Aurora llevaba casi una hora frente al espejo.
No porque no supiera qué ponerse.
El problema era que sabía exactamente qué ponerse y eso la estaba poniendo todavía más nerviosa.
El vestido negro que Cheyenne había elegido para ella era elegante, sobrio y bastante diferente a los que Aurora había usado antes de marcharse.
Le quedaba perfectamente.
El cabello oscuro de Mía estaba cuidadosamente peinado.
Las gafas de montura fina completaban la imagen.
El maquillaje era discreto.
Y el pequeño broche que Luca le había regalado descansaba sobre su pecho.
Aurora lo tocó.
—¿Por qué hiciste esto? —murmuró.
No sabía si hablaba con Luca.
Con su esposo.
O consigo misma.
Había pasado de querer descubrir una infidelidad a descubrir una casa construida especialmente para ella.
Aquello no estaba saliendo como había planeado.
Su teléfono vibró.
Era Cheyenne.
—¿Ya estás lista?
—Sí.
—¿Y?
—Estoy nerviosa.
—¿Por qué?
Aurora miró el espejo.
—Porque voy a una cena de gala con mi marido fingiendo ser otra mujer.
—Cuando lo dices así...
—¿Cómo quieres que lo diga?
—No sé. Quizá: "Voy a una elegante cena de negocios con un hombre que casualmente es mi esposo".
Aurora resopló.
—No ayudas.
—¿Luca ya te vio?
—Todavía no.
—Entonces prepárate.
—¿Para qué?
—Para que se quede mirándote.
Aurora negó con la cabeza.
—No quiero que me mire así.
—¿Por qué?
Ella guardó silencio.
—Porque no sé qué sentiría.
Cheyenne sonrió al otro lado de la llamada.
—Aurora, creo que ya sabes.
—No.
—Sí.
—No.
—Te estás enamorando de tu propio marido otra vez.
Aurora cerró los ojos.
—Buenas noches, Cheyenne.
—¡Aurora!
Ella terminó la llamada.
—Qué mujer tan insoportable.
Una voz sonó detrás de ella.
—¿Con quién hablabas?
Aurora dio un salto.
Se giró.
Luca estaba en la puerta.
—¡Me asustaste!
—Perdón.
Él se quedó completamente quieto.
La observó.
Aurora sintió que la mirada de Luca recorría su vestido.
No de una manera irrespetuosa.
Era más bien sorpresa.
Como si no hubiera esperado verla así.
—¿Qué? —preguntó ella.
Luca tardó unos segundos en responder.
—Nada.
—Me estás mirando.
—Sí.
—¿Por qué?
Luca respiró profundamente.
—Porque estás muy elegante.
Aurora sonrió.
—Gracias.
Él dio un paso hacia ella.
—El broche...
—¿Qué pasa con él?
—Te queda bien.
Aurora tocó la pequeña joya.
—Gracias por dármelo.
Luca sonrió.
—De nada.
Hubo unos segundos de silencio.
—¿Nos vamos? —preguntó ella.
—Sí.
Luca abrió la puerta.
Aurora pasó junto a él.
Y entonces escuchó:
—Aurora...
Ella se detuvo.
El corazón se le paralizó.
Se giró lentamente.
—¿Sí?
Luca frunció el ceño.
—Nada.
—¿Estabas diciendo mi nombre?
—No.
Aurora sintió que casi se desmayaba.
—Ah.
Luca volvió a mirarla.
—Por un momento pensé que...
—¿Qué?
—Nada.
Ella sonrió nerviosamente.
—Vamos.
Y salió antes de que pudiera hacer otra pregunta.
El automóvil llegó al hotel donde se celebraría la gala.
Desde la entrada se veía una larga alfombra.
Fotógrafos.
Empresarios.
Personalidades de distintos países.
Aurora respiró profundamente.
—No me gustan estos lugares.
Luca la miró.
—¿Por qué?
—Hay demasiada gente.
—¿Nerviosa?
—No.
—Mentira.
—¿Cómo sabes?
—Porque estás apretando el bolso.
Aurora miró su mano.
Efectivamente.
—Es un hábito.
—Mi esposa hace eso cuando está nerviosa.
Aurora suspiró.
—Voy a empezar a cobrarte cada vez que la menciones.
Luca sonrió.
—¿Cuánto?
—Cien dólares.
—Entonces terminarás siendo millonaria esta noche.
Aurora soltó una carcajada.
—Idiota.
Luca se quedó mirándola.
Ella se dio cuenta.
—¿Qué?
—Nada.
—Otra vez esa mirada.
—Es que...
Luca negó con la cabeza.
—Nada.
Entraron.
La primera hora fue relativamente tranquila.
Luca presentó a Aurora como su asistente.
Ella conversó con varios empresarios.
Todo iba bien.
Hasta que apareció Valeria.
Aurora la vio desde lejos.
Su sonrisa desapareció.
—No.
Luca la miró.
—¿Qué?
—Nada.
Valeria caminó hacia ellos.
—Luca.
—Valeria.
—Qué sorpresa verte aquí.
—Es un evento empresarial.
—Lo sé.
Valeria miró a Aurora.
—Y tú debes ser Mía.
Aurora sonrió.
—Así es.
Valeria extendió la mano.
—Encantada.
Aurora respondió al saludo.
Pero la mirada de Valeria permaneció sobre ella durante demasiado tiempo.
—Nos hemos visto antes —dijo finalmente.
Aurora sintió un escalofrío.
—No creo.
Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—Tal vez me equivoqué.
Luca intervino.
—Valeria, ¿cómo va el proyecto?
Ella comenzó a hablar.
Pero Aurora apenas escuchaba.
Algo en aquella mujer la inquietaba.
La forma en que la observaba.
Como si estuviera intentando recordar algo.
Media hora después, Aurora fue al baño.
Necesitaba respirar.
Se miró al espejo.
—Tranquila.
Se acomodó las gafas.
—No te reconoce.
Abrió el grifo.
Se lavó las manos.
Entonces escuchó una voz.
—¿Aurora?
Se quedó helada.
No.
No podía ser.
Levantó lentamente la cabeza.
En el espejo vio a una mujer detrás de ella.
Una mujer que conocía.
Una antigua amiga de la familia.
Editado: 01.10.2026