La esposa que volvió como su asistente

Capítulo 38: La abuela que nunca murió

Aurora seguía mirando la pantalla del teléfono.

La llamada había terminado hacía apenas unos segundos.

Pero aquellas palabras continuaban resonando en su cabeza.

No confíes en Elena.

Su madre.

La mujer que acababa de aparecer después de treinta años.

La mujer que había llorado al abrazarla.

La mujer que decía haberla protegido.

La mujer que, según aquella llamada, todavía le ocultaba una parte de la verdad.

Luca estaba frente a ella.

—Aurora.

Ella levantó la mirada.

—¿Sí?

—¿Quieres contarme exactamente qué te dijeron?

Aurora dudó.

Y ese pequeño silencio fue suficiente para que Luca comprendiera.

—¿No confías en mí?

Ella negó inmediatamente.

—No es eso.

—Entonces dime.

Aurora respiró profundamente.

—Me dijeron que no confiara en mi madre.

Luca se quedó callado.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Te amenazaron?

—No.

—¿Te dijeron dónde estaban?

—No.

Luca asintió.

—Entonces no vamos a tomar una decisión basándonos en una llamada anónima.

Aurora lo miró.

—¿No te preocupa?

—Claro que sí.

—Pareces tranquilo.

Luca sonrió ligeramente.

—Porque aprendí algo.

—¿Qué?

—Que cuando tengo miedo, trabajar más no resuelve nada.

Aurora sonrió.

—Eso es nuevo.

—Muy nuevo.

—¿Quién eres y qué hiciste con mi esposo?

—Estoy evolucionando.

—Milagro.

Luca soltó una pequeña risa.

Después tomó su mano.

—Pero hay algo que sí quiero hacer.

—¿Qué?

—Hablar con Elena.

Aurora asintió.

—Yo también.

Encontraron a Elena en la habitación del fondo.

Estaba sentada frente a una ventana.

Tenía una fotografía entre las manos.

Cuando escuchó entrar a Aurora, levantó la mirada.

—¿Qué ocurre?

Aurora se acercó.

—Quiero preguntarte algo.

Elena dejó la fotografía.

—Pregunta.

—¿Me has mentido?

Elena permaneció en silencio.

Aquella pausa dolió más que cualquier respuesta.

Aurora sintió que el corazón se le encogía.

—Mamá.

Elena cerró los ojos.

—Sí.

Luca se tensó.

Aurora retrocedió un paso.

—¿Sobre qué?

Elena levantó la mirada.

—Sobre una parte de la historia.

Aurora sintió que las lágrimas aparecían.

—¿Cuál?

—Nunca te conté toda la verdad sobre tu abuela.

Aurora se quedó inmóvil.

—Clara.

Elena asintió.

—Ella está viva.

—Eso ya lo sabemos.

—No.

Elena negó.

—No saben dónde está realmente.

Adrian, que acababa de entrar, frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Elena tomó la fotografía.

—La mujer que encontraron en los registros no es Clara.

Aurora abrió los ojos.

—¿Qué?

—Es una mujer que trabajó para ella.

Luca miró a Adrian.

—Entonces, ¿dónde está Clara?

Elena respondió:

—Con la persona que controla lo que queda de la red.

El silencio fue inmediato.

—¿Quién? —preguntó Aurora.

Elena miró a Luca.

—Alguien que conoces.

Luca frunció el ceño.

—¿Yo?

—Sí.

—¿Quién?

Elena tardó unos segundos en responder.

—Tu tío.

Luca se quedó inmóvil.

—Mi tío murió.

—No.

Elena negó.

—Ésa es otra mentira.

Aurora sintió un escalofrío.

Otra persona muerta.

Otra identidad falsa.

Otra mentira.

Cheyenne, desde la puerta, murmuró:

—Ya ni siquiera me sorprende.

Adrian la miró.

—¿Qué?

—Que los muertos estén vivos.

—Es preocupante.

—Yo diría agotador.

Luca se sentó.

Parecía necesitar unos segundos para procesarlo.

—Mi tío murió cuando yo tenía doce años.

Elena respondió:

—Eso fue lo que te hicieron creer.

—¿Por qué?

—Porque él fue quien ayudó a tu padre a escapar de la red.

Luca levantó la cabeza.

—Entonces ¿por qué fingieron su muerte?

—Porque la única manera de protegerlo era hacer creer que había muerto.

—¿Y después?

—Después cambió de identidad.

Aurora se acercó.

—¿Dónde está?

Elena miró a su hija.

—No lo sé.

Adrian frunció el ceño.

—Pero acabas de decir que está con Clara.

—Porque ellos estuvieron juntos durante años.

—¿Y ahora?

Elena negó.

—No lo sé.

Luca se levantó.

—Necesitamos encontrarlo.

Aurora lo miró.

—¿Para qué?

—Para obtener respuestas.

Ella asintió.

—Entonces vamos.

Luca la miró sorprendido.

—¿Estás segura?

Aurora respiró profundamente.

—Sí.

—Puede ser peligroso.

—Ya no quiero que todos decidan qué puedo soportar.

Luca sonrió.

—De acuerdo.

Y entonces Aurora agregó:

—Pero tú vienes conmigo.

—Siempre.

Adrian comenzó a revisar los registros.

—Tenemos un problema.

Luca lo miró.

—¿Cuál?

—No sabemos el nombre actual de tu tío.

—¿Cómo vamos a encontrarlo?

Adrian mostró una carpeta.

—Por Clara.

Aurora se acercó.

—¿Qué encontraste?

—Una transferencia.

—¿De cuándo?

—Hace seis meses.

Luca frunció el ceño.

—¿A dónde?

Adrian señaló una pequeña ciudad.

Aurora leyó el nombre.

—No puede ser.

—¿Qué? —preguntó Luca.

Aurora levantó la mirada.

—Yo conozco ese lugar.

—¿Cómo?

—Mi madre me llevaba allí cuando era niña.

Elena se quedó pálida.

—Aurora...

—¿Qué?

—Nunca te llevé allí.

Aurora la miró.

—Sí.

—No.

—Recuerdo el lugar.

Elena negó lentamente.

—Yo jamás te llevé allí.

Aurora sintió un escalofrío.

—Entonces...

Luca terminó la frase:

—Alguien más te llevaba.

Todos quedaron en silencio.

Aurora intentó recordar.




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