La esposa que volvió como su asistente

Capítulo 25: Los errores que también eran una forma de herir

Luca no volvió a hablar durante el camino de regreso.

Aurora iba sentada a su lado.

Sus manos estaban entrelazadas, pero ninguno de los dos decía una palabra.

La revelación de Valeria seguía dando vueltas en la cabeza de Luca.

Isabel Beaumont.

El nombre de su madre.

La mujer que había muerto diez años atrás.

La mujer a la que había amado profundamente.

La mujer que, según Valeria, alguien estaba utilizando como una identidad falsa para esconder al verdadero responsable.

Pero había otra cosa que no dejaba de atormentarlo.

Aurora.

Luca la miró de reojo.

Ella observaba por la ventana.

Parecía agotada.

Había pasado por demasiadas cosas en muy poco tiempo.

Amenazas.

Mentiras.

Documentos falsos.

La búsqueda de un padre al que jamás había conocido.

Y además…

Él.

Luca bajó la mirada.

Por primera vez desde que todo había comenzado, dejó de pensar en quién había intentado destruirlos.

Y empezó a pensar en algo mucho más incómodo.

¿Cuánto daño le había hecho él sin darse cuenta?

Al llegar a casa, Aurora subió directamente a la habitación.

—Voy a cambiarme.

Luca asintió.

—Está bien.

Ella se detuvo antes de entrar.

—¿Vienes?

Luca la miró.

—En un momento.

Aurora pareció notar algo extraño en su expresión.

—¿Estás bien?

—Sí.

Ella lo observó unos segundos.

—No me mientas.

Luca sonrió ligeramente.

—No estoy acostumbrado a que me interrogues.

—Pues acostúmbrate.

Aurora entró.

Luca se quedó solo.

Caminó hasta el despacho.

Cerró la puerta.

Se sentó frente al escritorio.

Y permaneció inmóvil.

Durante años había pensado que era un buen esposo.

No había engañado a Aurora.

Nunca había tenido una amante.

Jamás había permitido que otra mujer ocupara el lugar de su esposa.

Había trabajado como un loco para darle seguridad.

Había construido empresas.

Había comprado propiedades.

Había protegido su patrimonio.

Había intentado construirle una vida cómoda.

Incluso había construido aquella casa de ensueño.

Pero…

¿Había estado realmente con ella?

Luca cerró los ojos.

Y comenzaron a aparecer recuerdos.

Aurora esperándolo para cenar.

Él contestando llamadas.

Aurora diciéndole:

—¿A qué hora llegas?

Y él:

—No lo sé. Tengo una reunión.

Aurora preparando una cena especial.

Él llegando de madrugada.

Aurora fingiendo que no le importaba.

Él diciendo:

—Lo siento, mañana compenso el tiempo.

Y mañana siempre se convertía en otro día.

Otra reunión.

Otro viaje.

Otro contrato.

Otra llamada.

Otra emergencia.

Luca apoyó las manos sobre su rostro.

—Dios…

Recordó otra escena.

Era el cumpleaños de Aurora.

Ella había preparado una pequeña celebración.

No quería una fiesta.

No quería regalos costosos.

Solo quería que él estuviera en casa.

Luca había llegado dos horas tarde.

Y cuando llegó, recibió una llamada de un socio.

Había atendido.

Frente a ella.

Aurora había sonreído.

Pero sus ojos se habían apagado.

Él ni siquiera lo había notado.

Después estaba aquella noche.

Aurora había preguntado:

—¿Todavía me quieres?

Luca había respondido:

—Claro que sí.

Y había vuelto al ordenador.

Ahora entendía que aquella respuesta no había sido suficiente.

Porque Aurora no le estaba preguntando si la amaba.

Le estaba preguntando si todavía la veía.

Luca sintió un peso en el pecho.

—¿Cómo pude no darme cuenta?

Recordó las veces que ella había comprado un vestido y se había quedado frente al espejo esperando que él dijera algo.

Él había respondido:

—Te ves bien.

Dos palabras.

Cuando quizá ella necesitaba:

“Estás preciosa.”

Recordó las veces que Aurora había intentado hablar de sus inseguridades.

Y él había intentado solucionar todo con dinero.

Una cena.

Un viaje.

Una joya.

Una tarjeta.

Una transferencia.

Porque era más fácil pagar algo que sentarse y escuchar.

Luca soltó una risa amarga.

—Idiota.

Entonces recordó algo todavía peor.

El día que Aurora se fue.

Había pensado que simplemente necesitaba espacio.

No había entendido que se estaba yendo porque llevaba demasiado tiempo sintiéndose sola dentro de su propio matrimonio.

Luca se levantó.

Caminó hasta la ventana.

—Nunca te engañé…

Susurró.

—Pero te hice sentir como si pudieras ser reemplazada.

Esa verdad le dolió.

Porque era mucho más difícil aceptar los errores cuando no había una explicación sencilla.

No había una amante.

No había una traición romántica.

No había una mujer escondida.

Había algo mucho más silencioso.

Negligencia emocional.

Había amado a Aurora.

Pero había asumido que ella siempre estaría allí.

Y esa había sido una de sus mayores equivocaciones.

La puerta se abrió.

Aurora apareció con ropa cómoda y el cabello recogido.

—¿Luca?

Él se giró.

Ella inmediatamente notó sus ojos.

—¿Estabas llorando?

—No.

Aurora se acercó.

—Sí estabas llorando.

—Un poco.

—¿Por qué?

Luca la miró.

—Por ti.

Aurora se quedó quieta.

—¿Qué hice?

—Nada.

—Entonces…

Luca caminó hacia ella.

—Estaba pensando en todo lo que hice mal.

Aurora bajó la mirada.

—Luca…

—No.

Él negó.

—Déjame decirlo.

Aurora asintió.

Luca tomó sus manos.

—Te amé.

—Lo sé.

—Pero muchas veces te hice sentir que mi trabajo era más importante que tú.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.