La esposa que volvió como su asistente

Capítulo 21: La casa que nunca fue destruida

Los golpes contra la puerta del despacho 417 se hicieron cada vez más fuertes.

—¡Abran!

Luca tomó a Aurora de la mano.

—Nos vamos.

El hombre que había conocido a Elena ya estaba dentro del pasadizo secreto.

Adrian llevaba la carpeta contra el pecho.

Valeria miraba hacia la puerta.

—¡Rápido!

Aurora apenas tuvo tiempo de reaccionar.

—¡Espera!

Luca se volvió.

—¿Qué?

—¡No puedo irme sin mis zapatos!

Todos la miraron.

Adrian parpadeó.

Valeria abrió la boca.

Luca cerró los ojos.

—Aurora.

—¡Son mis favoritos!

—¡Nos están persiguiendo!

—¡Y no pienso recorrer otro túnel secreto descalza!

Adrian señaló el suelo.

—Técnicamente ya estás descalza.

Aurora miró sus pies.

—Ah.

Se quedó pensativa.

—Bueno, entonces sí puedo.

Luca soltó una carcajada.

—Ven.

La tomó de la mano y comenzaron a correr.

El pasadizo

El túnel era estrecho y oscuro.

Las paredes estaban cubiertas de polvo.

Había cables antiguos.

Tuberías.

Y varias lámparas que apenas funcionaban.

Aurora caminaba detrás de Luca.

—Esto parece una película.

—No digas eso.

—¿Por qué?

—Porque en las películas siempre aparece alguien detrás.

Aurora se detuvo.

—¡No digas eso!

Luca sonrió.

—Ahora estamos iguales.

—No tiene gracia.

—Un poco.

Adrian caminaba delante de ellos.

—Si terminan de coquetear, quizá podamos salir vivos.

Aurora respondió:

—¡No estamos coqueteando!

Luca la miró.

—Yo sí.

Ella se quedó callada.

—Luca.

—¿Qué?

—Estamos huyendo.

—Puedo hacer dos cosas al mismo tiempo.

Aurora puso los ojos en blanco.

—Increíble.

Detrás de ellos se escucharon pasos.

El humor desapareció.

—Nos siguen —dijo Valeria.

El hombre aceleró.

—No miren atrás.

Aurora apretó la mano de Luca.

—¿Quiénes son?

—Personas que quieren la información.

—¿Y qué harán si la encuentran?

—Lo mismo que hicieron con tu madre.

Aurora sintió un escalofrío.

Luca se detuvo.

—No vuelvas a decir eso delante de ella.

El hombre lo miró.

—Necesita saberlo.

—Sí.

Luca miró a Aurora.

—Pero no quiero que tenga más miedo del necesario.

Ella apretó su mano.

—No me escondas nada.

Luca asintió.

—Nunca más.

La salida

Después de varios minutos llegaron a una escalera.

El hombre abrió una compuerta.

Salieron detrás de una antigua bodega.

El aire frío de la noche golpeó sus rostros.

Un vehículo esperaba.

—Suban.

Luca hizo que Aurora entrara primero.

Después subieron Adrian y Valeria.

El hombre se colocó al volante.

—¿Quién eres realmente? —preguntó Luca.

—Ya te lo dije.

—No.

Luca lo observó.

—Quiero saber tu nombre completo.

El hombre suspiró.

—Gabriel Laurent.

Aurora se quedó inmóvil.

—¿Tu apellido es Laurent?

—Sí.

—¿Y eras amigo de mi madre?

—Sí.

Aurora lo miró.

—¿Eras su hermano?

Gabriel negó.

—No.

—¿Entonces por qué llevas su apellido?

Gabriel miró por el retrovisor.

—Porque Elena me pidió que lo utilizara.

Aurora frunció el ceño.

—¿Por qué?

Gabriel guardó silencio.

Finalmente respondió:

—Porque yo era su hermano.

Aurora sintió que el corazón se le detenía.

—¿Qué?

—Tu madre y yo éramos hermanos.

—Entonces...

Gabriel la miró.

—Soy tu tío.

Aurora quedó completamente muda.

Adrian fue el primero en reaccionar.

—Eso cambia muchas cosas.

Aurora miró a Gabriel.

—¿Por qué nunca me buscaste?

Él bajó la mirada.

—Porque después de la muerte de Elena, me hicieron creer que tú también estabas en peligro.

—¿Quién?

—Tu padre.

Aurora frunció el ceño.

—Yo nunca conocí a mi padre.

Gabriel no respondió.

Luca lo miró.

—¿Qué quieres decir?

—Que Elena no quería que Aurora supiera quién era su padre.

Aurora sintió que le faltaba el aire.

—¿Por qué?

Gabriel apretó el volante.

—Porque él estaba relacionado con todo esto.

La verdad sobre el padre de Aurora

Aurora permaneció en silencio.

—¿Quién es?

Gabriel no respondió.

—Tío.

Nada.

—Gabriel.

Él suspiró.

—Tu madre estuvo casada antes de conocerte.

Aurora sintió que el corazón se le aceleraba.

—Nunca me dijo eso.

—Porque fue un matrimonio muy corto.

—¿Con quién?

Gabriel miró a Luca.

—Con un hombre llamado...

No terminó.

Un automóvil apareció detrás de ellos.

Luca miró por la ventana.

—Tenemos compañía.

Gabriel aceleró.

—Agárrense.

Aurora se sujetó del asiento.

—¡¿Otra persecución?!

Adrian respondió:

—Parece que sí.

—¡Yo quería una noche tranquila!

Luca tomó su mano.

—La tendremos.

Aurora lo miró.

—¿Cuándo?

—Algún día.

—¿Promesa?

—Promesa.

El vehículo detrás de ellos aceleró.

Gabriel tomó una avenida secundaria.

Después otra.

Finalmente entró en un túnel.

El automóvil desapareció.

Gabriel respiró aliviado.

—Perdimos.

Luca miró hacia atrás.

—No.

—¿Qué?

—No nos seguían a nosotros.

Gabriel lo miró por el espejo.

—¿Entonces?

Luca señaló el otro vehículo.

—Ese automóvil acaba de entrar en la carretera principal.

Adrian comprendió.

—Nos dejaron escapar.

Aurora frunció el ceño.

—¿Por qué?

Luca miró a Gabriel.

—Porque quieren que vayamos a algún lugar.

Gabriel palideció.

—La casa.

La casa de Aurora

Una hora después llegaron a las afueras de la ciudad.




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