La casa estaba finalmente en silencio.
Después de tantos meses de secretos, reuniones familiares, discusiones, persecuciones y revelaciones, Aurora había descubierto que el silencio podía ser maravilloso.
Aunque, en aquella ocasión, el silencio no iba a durar demasiado.
Aurora estaba frente al espejo, quitándose lentamente los pendientes.
Luca apareció detrás de ella.
—¿Cansada?
—Muchísimo.
—¿De la familia?
Aurora sonrió.
—De toda la familia.
—¿Incluso de mí?
Ella lo miró a través del espejo.
—De ti todavía no.
Luca sonrió.
—Eso me tranquiliza.
Aurora terminó de quitarse el último pendiente.
—Aunque tienes una deuda conmigo.
—¿Cuál?
—Una bastante grande.
—¿Dinero?
—No.
—¿Una casa?
—Ya me construiste una.
—¿Un viaje?
—No.
Luca se acercó.
—Entonces no sé qué puedo darte.
Aurora se giró hacia él.
—Tiempo.
La sonrisa de Luca desapareció.
—Tienes razón.
—No quiero regalos.
—Lo sé.
—Ni cenas elegantes.
—Lo sé.
—Ni que intentes solucionar todo gastando una fortuna.
Luca sonrió.
—También lo sé.
Aurora levantó una ceja.
—Quiero que esta noche seas solamente mi esposo.
Luca la miró durante unos segundos.
—Eso sí puedo hacerlo.
La tomó suavemente de la mano.
—Y quiero que tú seas solamente Aurora.
Ella sonrió.
—No Mía.
—No Mía.
—No la mujer perfecta.
—Nunca quise una mujer perfecta.
—¿Entonces qué quieres?
Luca se acercó hasta quedar frente a ella.
—A ti.
Aurora sintió que los ojos se le humedecían.
—¿Aunque siga siendo complicada?
—Especialmente por eso.
—¿Aunque me ponga celosa?
—Sí.
—¿Aunque me enoje?
—También.
—¿Aunque vuelva a perseguirte disfrazada?
Luca soltó una carcajada.
—Eso espero que no.
Aurora comenzó a reír.
—¡Era una posibilidad!
—Aurora...
—Está bien.
Luca tomó su rostro entre las manos.
—Te amo.
Ella cerró los ojos.
—Yo también.
El beso comenzó lentamente.
Sin prisa.
Sin miedo.
Sin necesidad de demostrar nada.
No era un beso para olvidar lo sucedido.
Era un beso para recordar cuánto habían elegido quedarse.
Aurora rodeó su cuello con los brazos.
Luca la abrazó con fuerza.
Durante aquella noche no hablaron de negocios.
Ni de secretos.
Ni de documentos.
Ni de familias.
Solo estuvieron juntos.
Rieron.
Se abrazaron.
Se besaron.
Y se permitieron recuperar aquella intimidad que durante tanto tiempo había quedado enterrada bajo los problemas.
Cuando finalmente quedaron acostados, Aurora apoyó la cabeza sobre el pecho de Luca.
Él acariciaba lentamente su cabello.
—¿Sabes qué estaba pensando? —preguntó ella.
—¿Qué?
—Que nunca pensé que volveríamos a estar así.
—Yo tampoco.
—¿Te arrepientes de algo?
Luca tardó unos segundos en responder.
—De haberte hecho sentir sola.
Aurora levantó la cabeza.
—Yo también me arrepiento de haberte puesto a prueba.
—Entonces estamos empatados.
—No.
—¿No?
—Yo hice algo peor.
—¿Qué?
—Te hice usar una peluca horrible.
Luca se quedó serio.
—Eso sí fue imperdonable.
Aurora comenzó a reír.
—¡Era parte del disfraz!
—Parecías una agente inmobiliaria que odiaba su trabajo.
—¡Era elegante!
—Era naranja.
—¡Era castaña!
—Aurora...
—Está bien. Quizá un poco naranja.
Ambos comenzaron a reír.
Y aquella risa, después de todo lo que habían vivido, resultó ser más íntima que cualquier otra cosa.
Tres meses después...
Aurora estaba sentada en el sofá cuando Luca entró apresuradamente.
—Aurora.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué pasó?
Luca tenía una expresión extraña.
—Tenemos un problema.
Aurora inmediatamente se puso de pie.
—¿Qué problema?
Luca le entregó una pequeña caja.
—Abre.
Aurora la abrió.
Dentro había un pequeño par de zapatitos blancos.
Ella se quedó inmóvil.
—Luca...
Él sonrió.
—Sí.
Aurora lo miró.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Ella volvió a mirar los zapatitos.
Después lo miró a él.
—¿Vamos a tener un bebé?
Luca asintió.
Aurora comenzó a llorar.
—No puedo creerlo.
Luca la abrazó.
—Yo tampoco.
Ella se aferró a él.
—¿De verdad?
—De verdad.
Aurora lloraba y reía al mismo tiempo.
—Vamos a ser padres.
—Sí.
—Tú vas a ser papá.
—Y tú mamá.
Aurora se quedó unos segundos en silencio.
—Luca.
—¿Sí?
—¿Estás feliz?
Él la miró como si la pregunta fuera absurda.
—Aurora, estoy aterrorizado.
Ella abrió los ojos.
—¿Qué?
—¡Nunca he cuidado un bebé!
Aurora soltó una carcajada.
—¡Yo tampoco!
—Entonces estamos perdidos.
—Completamente.
Se abrazaron mientras reían.
La noticia familiar fue todavía peor.
Cuando Cheyenne se enteró, gritó tanto que Aurora pensó que los vecinos llamarían a la policía.
—¡¿UN BEBÉ?!
—Sí.
—¡¿TÚ Y LUCA?!
Aurora la miró.
—No, Cheyenne. Lo encontré en una tienda.
—¡Aurora!
Adrian se rio.
—Creo que la noticia la emocionó.
—¡Voy a ser tía!
—No eres hermana de Aurora —señaló Adrian.
Cheyenne lo miró.
—Eso nunca me ha detenido.
Cuando Elena y Nathaniel recibieron la noticia, lloraron.
La hermana de Aurora abrazó a su hermana durante varios minutos.
Clara, en cambio, comenzó a dar consejos.
—Necesitan preparar una habitación.
—Sí —respondió Aurora.
—Comprar ropa.
—Sí.
—Elegir un pediatra.
Editado: 01.10.2026