Capítque no debía existir
ulo 9: La mujer Luca permaneció varios minutos sentado detrás de su escritorio.
El sobre seguía abierto frente a él.
Las fotografías estaban perfectamente acomodadas.
Una de Mía entrando al hotel.
Otra caminando junto a él.
Otra hablando con uno de los empresarios durante la gala.
Y una última tomada esa misma mañana.
Luca tomó la fotografía entre sus dedos.
La observó.
Después volvió a mirar la nota.
“Creo que su asistente no es quien dice ser.”
No había firma.
No había explicación.
Solo aquella frase.
Y las fotografías.
Luca se recostó lentamente en su silla.
—¿Quién demonios eres, Mía?
Por primera vez, la pregunta dejó de ser una simple curiosidad.
Ahora era una necesidad.
Su teléfono sonó.
—Luca.
Era Marina.
Él contestó inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
—Tenemos que hablar.
Luca se quedó callado.
—¿Sobre Mía?
Marina guardó silencio.
Ese silencio fue suficiente.
—Ven a mi oficina.
—No puedo.
—Entonces dime por teléfono.
—No.
—Marina.
—Luca, no quiero decirte algo sin estar completamente segura.
Él miró nuevamente las fotografías.
—Creo que ya es demasiado tarde para eso.
—¿Encontraste algo?
—Encontré un sobre en mi despacho.
Marina respiró profundamente.
—¿Fotografías?
—Sí.
—Entonces alguien más también está investigando.
Luca frunció el ceño.
—¿Qué sabes?
—Que vi a Mía ayer.
—Eso ya me lo dijiste.
—No, Luca.
Marina hizo una pausa.
—Lo que no te dije es que no solamente me pareció conocida.
Luca permaneció inmóvil.
—Estoy segura de que es Aurora.
El corazón de Luca dio un golpe.
Pero inmediatamente reaccionó.
—No.
—Luca...
—No puedes decir eso basándote únicamente en una voz.
—No es únicamente la voz.
—¿Qué más?
—La mirada.
Silencio.
—El gesto que hace cuando está nerviosa.
Luca apretó la fotografía.
—Eso puede ser coincidencia.
—La pequeña cicatriz junto a su ceja.
Luca dejó de respirar durante un segundo.
La había visto.
Muchas veces.
Una pequeña marca que Aurora tenía desde hacía años.
Pero había algo más.
Algo que todavía no quería admitir.
—¿Estás segura? —preguntó finalmente.
—Sí.
—¿Completamente?
—Luca, conozco a Aurora desde hace años.
Él cerró los ojos.
—Entonces necesito pruebas.
—Eso pensé.
—Y quiero que me las consigas.
Marina se quedó callada.
—¿Quieres que investigue a Mía?
—Quiero saber quién es realmente.
—¿Y si es Aurora?
Luca no respondió.
Marina insistió:
—¿Qué harás?
Él abrió los ojos.
Miró la fotografía.
—No lo sé.
Y aquella era la verdad.
No sabía qué haría.
Porque si Mía era realmente Aurora...
había una pregunta mucho más dolorosa que descubrir su identidad.
¿Por qué había regresado escondiéndose de él?
Mientras tanto, en la habitación del hotel...
Aurora estaba sentada frente a la ventana.
Tenía el teléfono en la mano.
—No puedo seguir así —murmuró.
Cheyenne estaba al otro lado de la llamada.
—Sí puedes.
—¡No, Cheyenne!
—Baja la voz.
—¡Marina casi me descubre!
—Pero no te descubrió.
—¡Porque salí corriendo!
—Exactamente.
Aurora se llevó una mano a la frente.
—Eso no me tranquiliza.
—¿Y Luca?
Aurora guardó silencio.
—¿Qué pasa con Luca? —preguntó Cheyenne.
—Me trajo desayuno.
—¿Y?
—Sabía exactamente qué café me gusta.
—Eso es muy romántico.
—No.
—¿No?
—No.
—Aurora, un hombre que trabaja doce horas diarias y que supuestamente está tan ocupado que no tiene tiempo para su esposa te llevó personalmente el desayuno a la habitación de su asistente.
—No lo digas así.
—¿Cómo quieres que lo diga?
—Como algo profesional.
Cheyenne soltó una carcajada.
—¿Pan dulce?
—Sí.
—¿Café con azúcar?
—Sí.
—¿Y te miró con esos ojos?
Aurora cerró los ojos.
—No sé.
—Sí sabes.
—Cheyenne...
—Aurora.
—¿Qué?
—Te estás poniendo celosa de ti misma.
Aurora abrió los ojos.
—¿Qué?
—Tu marido está tratando con respeto a otra mujer, que casualmente eres tú, y tú estás celosa.
Aurora se quedó callada.
—Eso no tiene sentido.
—Tu matrimonio dejó de tener sentido desde el día en que decidiste convertirte en tu propia rival.
Aurora soltó una pequeña risa.
—Cuando lo dices así...
—Suena absurdo.
—Muchísimo.
—Pero funciona.
Aurora dejó escapar el aire.
—Ese es precisamente el problema.
—¿Qué problema?
Aurora miró hacia la puerta.
—No quiero seguir probándolo.
Cheyenne dejó de bromear.
—¿Por qué?
—Porque ya estoy viendo cosas que antes no quería ver.
—¿Como qué?
—La casa.
—Ajá.
—El desayuno.
—Ajá.
—La manera en que habla de mí.
—Ajá.
—La forma en que me mira.
Cheyenne guardó silencio.
Aurora bajó la voz.
—Y me está empezando a doler haber pensado que podía estar engañándome.
—Porque quizá nunca lo hizo.
—Lo sé.
—Entonces cuando regreses...
—No sé qué hacer.
—Primero termina el viaje.
Aurora suspiró.
—Todavía quedan cuatro días.
—Y no puedes desaparecer ahora.
—Lo sé.
—Además, Marina ya está investigando.
Aurora se quedó completamente quieta.
—Eso es lo que más miedo me da.
—No hagas nada impulsivo.
—¿Y si Luca descubre quién soy?
Cheyenne respondió con una calma que Aurora no sentía.
—Entonces tendrás que enfrentarlo.
Editado: 01.10.2026