Durante varios segundos, nadie respiró.
La mujer permanecía al pie de las escaleras.
Vestía de negro.
Su cabello era idéntico al de Isabel Beaumont.
Sus facciones eran las mismas.
La misma mirada.
La misma sonrisa.
Incluso tenía la pequeña cicatriz junto a la ceja izquierda que Luca recordaba perfectamente de su infancia.
Pero era imposible.
Su madre había muerto diez años atrás.
Luca fue el primero en hablar.
—No eres mi madre.
La mujer sonrió.
—Eso es lo que te dijeron.
—Yo vi su cuerpo.
—¿Estás seguro?
Luca se quedó inmóvil.
Aurora le tomó la mano.
—Luca…
Él no respondió.
Aquella mujer lo estaba mirando de una manera demasiado familiar.
—¿Qué quieres? —preguntó Luca.
—Quiero que dejen de buscar.
Nathaniel soltó una risa amarga.
—Después de treinta años sigues haciendo lo mismo.
La mujer lo miró.
—Y tú sigues vivo.
—Gracias a Elena.
—Gracias a tus propios errores.
Nathaniel endureció la mirada.
—No vuelvas a mencionar a Elena.
La mujer sonrió.
—¿Por qué? ¿Todavía la amas?
Aurora sintió un escalofrío.
Luca se colocó delante de ella.
—No vuelvas a hablar de mi familia.
La mujer lo observó.
—Tienes los mismos ojos que tu padre.
—Y tú tienes el mismo rostro que mi madre.
—Porque soy Isabel.
—No.
Luca negó.
—Mi madre está muerta.
La mujer bajó lentamente la mirada.
—Entonces tendrás que descubrir quién enterraron aquel día.
La frase quedó suspendida en el aire.
Aurora miró a Nathaniel.
—¿Qué significa eso?
Nathaniel estaba pálido.
—Significa que nunca vi el cuerpo de Isabel.
Luca giró.
—¿Qué?
—Después del accidente, tu padre me dijo que Isabel había muerto.
Luca frunció el ceño.
—¿Mi padre?
—Sí.
—¿Y nunca la viste?
Nathaniel negó.
—No.
Gabriel intervino:
—Yo tampoco.
Luca comenzó a respirar más rápido.
—Pero yo fui al funeral.
La mujer sonrió.
—No viste el cuerpo.
Luca se quedó quieto.
Un recuerdo apareció en su mente.
El funeral.
El ataúd cerrado.
Su padre diciéndole que no debía acercarse.
Su madre había sufrido un accidente.
Eso era todo lo que había sabido.
Durante años nunca había cuestionado nada.
Porque era un niño.
Porque confiaba en su familia.
Porque su padre le había dicho que su madre había muerto.
Aurora lo miró.
—Luca…
—No recuerdo haber visto su rostro.
Nathaniel cerró los ojos.
—Porque no era ella.
Luca sintió que las piernas le fallaban.
—¿Qué?
La mujer descendió otro escalón.
—Ahora empiezas a entender.
Adrian levantó una mano.
—No se acerque.
La mujer se detuvo.
—No he venido a pelear.
—¿Entonces?
—He venido a terminar algo que comenzó hace treinta años.
Aurora preguntó:
—¿Qué?
La mujer la miró.
—Tu madre quería protegerte.
Aurora sintió un nudo en la garganta.
—¿Conocías a Elena?
—Más de lo que imaginas.
—¿Quién eres?
La mujer guardó silencio.
Después respondió:
—Mi nombre real es Elena Beaumont.
Gabriel abrió los ojos.
—No.
La mujer sonrió.
—Sí.
—No puede ser.
—Tu hermana murió hace treinta años.
—No.
Gabriel se acercó.
—Yo vi su cuerpo.
La mujer negó.
—Viste un cuerpo.
Gabriel quedó paralizado.
—¿Qué estás diciendo?
—Que alguien hizo creer a todos que Elena Laurent había muerto.
Aurora sintió que el mundo se detenía.
—¿Mi madre está viva?
La mujer la miró.
—No.
Aurora sintió que se le quebraba el corazón.
—Entonces…
—Yo soy su hermana.
Gabriel se quedó completamente inmóvil.
La mujer continuó:
—Elena tenía una hermana gemela.
Luca palideció.
—¿Gemela?
—Sí.
Aurora miró a Gabriel.
—¿Nunca me dijiste eso?
Gabriel bajó la mirada.
—Porque no lo sabía.
La mujer soltó una pequeña risa.
—Eso fue precisamente lo que ella quería.
Aurora no podía dejar de mirarla.
—¿Cómo te llamas?
La mujer respondió:
—Isabelle Laurent.
Aurora sintió un escalofrío.
—Entonces eres hermana de mi madre.
—Sí.
—¿Y por qué usaste el nombre de Isabel Beaumont?
Isabelle miró a Luca.
—Porque era la única identidad que podía utilizar sin que sospecharan.
Luca apretó los dientes.
—¿Qué ocurrió con mi madre?
Isabelle bajó la mirada.
—Tu madre descubrió que el padre de Valeria estaba desviando dinero.
—Eso ya lo sabemos.
—No.
Isabelle lo miró.
—No saben lo importante.
—¿Qué?
—El dinero era solamente una parte.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Qué más había?
Isabelle respondió:
—Información.
Silencio.
—¿Qué información?
—Nombres.
—¿De quiénes?
—Personas que habían participado durante décadas en una red de corrupción financiera.
Adrian intervino:
—¿Políticos?
—Algunos.
—¿Empresarios?
—Muchos.
—¿Funcionarios?
—Sí.
Luca se quedó serio.
—¿Mi padre estaba involucrado?
Isabelle negó.
—Tu padre intentaba destruir la red.
—¿Y mi madre?
—También.
Luca cerró los ojos.
—Entonces, ¿por qué fingieron su muerte?
Isabelle respondió:
—Porque alguien ordenó asesinarlos.
Aurora sintió un escalofrío.
—¿A los dos?
—Sí.
—¿Quién?
Isabelle la miró.
—La persona que todavía está detrás de todo.
Luca dio un paso.
—¿Quién?
Isabelle respondió:
—Tu abuelo.
Luca quedó completamente paralizado.
Editado: 01.10.2026