un poco hacia mi lado.
—En otro momento te lo digo —lo corto, volviendo a mirarlo de frente—. Pero cambiando ya de tema... ¿sabes quién organiza esa fiesta de integración?
Fernando me sostiene la mirada un segundo más antes de recostarse con lentitud en el sofá.
—Sí, sé quién es. ¿Por qué la pregunta?
—Simple curiosidad.
—¿Vas a ir?
—No sé, creo que no. No soy de fiestas —confieso.
—¿Entonces por qué quieres saber quién es la persona que lo organiza?
—Ya te dije, es solo curiosidad.
—Vale, pues dime cuál es esa curiosidad y te digo el nombre.
—No me jodas —me río—. Bueno... es para una amiga de la universidad. Ella está interesada en contactarse con la persona que organiza la fiesta para ofrecer sus servicios como DJ.
—Entiendo, pues el tío que lo organiza se llama Iker Valdéz y es de tercero de diseño.
—Solo nos faltaba el nombre, lo otro ya lo sabíamos.
—Ahora que lo sabes, ¿se lo dirás?
—Sí, en un rato —le respondo. Miro la hora en mi celular y, de repente, recuerdo que aún no he llamado a mi mamá.
—Genial —dice él. Mueve un poco el cuerpo para encararme mejor en el sofá y se me queda mirando nuevamente—. ¿Entonces no tienes interés en ir?
—Mmm, no, no lo tengo.
—Si te animas, podemos ir juntos.
Esa invitación no la esperaba para nada. El aire parece volverse más denso de golpe.