La noche había caído sobre Londres.
Las luces de la ciudad se reflejaban sobre los enormes ventanales del hotel mientras Aurora caminaba de un lado a otro de su habitación.
No podía dormir.
Había intentado leer.
Había intentado ver una película.
Incluso había intentado llamar a Cheyenne para distraerse.
Pero nada funcionaba.
Su cabeza regresaba una y otra vez a la misma escena.
Luca frente a ella.
Preguntándole por aquella noche.
La noche del aniversario.
La noche que únicamente ellos dos conocían.
Aurora se dejó caer sobre la cama.
—Me está descubriendo.
Se cubrió el rostro con una almohada.
—Me está descubriendo y yo estoy aquí sentada como una idiota.
El teléfono vibró.
Era Cheyenne.
CHEYENNE: ¿Sigues viva?
Aurora escribió inmediatamente.
AURORA: No.
La respuesta llegó en segundos.
CHEYENNE: ¿Qué pasó?
AURORA: Luca me hizo una prueba.
CHEYENNE: ¿Qué tipo de prueba?
Aurora dudó.
AURORA: Una pregunta sobre nuestro aniversario.
Hubo una pausa.
CHEYENNE: ¿Y qué respondiste?
AURORA: Que no sabía.
CHEYENNE: Bien.
AURORA: ¿Bien?
CHEYENNE: Sí.
AURORA: ¿Cómo puede ser bien?
CHEYENNE: Porque si hubieras respondido, ya estarías descubierta.
Aurora dejó escapar un suspiro.
AURORA: Pero me miró de una manera...
CHEYENNE: ¿De qué manera?
Aurora tardó unos segundos.
AURORA: Como si quisiera creer que soy yo.
Cheyenne no respondió inmediatamente.
Finalmente escribió:
CHEYENNE: Entonces quizá el problema ya no es que te descubra.
Aurora frunció el ceño.
AURORA: ¿Cuál es el problema?
CHEYENNE: Que tú quieres que lo haga.
Aurora dejó caer el teléfono sobre la cama.
—No.
Pero después de unos segundos lo recogió.
AURORA: No quiero.
La respuesta de Cheyenne llegó inmediatamente.
CHEYENNE: Mentira.
Aurora escribió:
AURORA: Buenas noches.
CHEYENNE: ¡Cobarde!
Aurora apagó el teléfono.
—Necesito una amiga nueva.
A varios pisos de distancia, Luca tampoco dormía.
Estaba sentado en su despacho privado del hotel.
Sobre el escritorio había tres cosas:
La fotografía de Mía.
La fotografía de Aurora.
Y la nota anónima.
Las colocó una junto a otra.
Primero observó la fotografía de su esposa.
Después la de Mía.
Había diferencias.
Muchas.
El cabello.
La ropa.
La forma de maquillarse.
Incluso la postura.
Pero los ojos...
Luca apretó los labios.
Había algo en los ojos que no podía ignorar.
Tomó la fotografía de Aurora.
—¿Por qué?
No sabía si la pregunta estaba dirigida a ella o a sí mismo.
—¿Por qué volverías así?
Su teléfono vibró.
Era su investigador.
—Dime.
—Señor, conseguimos algo.
Luca se incorporó.
—¿Qué?
—Encontramos registros relacionados con Mía Laurent.
—¿Y?
—Su documentación profesional parece legítima, pero hay inconsistencias.
—¿Qué tipo de inconsistencias?
—La empresa donde supuestamente trabajó durante los últimos dos años no conserva ningún expediente con ese nombre.
Luca frunció el ceño.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Entonces quién es Mía Laurent?
—Eso todavía no lo sabemos.
Luca miró las fotografías.
—Sigue investigando.
—Hay otra cosa.
—Habla.
—Encontramos una dirección vinculada a ella.
—¿Dónde?
El investigador le dio la dirección.
Luca la anotó.
—¿Qué hay ahí?
—Una residencia privada.
—¿Quién vive allí?
—Todavía no hemos podido confirmarlo.
Luca permaneció en silencio.
—No te acerques.
—¿Señor?
—No quiero que nadie la asuste.
—Entendido.
—Y quiero el informe completo mañana por la mañana.
—Sí, señor.
Luca terminó la llamada.
Se quedó mirando la dirección.
Aquello ya no parecía una coincidencia.
A la mañana siguiente, Aurora despertó temprano.
Había dormido apenas unas horas.
Se duchó.
Se arregló.
Se puso el traje que Cheyenne había preparado.
Respiró profundamente frente al espejo.
—Hoy será un día normal.
Se miró.
—Un día completamente normal.
Su teléfono sonó.
Era Luca.
Aurora casi dejó caer el teléfono.
Contestó.
—¿Sí?
—Buenos días.
Su voz.
Aquella voz.
Aurora cerró los ojos.
—Buenos días.
—¿Estás despierta?
—Sí.
—Te espero abajo en veinte minutos.
—¿Para qué?
—Desayunaremos juntos.
Aurora abrió los ojos.
—¿Desayunaremos?
—Sí.
—¿Nosotros dos?
—Eso suele significar juntos.
Ella soltó una pequeña risa.
—Está bien.
—Y Mía...
—¿Sí?
—No uses ese tono de voz conmigo.
Aurora se quedó helada.
—¿Qué tono?
—Ese.
—¿Cuál?
—El que usas cuando estás nerviosa.
Aurora tragó saliva.
—No estoy nerviosa.
—Claro.
—Luca...
—Te espero abajo.
La llamada terminó.
Aurora miró el teléfono.
—Me va a matar.
Cuando llegó al restaurante del hotel, Luca ya estaba allí.
Había pedido café.
Aurora se sentó frente a él.
—Buenos días otra vez.
—Buenos días.
Un camarero dejó un menú.
Aurora lo abrió.
Luca la observaba.
—¿Qué?
—Nada.
—Otra vez.
Editado: 01.10.2026