Naruto vio llorar al agua. Y algo dentro de él se rompió. No fue Boruto quien se lo mostró aquella vez. No necesitó el Jōgan de su hijo.
Fue el don de Akira. El mismo poder que había protegido a Kurama. El mismo que había cerrado todos los vínculos de las bestias legendarias ante WhiteSun. El único poder en el que Naruto confiaba.
Precisamente ese poder decidió mostrarle aquello que llevaba días negándose a mirar.
I. Ocho
Naruto estaba solo en una de las salas de entrenamiento cuando ocurrió. Había ido allí para trabajar con el don de Akira. Nada más. No quería fuego. No quería agua. No quería viento. No quería tierra. No quería rayo. Mucho menos telequinesis, cronoquinesis o telepatía. Solo aquello. Lo nuevo. Lo seguro.
Lo que WhiteSun todavía no sabía apagar. Naruto cerró los ojos. Buscó aquella sensación cálida dentro del pecho. La encontró inmediatamente.
-Bien.
Respiró.
-Otra vez.
Intentó extenderla. Kurama. Lo sintió. Protegido. Después Matatabi.
La serpiente azul. Juuby. Nemea.
Yoru. Fénix. El dragón de Itachi, el de Sasuke. Todos los vínculos estaban allí. Naruto sonrió.
-Funciona.
Y entonces el poder de Akira hizo algo que Naruto no había pedido.
Giró. Hacia dentro. Naruto frunció el ceño.
-¿Qué...?
El mundo desapareció. Naruto abrió los ojos. Ya no estaba en la sala. O sí. No lo sabía. Todo era oscuridad.
Un espacio infinito atravesado por pulsaciones de chakra.
-¿Kurama?
Nada. Naruto dio un paso. Y los vio.
Ocho presencias. Su respiración se detuvo. El fuego fue el primero.
Estaba delante de él. Pero no era aquella llama enorme, indomable, brillante que Naruto conocía. Era pequeña. Apenas ardía. Agua estaba junto a ella. Caían gotas de su cuerpo como lágrimas. Viento permanecía detrás. Casi inmóvil.
Tierra estaba agrietada. Rayo apenas conseguía producir diminutas chispas. Y detrás...
Telequinesis. Cronoquinesis. Telepatía. Naruto palideció.
- No.
Las ocho presencias lo miraron.
Ninguna se acercó. Eso fue lo peor.
Naruto extendió una mano. El fuego retrocedió. Naruto quedó paralizado.
-¿Me tienes miedo?
La llama tembló. Agua se escondió parcialmente detrás de Tierra.
Naruto sintió un dolor indescriptible.
-No...
Recordó a Boruto.
Puedo ver cuánto les duele.
-Yo no quería...
Entonces aparecieron imágenes.
Naruto moribundo. Fuego golpeando desesperadamente una barrera invisible. Agua intentando atravesarla. Viento chocando una y otra vez. Tierra intentando levantarse bajo Naruto. Rayo buscando cualquier abertura. Telequinesis intentando mover algo.
Cualquier cosa. Cronoquinesis intentando retroceder apenas un segundo. Después otro. Después otro. Nada. Telepatía gritando.
Mía. Boruto. Sakura. Kurama.
Alguien.
Nadie podía escucharla. Naruto cayó de rodillas.
-Basta.
Las imágenes desaparecieron.
Naruto respiraba con dificultad.
Ahora entendía. No conceptualmente. Lo sentía. Habían estado aterrados. No porque WhiteSun pudiera destruirlos.
Porque Naruto estaba muriendo delante de ellos., y no podían llegar hasta él. Naruto se cubrió el rostro.
-¿Qué les hice?
II. La pregunta
Entonces recordó a Boruto. No su expresión. Sus palabras.
¿Y si dentro de seis meses descubre cómo bloquearlo?
Naruto levantó lentamente la cabeza.
¿Vas a odiar también el don de Akira?
El silencio fue insoportable. Naruto miró aquella energía nueva que circulaba por su pecho. Hasta ese instante había representado seguridad. Ahora....Naruto sintió miedo.
-¿Y si puede?
La pregunta escapó de sus labios.
-¿Y si WhiteSun aprende a apagarlo también?
La alegría desapareció. Toda.
Naruto había celebrado haber protegido a Kurama. Había celebrado haber protegido a las otras bestias. Había creído que finalmente poseía algo infalible. Pero Boruto tenía razón. No existía ninguna garantía. WhiteSun podía estudiar aquello. Comprenderlo.
Encontrar alguna debilidad.
¿Y entonces?
¿Naruto volvería a quedar indefenso?
¿Buscaría otro poder?
¿Despreciaría también el regalo de Akira?
La idea comenzó a devorarlo. Naruto abrió los ojos. Estaba nuevamente en la sala de entrenamiento.
-No soy el más poderoso.
Silencio. Miró sus manos.
-Nunca lo fui.
Su respiración se aceleró.
-WhiteSun puede apagar todo lo que tengo.
Kurama apareció junto a él.
-Naruto.
-Entonces ¿qué soy?
-Naruto.
-¡ESO NO ES UNA RESPUESTA!
Kurama permaneció inmóvil.
Naruto golpeó el suelo.
-¡No soy el más poderoso de nada!
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Soy el más inútil.
-No.
-Sí.
-No.
-¡NO PUDE DEFENDERME!
-Sobreviviste.
-¡PORQUE REN ME SALVÓ!
Kurama rugió:
-¡Y ESO NO TE HACE INÚTIL!
Naruto quedó callado. Kurama se acercó.
-¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
-No entiendes.
-Te conozco desde antes de que supieras controlar la mitad de esas cosas.
-Precisamente.
Naruto se puso de pie.
-Ya no quiero hablar.
-Naruto.
-No.
Y se marchó. Kurama lo vio alejarse.
Aquella vez no lo siguió. Porque comprendió que perseguirlo no serviría. Naruto estaba huyendo de algo que llevaba dentro.
III. La clase que dejó de existir
El problema se hizo evidente al día siguiente. Los veinte estudiantes de ninjutsu estaban esperando. Naruto entró. Boruto lo observó inmediatamente. También Izan.
Naruto dejó varios libros sobre el escritorio.
-No habrá entrenamiento.
Silencio. Uno de los veinte alumnos levantó la mano.
-¿Hoy?
-No sé.
-¿Mañana?
Naruto tardó en responder.
-Tampoco sé.