La esposa que volvió como su asistente

Capítulo 14: La mujer que sabía demasiado

Luca permaneció inmóvil frente a la pantalla.

El nombre seguía allí.

Valeria Beaumont.

Durante varios segundos no hizo nada.

Ni siquiera respiró con normalidad.

Valeria.

La misma mujer que había aparecido durante la gala.

La misma que había intentado hablar con él en Londres.

La misma que, durante años, había formado parte del círculo empresarial de su familia.

La misma que conocía detalles de su matrimonio.

Y, aparentemente, la misma persona que había tenido relación con Adrian Moretti.

Luca volvió a leer el informe.

Valeria Beaumont.

Consultora externa de la firma durante el período de la recepción.

Contacto profesional frecuente con Adrian Moretti.

Presente durante la recepción.

Luca cerró los ojos.

—¿Qué demonios estabas haciendo allí?

Su teléfono volvió a sonar.

Era el investigador.

—Señor Luca.

—Habla.

—Hay más.

—¿Qué más?

—Valeria no solamente trabajaba con Adrian.

Luca se tensó.

—¿Entonces?

—Fue una de las personas que gestionó la lista de invitados aquella noche.

Luca frunció el ceño.

—¿La lista?

—Sí.

—¿Eso qué significa?

—Que pudo haber sabido exactamente quién estaría presente.

Luca miró nuevamente la fotografía.

Aurora.

Adrian.

Él.

Y ahora Valeria.

—¿Hay alguna posibilidad de que ella haya puesto a Aurora en esa recepción?

El investigador guardó silencio.

—No puedo afirmarlo.

—No te pregunté si podías afirmarlo.

—Entonces sí. Es posible.

Luca apretó la mandíbula.

—Quiero todos los documentos de aquella noche.

—Estamos buscando.

—No.

Su voz se volvió fría.

—No busques solamente los documentos.

—¿Qué quiere?

—Quiero saber qué ocurrió.

Aurora no había dormido.

A las seis de la mañana seguía sentada junto a la ventana.

La lluvia continuaba cayendo sobre Londres.

Tenía la fotografía delante.

Y una libreta abierta.

Había escrito varios nombres.

Adrian.

Valeria.

Luca.

Y debajo de cada uno había colocado preguntas.

¿Por qué Adrian estaba conmigo?

¿Por qué Luca estaba allí?

¿Por qué Valeria organizó la recepción?

¿Por qué alguien estaba enviándome mensajes?

¿Por qué alguien quería que desconfiara de Luca?

Aurora soltó un suspiro.

—Esto parece una novela.

Se quedó mirando la lista.

—Y yo odio las novelas de misterio.

El teléfono sonó.

Era Cheyenne.

Aurora respondió.

—Hola.

—¿Dormiste?

—No.

—Bien.

—¿Por qué dices bien?

—Porque si hubieras dormido ocho horas después de contarme semejante desastre, me preocuparía.

Aurora soltó una pequeña risa.

—Gracias por tu apoyo.

—Siempre.

—Encontré algo.

—¿Qué?

—El nombre de Valeria.

Cheyenne guardó silencio.

—¿Qué tiene que ver?

—Estaba relacionada con Adrian.

—¿Cómo lo sabes?

—Luca la está investigando.

—¿Luca sabe que tú estás investigando?

Aurora hizo una mueca.

—Más o menos.

—Aurora.

—No fue intencional.

—¿Qué hiciste?

—Estaba detrás de su puerta.

—¿Espiándolo?

—No exactamente.

—¿Aurora?

—¡Está bien! Sí.

Cheyenne comenzó a reír.

—¡No te rías!

—Te convertiste en espía.

—No soy espía.

—Eres una esposa disfrazada de asistente que espía a su marido mientras investiga su propio pasado.

Aurora se quedó callada.

—Cuando lo dices así...

—Suena completamente absurdo.

—Muchísimo.

—¿Y qué pasó?

Aurora le contó todo.

Cuando terminó, Cheyenne dejó de bromear.

—Aurora.

—¿Qué?

—Creo que tienes que hablar con Luca.

—No.

—Sí.

—Todavía no.

—¿Qué necesitas?

Aurora miró la fotografía.

—La verdad.

—Entonces pregúntale.

—Tengo miedo.

—¿De qué?

Aurora bajó la voz.

—De descubrir que hay algo que nunca me contó.

Cheyenne suspiró.

—¿Y si no hay nada?

—Entonces habré hecho todo esto para nada.

—No.

—¿No?

—No hiciste todo esto para nada.

Aurora permaneció callada.

—Descubriste algo importante.

—¿Qué?

—Que tu marido no es el hombre que creías.

Aurora sonrió tristemente.

—Eso ya lo descubrí.

—¿Qué quieres decir?

—Pensé que estaba con una mujer.

—¿Y?

—Resultó que estaba completamente enamorado de mí.

Cheyenne guardó silencio.

—Eso sí es irónico.

Aurora soltó una pequeña carcajada.

—Muchísimo.

—Y ahora...

—Ahora tengo que descubrir quién es el hombre del que debería desconfiar.

A las ocho de la mañana, Luca entró al restaurante del hotel.

Valeria ya estaba allí.

Sentada junto a una ventana.

Elegante.

Impecable.

Como siempre.

Cuando lo vio, sonrió.

—Buenos días.

Luca tomó asiento frente a ella.

—Tenemos que hablar.

La sonrisa de Valeria desapareció lentamente.

—¿Sobre qué?

—Adrian Moretti.

El cambio en su expresión fue mínimo.

Pero Luca lo vio.

—No sé por qué estás preguntando por él.

—Porque tú lo conocías.

—Hace años.

—Trabajaste con él.

—Sí.

—Estuviste en aquella recepción.

Valeria tomó su café.

—Muchas personas estuvieron.

—Aurora también.

La taza se detuvo a medio camino.

Luca la observó.

—¿La recuerdas?

Valeria bajó lentamente la taza.

—No especialmente.

—Curioso.

—¿Por qué?

—Porque Marina sí la recuerda.

Valeria sonrió.

—Marina siempre ha tenido buena memoria.




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