La esposa que volvió como su asistente

Capítulo 20: El hombre que conocía a Elena

—Tú...

La palabra salió de los labios de Aurora como un susurro.

El hombre permaneció inmóvil junto al archivador.

La luz sobre su rostro permitía distinguir cada uno de sus rasgos.

Había envejecido.

Mucho.

Pero Aurora lo recordaba.

No por su nombre.

No por haber hablado con él.

Sino por aquella noche.

Por aquellos segundos fugaces en los que lo había visto salir del despacho 417.

El mismo hombre.

El mismo rostro.

La misma mirada.

Luca se colocó delante de Aurora.

—¿Quién eres?

El hombre sonrió.

—Luca Beaumont.

—Te pregunté quién eres.

—Y yo sé perfectamente quién eres tú.

Adrian dio un paso hacia adelante.

—Señor Laurent.

El hombre giró la cabeza.

—Adrian Moretti.

—Pensé que estabas muerto.

El hombre soltó una pequeña risa.

—Eso pensaron muchos.

Aurora sintió que se le helaba la sangre.

—¿Laurent?

El hombre la miró.

—Sí.

—¿Eres de mi familia?

—No exactamente.

Aurora cerró los ojos.

—Otra vez esa frase.

Adrian casi sonrió.

—Creo que ya es una tradición.

Luca lo miró.

—No es momento para bromas.

—Lo sé.

El hombre levantó una mano.

—No estoy aquí para hacerles daño.

Luca respondió inmediatamente:

—No te creo.

—Es razonable.

—Entonces habla.

El hombre miró a Aurora.

—Tu madre me pidió que te protegiera.

Aurora sintió que el corazón se le detenía.

—¿Mi madre?

—Elena.

Aquella palabra bastó para hacer que Aurora sintiera un nudo en la garganta.

—¿La conociste?

—Sí.

—¿Cómo?

—Fuimos amigos.

Aurora dio un paso adelante.

—¿Solo amigos?

El hombre sonrió tristemente.

—Sí.

Luca miró a Aurora.

Ella parecía confundida.

El hombre continuó.

—Elena era una mujer extraordinaria.

Aurora bajó la mirada.

—¿Por qué nunca me habló de ti?

—Porque quería que vivieras una vida normal.

—¿Y qué ocurrió?

El hombre respiró profundamente.

—Descubrió algo.

Lo que Elena descubrió

El hombre caminó hacia el escritorio.

Abrió un cajón.

Sacó una carpeta.

—Tu madre descubrió que varias empresas estaban utilizando dinero de la familia Beaumont para financiar operaciones ilegales.

Luca frunció el ceño.

—Eso ya lo sabemos.

—No.

El hombre lo miró.

—Ustedes conocen solamente una parte.

Abrió la carpeta.

Había contratos.

Transferencias.

Nombres.

Fechas.

Y fotografías.

—Tu padre descubrió que alguien estaba desviando dinero.

Luca tomó uno de los documentos.

—¿Cuánto?

—Al principio, pequeñas cantidades.

Adrian revisó otro.

—Después aumentaron.

—Hasta llegar a ciento ochenta millones.

Luca apretó la mandíbula.

—¿Quién?

El hombre señaló una lista.

—Varias personas.

Aurora miró los nombres.

—Hay demasiados.

—Porque no era una sola persona.

Luca levantó la mirada.

—¿Entonces quién dirigía todo?

El hombre guardó silencio.

Aurora lo observó.

—Tú lo sabes.

—Sí.

—¿Quién?

El hombre señaló una fotografía.

Aurora sintió que se le cortaba la respiración.

Era el padre de Valeria.

—Él.

Luca asintió lentamente.

—Eso ya lo sospechábamos.

—Pero él no trabajaba solo.

El hombre colocó otra fotografía sobre la mesa.

Aparecía el padre de Valeria junto a otro hombre.

Aurora se inclinó.

Y reconoció al segundo.

—Es...

Luca se quedó inmóvil.

—Mi padre.

—Sí.

Aurora miró a ambos.

—¿Tu padre estaba involucrado?

Luca negó.

—No.

El hombre respondió:

—Tu padre no estaba robando el dinero.

—Entonces ¿qué hacía?

—Intentaba detenerlos.

La verdad sobre el padre de Luca

Luca tomó la fotografía.

—¿Por qué nunca me contaron esto?

—Porque tu padre estaba intentando protegerte.

—Yo era adulto.

—Pero eras su hijo.

Luca apretó la fotografía.

—Eso no responde mi pregunta.

El hombre lo miró.

—Tu padre descubrió que alguien de la empresa estaba filtrando información.

—¿Quién?

—El padre del actual CFO.

Luca cerró los ojos.

Todo comenzaba a encajar.

El actual director financiero no había creado la conspiración.

La había heredado.

Su padre había estado involucrado desde el principio.

Y probablemente había mantenido el sistema funcionando.

Aurora miró los documentos.

—¿Y mi madre?

El hombre bajó la mirada.

—Elena ayudó a tu padre.

—¿A investigar?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque descubrió que la única manera de detener la operación era encontrar los documentos originales.

Adrian señaló una carpeta.

—¿Los originales?

—Sí.

—¿Dónde están?

El hombre negó.

—Desaparecieron.

Aurora preguntó:

—¿Qué documentos eran?

El hombre miró directamente a Aurora.

—Los que demostraban quién había ordenado todo.

La última página

Luca recordó inmediatamente el documento encontrado horas antes.

—La última página.

El hombre asintió.

—Exactamente.

Aurora se acercó.

—¿Qué contiene?

—Un nombre.

—¿Cuál?

El hombre negó.

—No puedo decirlo.

Aurora golpeó suavemente la mesa.

—¡Todos me dicen lo mismo!

Adrian suspiró.

—Aurora...

—¡Primero Valeria, luego tú y ahora él!

El hombre sonrió ligeramente.

—Tienes el mismo carácter que tu madre.

Aurora se quedó quieta.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿También hacía muchas preguntas?

—Demasiadas.

Aurora sonrió entre lágrimas.

—Entonces sí era mi madre.

Luca la abrazó por detrás.




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