La noche había caído sobre Nueva York cuando Luca cerró la puerta de la casa.
Por primera vez en mucho tiempo, Aurora tuvo la sensación de que aquellas paredes no eran suficientes para protegerlos.
Habían instalado seguridad adicional.
Habían cambiado códigos.
Habían revisado cámaras.
Incluso habían colocado un automóvil de seguridad frente a la entrada.
Pero Aurora seguía mirando por la ventana.
—¿Crees que nos están observando? —preguntó.
Luca, que estaba detrás de ella, no respondió inmediatamente.
—Sí.
Aurora se giró.
—¿Así de tranquilamente?
—Prefiero decirte la verdad.
—Podrías mentirme un poquito.
—No se me da bien mentirte.
Ella arqueó una ceja.
—¿Ah, no?
Luca sonrió.
—Contigo nunca.
Aurora cruzó los brazos.
—Curiosamente, eso no fue lo que pensé cuando me convertí en Mía Laurent.
—Y todavía me debes una explicación sobre esa peluca.
Aurora abrió los ojos.
—¿Todavía estás con eso?
—Era horrible.
—¡Era parte del disfraz!
—Parecías una señora que iba a reclamar el precio de una licuadora.
Aurora soltó una carcajada.
—¡Pues funcionó!
—Demasiado bien.
—Porque no me reconociste.
—Porque jamás imaginé que mi esposa sería capaz de entrar en mi empresa disfrazada, contratarse prácticamente como mi asistente y seguirme hasta Londres.
Aurora levantó la barbilla.
—Soy creativa.
—Eres peligrosa.
—También.
Luca se acercó y le dio un beso en la frente.
El momento fue cálido.
Hasta que el teléfono de Luca vibró.
La sonrisa desapareció.
Era su jefe de seguridad.
—¿Sí?
Aurora observó su rostro cambiar mientras escuchaba.
—¿Cuándo?
Pausa.
—Voy para allá.
Colgó.
—¿Qué ocurre?
—Encontraron algo más en el archivo de mi padre.
Aurora se tensó.
—¿Qué?
—Una caja.
—¿Qué tiene?
—No la han abierto.
—Entonces vamos.
Luca negó.
—Tú te quedas aquí.
Aurora lo miró indignada.
—¿Perdón?
—Es peligroso.
—Luca…
—No.
—¡No puedes dejarme aquí mientras tú vas a investigar precisamente algo que puede tener información sobre mí!
—Por eso mismo.
—Voy contigo.
—Aurora.
Ella se acercó.
—¿Quieres que vuelva a disfrazarme de Mía y te siga sin que te enteres?
Luca la miró fijamente.
—No usarías la misma peluca.
—Tengo tres.
Él cerró los ojos.
—Dios mío.
Aurora sonrió.
—Entonces vamos.
—Está bien.
—Sabía que entrarías en razón.
—No. Entré en resignación.
—También funciona.
El archivo se encontraba en una sección privada de una de las antiguas propiedades Beaumont.
Había sido clausurado durante años.
Cuando Luca y Aurora llegaron, Adrian y Gabriel ya estaban allí.
Valeria también.
Aurora la miró con desconfianza.
—¿Por qué está ella aquí?
Valeria respondió:
—Porque conozco a mi padre.
Aurora no dijo nada.
Luca tampoco.
El jefe de seguridad señaló una caja de madera colocada sobre una mesa.
—La encontramos detrás de un panel falso.
Gabriel se acercó.
—Ese tipo de caja era utilizado por mi hermana.
Aurora tragó saliva.
—¿Otra vez mi madre?
—Sí.
La caja tenía una cerradura antigua.
Luca sacó una herramienta.
Adrian lo observó.
—¿Sabes abrir eso?
—No.
—Entonces…
—Pero tengo paciencia.
Aurora suspiró.
—Eso es discutible.
Luca la miró.
—¿Quieres hacerlo tú?
—No.
—Entonces déjame.
—Pero si tardas demasiado…
—Aurora.
—Está bien.
Adrian sonrió.
—¿Siempre son así?
Gabriel respondió:
—Según me han contado, sí.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Son peores.
Aurora la miró.
—¿Te parece gracioso?
—Un poco.
Luca finalmente consiguió abrir la cerradura.
Dentro había tres sobres.
Uno estaba dirigido a Gabriel.
Otro a Luca.
Y el último llevaba un nombre.
Aurora Laurent.
Ella se quedó inmóvil.
—Es mío.
Luca tomó el sobre.
—Lo abrimos juntos.
Aurora asintió.
Rompieron el sello.
Dentro había una carta.
La letra era de Elena.
Aurora la reconoció inmediatamente.
Sus dedos comenzaron a temblar.
—Es de mamá.
Luca se colocó a su lado.
Aurora comenzó a leer.
“Si estás leyendo esto, significa que ya encontraste el certificado.”
Aurora dejó de respirar.
—Ella sabía…
Siguió.
“No creas todo lo que diga ese documento. Tu padre nunca fue Gabriel Beaumont.”
Luca cerró los ojos.
Una parte de la tensión desapareció.
Pero Aurora continuó leyendo.
“Y tampoco quiero que creas que Nathaniel Laurent fue simplemente un hombre peligroso. La verdad es más complicada.”
Gabriel se acercó.
—¿Qué dice?
Aurora continuó.
“Nathaniel fue el hombre que amé. También fue el hombre que más me decepcionó.”
Aurora sintió un nudo en la garganta.
—Mi padre…
Luca le tomó la mano.
La carta continuaba.
“Nathaniel no sabía que tú existías cuando naciste.”
Aurora levantó la mirada.
—¿Cómo?
Gabriel parecía igualmente sorprendido.
“Cuando descubrí que estaba embarazada, Nathaniel había desaparecido. Yo pensé que estaba huyendo de mí. Después descubrí que estaba huyendo de algo mucho más grande.”
Adrian frunció el ceño.
—¿De qué?
Aurora siguió leyendo.
“Nathaniel había descubierto que el dinero estaba siendo desviado de las empresas Beaumont.”
Todos se quedaron en silencio.
Luca levantó la cabeza.
—Entonces él descubrió el fraude.
Gabriel asintió lentamente.
—Sí.
Pero había más.
Editado: 01.10.2026