La Soberanía De Las Almas

PRÓLOGO

Treinta y tres razones para no destruir el aula

Durante cuatro meses, nadie intentó matarlos. Al principio, aquello había resultado sospechoso.
Después, desconcertante. Finalmente, maravilloso. Cuatro meses sin Eclipse. Cuatro meses sin explosiones. Sin secuestros. Sin laboratorios clandestinos.

Sin científicos intentando convencer a Naruto de que acostarse voluntariamente sobre una camilla para que estudiaran su cerebro constituía «un pequeño aporte al progreso de la humanidad». Sin periodistas escondidos detrás de los arbustos de la Academia. Sin jueces corruptos. Sin enemigos misteriosos. Sin amenazas de muerte.

Sin ejércitos. Sin fortalezas. Sin personas intentando controlar mentalmente a Boruto. Sin nadie queriendo convertir a las bestias legendarias en armas. Y, sobre todo, cuatro gloriosos meses durante los cuales nadie había pronunciado las palabras:

—Tenemos una emergencia.

La primera semana, Naruto había desconfiado. La segunda también.
Durante la tercera llegó a despertarse a las tres de la madrugada porque había escuchado un ruido en la cocina y descendió preparado para enfrentarse a un asesino. Era Kurama. Estaba intentando abrir un paquete de galletas.

Durante la cuarta semana, una llamada desconocida hizo que Boruto activara el Jōgan, Mitsuki se transformara parcialmente, Sasuke encendiera el Sharingan, Mía detuviera el tiempo durante tres segundos y Naruto levantara telequinéticamente el sofá. Era una empresa telefónica. Querían ofrecerles un nuevo plan de Internet. Después de eso, empezaron a aceptar lo impensable.

La guerra realmente había terminado. Eclipse había desaparecido. Su líder estaba muerto. Y ellos podían vivir al fin.
Mía y Neji llevaban cuatro meses de novios. Cuatro. Naruto lo sabía porque Mía se lo había recordado esa misma mañana. Neji lo sabía porque probablemente podía decir cuántos días, horas y minutos habían transcurrido desde que ella había pronunciado:

Quiero ser tu novia.

Y Fénix lo sabía porque había estado presente. Todo Konoha parecía saberlo también. La diferencia era que ahora el clan Hyuuga había avanzado aproximadamente diecisiete etapas más que la pareja. Mía ya no era presentada como «la novia de Neji». Era la futura esposa del heredero.

Mía había descubierto aquello durante las vacaciones cuando una anciana Hyuuga la había saludado respetuosamente en una reunión familiar.

—Buenos días, futura señora Hyuuga.

Mía casi se atragantó con el té. Neji, en cambio, había sonreído. El desgraciado había sonreído.

—No te atrevas —le había advertido ella.

—No dije nada.

—Tu cara dijo aproximadamente cuarenta cosas.

—Mi cara no habla.

—Tu Byakugan probablemente sí.

—Eso no tiene ningún sentido.

— Estoy saliendo con un hombre que abre portales dimensionales. Hace mucho que abandonamos el sentido.

Y Neji la había besado. Así que Mía había perdido la discusión. Algo parecido sucedía con Hanabi. Solo que peor. Porque si el clan Hyuuga consideraba a Mía la futura esposa de Neji, también había decidido que Ren era, para todos los efectos prácticos, el futuro esposo de Hanabi. Ren estaba encantado. Hanabi fingía estar horrorizada. El anillo de oro que llevaba en el anular izquierdo complicaba bastante su actuación.

La piedra violeta había sido elegida precisamente porque tenía el mismo color que sus ojos. Ren la miraba aproximadamente cada siete minutos. Hanabi lo había contado.

El nuevo año lectivo comenzó bajo un cielo completamente despejado.
Konoha Élite resplandecía después de las vacaciones de verano. Los árboles estaban verdes, los jardines perfectamente cuidados y los ventanales reflejaban el cielo azul.
Era una imagen de tranquilidad absoluta. Hasta que uno miraba el cartel colocado junto a la puerta de 5.º B.

TREINTA Y TRES ESTUDIANTES.

Y comprendía que la tranquilidad tenía los minutos contados. Los trece jóvenes que ya habían sido considerados durante meses el grupo más peligroso de estudiantes de Konoha ahora compartían oficialmente el curso con los veinte integrantes del Programa Experimental de Artes Ninja Tradicionales. Treinta y tres.

Treinta y tres personas capaces de utilizar chakra. Treinta y tres estudiantes recuperando técnicas desaparecidas hacía más de mil años. Veinte de ellos todavía aprendices. Trece de ellos...

Bueno. Los otros trece eran la razón por la que el seguro de la Academia había sido renegociado tres veces.
En la puerta alguien había pegado un papel escrito a mano:

5.º B

Debajo:

PROHIBIDO DESTRUIR EL EDIFICIO DURANTE LA PRIMERA SEMANA.

Y debajo, con otra letra:

DESPUÉS TAMPOCO.

Y todavía más abajo:

NARUTO, ESTO TE INCLUYE.

Naruto se quedó mirando el cartel.

—¿Por qué mi nombre?

Sasuke pasó a su lado.

—Experiencia.

—¡Yo no destruí la Academia!

—Todavía.

—¡Sasuke!

Sakura llegó detrás de Naruto y le dio un beso en la mejilla.

—Buenos días, mi amor.

Naruto olvidó instantáneamente la ofensa.

—Buenos días, mi reina.

Sasuke puso los ojos en blanco. Ino apareció a su lado.

—No critiques.

Sasuke la miró. Toda su expresión cambió.

—No estaba criticando.

—Estabas criticando con la cara.

—Eso no existe.

Neji, que acababa de llegar tomado de la mano de Mía, se detuvo.

—¡Gracias!

Mía lo miró.

—No empieces.

—¡Llevo cuatro meses intentando explicártelo!

—Tu cara habla.

—No.

—Muchísimo.

Sasuke observó a Neji.

—La mía tampoco.

Ino sonrió.

—La tuya me escribe novelas.

Sasuke decidió entrar al aula. El aula había tenido que ser modificada.
Era considerablemente más grande que la del año anterior, con amplios ventanales, escritorios dobles, sistemas reforzados de seguridad y un pequeño cartel colocado junto al techo:




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