La esposa que volvió como su asistente

Capítulo 13: La verdad de aquella noche

Aurora permaneció varios minutos sentada en el borde de la cama.

El teléfono seguía en su mano.

Los tres mensajes continuaban en la pantalla.

No confíes en él.

Luca no te ha contado toda la verdad.

Pregúntale qué ocurrió aquella noche.

Aurora volvió a mirar la fotografía.

La imagen estaba ligeramente borrosa, pero no había ninguna duda.

Ella aparecía allí.

Mucho más joven.

Con el cabello suelto y una copa en la mano.

Y detrás de ella estaba aquel hombre.

Pero lo que más la inquietaba no era él.

Era Luca.

Porque, al fondo de la fotografía, Luca también estaba allí.

Aurora cerró los ojos.

—¿Qué hacías en esa fiesta?

Ella misma conocía la respuesta.

Era una recepción organizada por una importante firma de abogados.

Su amiga la había invitado.

Luca había asistido porque una de sus empresas estaba negociando un proyecto.

Nunca habían hablado aquella noche.

Al menos eso recordaba.

Después de aquella fiesta habían pasado varios meses antes de que realmente se conocieran.

O eso había creído siempre.

Aurora abrió nuevamente los ojos.

—Entonces, ¿por qué alguien dice que nuestra historia comenzó antes?

Se levantó.

Caminó hasta el espejo.

La mujer que le devolvió la mirada parecía segura.

Elegante.

Controlada.

Mía.

Pero debajo de aquella apariencia seguía estando Aurora.

La mujer que había amado a Luca.

La mujer que se había sentido ignorada.

La mujer que había huido.

Y ahora...

la mujer que comenzaba a sospechar que quizá no conocía toda la historia de su propio matrimonio.

Su teléfono sonó.

Era Cheyenne.

Aurora respondió.

—¿Sí?

—¿Estás bien?

—No.

—Perfecto.

Aurora frunció el ceño.

—¿Perfecto?

—Cuando dices que estás bien normalmente significa que estás a punto de hacer alguna tontería.

—Qué amiga tan maravillosa tengo.

—Gracias.

Aurora suspiró.

—Necesito preguntarte algo.

—Dime.

—¿Recuerdas aquella fiesta antes de mi boda?

Cheyenne se quedó callada.

—¿Cuál?

—La recepción de la firma de abogados.

—Sí.

—¿Recuerdas a un hombre llamado...

Aurora pronunció el nombre.

Cheyenne tardó unos segundos.

—Sí.

Aurora se quedó quieta.

—¿Lo recuerdas?

—Claro.

—¿Por qué?

—Porque no me gustó.

—¿Por qué?

—Porque estuvo hablando contigo toda la noche.

Aurora abrió los ojos.

—¿Toda la noche?

—Bueno, no literalmente toda la noche.

Cheyenne hizo una pausa.

—Pero sí bastante.

Aurora se llevó una mano a la frente.

—¿Y yo por qué no lo recuerdo así?

—Porque tú estabas preocupada por otra cosa.

—¿Qué cosa?

—Por Luca.

Aurora se quedó completamente inmóvil.

—¿Qué?

—Sí.

—¿Yo estaba preocupada por Luca?

—Aurora, llevabas semanas hablando de él.

—¡Pero ni siquiera estábamos juntos!

—Precisamente.

Aurora frunció el ceño.

—No recuerdo haberlo conocido esa noche.

—No lo conociste.

—Entonces...

—Lo viste.

Aurora cerró los ojos.

Algo comenzaba a encajar.

—¿Y él me vio?

—Sí.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Aurora se sentó lentamente.

—¿Por qué nunca me dijiste?

Cheyenne soltó una pequeña risa.

—Porque después te obsesionaste con otro asunto.

—¿Cuál?

—Con decidir si Luca era demasiado guapo para ser real.

Aurora abrió la boca.

—¡Yo no dije eso!

—Lo dijiste.

—No.

—También dijiste que jamás te casarías con un hombre como él.

Aurora se quedó callada.

—Bueno...

—¿Qué?

—Eso sí pudo haberlo dicho.

Cheyenne soltó una carcajada.

—¡Claro que lo dijiste!

Aurora sonrió durante unos segundos.

Pero la sonrisa desapareció.

—Cheyenne.

—¿Sí?

—¿Sabes quién era el hombre que estaba conmigo?

—Creo que sí.

—¿Quién?

Cheyenne respiró profundamente.

—Se llamaba Adrian.

Aurora abrió los ojos.

—Adrian.

—Sí.

—¿Qué sabes de él?

—Que era socio junior de la firma que organizó la recepción.

Aurora miró nuevamente la fotografía.

—¿Y después?

—Desapareció.

—¿Desapareció?

—Bueno, no literalmente.

Cheyenne suspiró.

—Se fue de la ciudad.

Aurora sintió un escalofrío.

—¿Cuándo?

—Poco después de tu boda.

Silencio.

Aurora miró la fotografía.

—¿Estás segura?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque recuerdo que alguien comentó que había tenido problemas con uno de los socios.

Aurora se puso de pie.

—¿Qué tipo de problemas?

—No lo sé.

—Cheyenne...

—Aurora, han pasado años.

—Necesito saberlo.

—Entonces pregúntale a Luca.

Aurora negó inmediatamente.

—No.

—¿Por qué?

—Porque si le pregunto, va a saber que estoy investigando.

—Aurora...

—Todavía no.

—Estás haciendo exactamente lo contrario de lo que te recomendé.

—Lo sé.

—¿Y?

Aurora tomó aire.

—No puedo evitarlo.

En otro punto del hotel, Luca seguía observando la fotografía.

Adrian.

Ese era el nombre que acababa de aparecer en el informe.

El investigador había logrado identificarlo.

—Adrian Moretti —leyó Luca.

Treinta y ocho años.

Abogado.

Antiguo socio de una firma internacional.

Posteriormente desapareció de los registros profesionales de Londres.

Luca frunció el ceño.

—¿Dónde está ahora?

El investigador respondió por teléfono.

—No lo sabemos.

—¿Cómo que no lo saben?

—Hay registros de que salió del país.

—¿A dónde?

—Italia.

Luca miró nuevamente la fotografía.




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