La esposa que volvió como su asistente

Capítulo 33: La casa donde todo comenzó

Aurora no podía apartar los ojos de la casa.

La casa que Luca había construido para ella.

La casa que había representado, durante meses, una de las pruebas más grandes de que su esposo la conocía mucho más de lo que ella había creído.

La enorme ventana donde podía leer.

El jardín.

La cocina.

El estudio de pintura.

La terraza donde podía tomar café mientras escuchaba la lluvia.

Todo había sido diseñado pensando en ella.

Y ahora alguien había llevado hasta allí la última parte de una conspiración que llevaba décadas.

—No quiero entrar —susurró Aurora.

Luca la miró.

—Entonces no entraremos.

Ella negó.

—No.

Lo miró directamente.

—Quiero entrar.

Luca tomó su mano.

—Entonces entramos juntos.

Adrian estacionó detrás de ellos.

Nathaniel y Gabriel bajaron del segundo vehículo.

Cheyenne fue la última en salir.

Llevaba una mochila enorme.

Aurora la miró.

—¿Qué traes ahí?

—Cosas importantes.

—¿Qué cosas?

Cheyenne abrió la mochila.

—Linterna, botiquín, agua, cargador, galletas…

Adrian la miró.

—¿Galletas?

—Las emergencias producen hambre.

—¿Y tres paquetes?

—No sé cuánto va a durar la emergencia.

Aurora soltó una risa.

—Nunca cambies.

—No pienso hacerlo.

Luca señaló la casa.

—Vamos.

La puerta estaba abierta.

Eso fue lo primero que notaron.

Luca había cerrado personalmente aquella puerta antes de salir.

—Yo la cerré —dijo.

Adrian sacó su teléfono.

—No hay señales de forzamiento.

—Entonces tenían llave.

Aurora sintió un escalofrío.

—¿Quién tiene acceso?

Luca respondió:

—Muy pocas personas.

—¿Valeria?

—No.

—¿Adrian?

—No.

—¿Gabriel?

—Tampoco.

Aurora lo miró.

—Entonces…

Luca guardó silencio.

Entraron.

Todo parecía normal.

Demasiado normal.

La casa estaba exactamente como la habían dejado.

Las luces.

Los muebles.

Los cuadros.

La cocina.

El jardín.

Aurora avanzó lentamente.

—Aquí no hay nadie.

Adrian revisó las habitaciones.

—Nada.

Nathaniel recorrió el pasillo.

—Tampoco.

Cheyenne levantó una ceja.

—Entonces quizá podemos comer.

Todos la miraron.

—¿Qué? —preguntó.

Aurora negó con la cabeza.

—Eres imposible.

—Pero útil.

Luca sonrió.

—Eso sí.

Llegaron al estudio de pintura.

Aurora se quedó quieta.

Había algo diferente.

Una de las paredes tenía un cuadro que ella jamás había visto.

Era un paisaje.

Una mujer sentada frente a una ventana.

Y junto a ella, un hombre.

Aurora se acercó.

—Ese cuadro no estaba aquí.

Luca frunció el ceño.

—No.

Adrian lo examinó.

—Es reciente.

—¿Quién lo pintó?

—No lo sé.

Aurora tocó suavemente el marco.

Encontró una pequeña inscripción.

A + L

Luca la miró.

—Aurora y Luca.

Ella sonrió.

—Qué cursi.

—Lo dices como si no te gustara.

—Me encanta.

Adrian encontró algo detrás del cuadro.

—Hay un compartimento.

Luca se acercó.

—Ábrelo.

Dentro había un sobre.

Aurora lo tomó.

Su nombre estaba escrito.

Para Aurora.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Es de mi madre.

Luca se colocó a su lado.

—Ábrelo.

Aurora sacó la carta.

“Mi niña:

Si llegaste hasta aquí, significa que encontraste el lugar que Luca construyó para ti.

Quiero que sepas algo.

Esta casa no es una coincidencia.

Es el lugar donde tu padre y yo escondimos la última prueba.”

Aurora levantó la mirada.

—¿Qué prueba?

Siguió leyendo.

“La persona que buscábamos no estaba escondida en nuestra familia.

Estaba escondida dentro de la empresa.”

Adrian inmediatamente tomó el documento.

—¿Dentro de Beaumont?

Aurora continuó.

“Durante años sospechamos que el responsable era un hombre llamado Victor Hale.

Pero él solamente era una pieza.

El verdadero responsable tenía acceso a todas las cuentas.

A todos los archivos.

A todos los movimientos.

Y conocía cada decisión de la familia.”

Luca frunció el ceño.

—El CFO.

Adrian negó.

—El actual CFO heredó la estructura, pero no necesariamente la creó.

Aurora continuó leyendo.

“No confíes en el hombre que maneja las cuentas.

Confía en quien maneja las llaves.”

Luca se quedó inmóvil.

—Las llaves.

Aurora miró el llavero que llevaba en el bolsillo.

—¿Qué?

Luca sacó las llaves de la casa.

Había una pequeña llave que él nunca utilizaba.

Aurora la observó.

—¿Esa?

—No sé para qué sirve.

Adrian tomó la llave.

—Hay una inscripción.

417.

Todos quedaron en silencio.

Aurora sintió un escalofrío.

—Otra vez el 417.

Encontraron la puerta en el sótano.

Era pequeña.

Oculta detrás de un panel.

Luca introdujo la llave.

La puerta se abrió.

Y detrás había un archivo.

No un archivo financiero.

Un archivo de personas.

Fotografías.

Nombres.

Direcciones.

Fechas.

Conversaciones.

Aurora empezó a revisar las carpetas.

Entonces encontró una con su nombre.

AURORA LAURENT.

La abrió.

Dentro había fotografías de ella desde niña.

En la escuela.

En el parque.

En su primera graduación.

En su boda.

Y fotografías recientes.

Aurora sintió que el corazón se le detenía.

—Me han estado vigilando toda mi vida.

Nathaniel se acercó.

—Sí.

—¿Por qué?

—Para protegerte.

Aurora negó.




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