La Soberanía De Las Almas

Treinta y tres ninjas y ningún adulto responsable

A las nueve y seis de la mañana, Izan Shinki Hyuuga Uchiha descubrió algo que consiguió desplazar durante varios minutos el miedo que lo perseguía desde el día anterior. Deidara era incapaz de explicar absolutamente nada.

No era que explicara mal. Aquello habría implicado la existencia de una explicación. Deidara simplemente hablaba. Y esperaba que el universo colaborara.

-La estás pensando demasiado -declaró.

Izan lo miró. Después miró la Arena de Hierro que flotaba delante de él.
Luego volvió a mirar a Deidara.

-¿Qué cosa?

-Todo.

-Eso no ayuda.

-Precisamente. Deja de intentar que ayude.

Gaara, sentado sobre una de las gradas del enorme campo de entrenamiento cubierto de Konoha Élite, levantó lentamente la cabeza.
Llevaban siete minutos. Siete. Y ya le dolía la cabeza.

Aquella mañana Itachi había tomado una decisión. Los treinta y tres estudiantes entrenarían juntos.
Nada de prensa. Nada de WhiteSun.
Nada de periodistas. Nada de teorías. Nada de figuras oscuras observándolos. Al menos durante algunas horas. Los veinte estudiantes de ninjutsu estaban distribuidos por el campo junto a los trece protagonistas.

Naruto tenía la tarea de trabajar con ellos técnicas avanzadas. Deidara se había ofrecido voluntariamente para ayudar a Izan a perfeccionar el control de la Arena de Hierro. Gaara había preguntado:

-¿Por qué tú?

Deidara respondió:

-Porque soy extraordinario.

Nadie supo qué relación tenía aquello con la Arena de Hierro. Ni siquiera Deidara. Itachi, inexplicablemente, había permitido el experimento. Ahora observaba desde las gradas junto a Shikamaru y Kakashi.

-¿Cuánto tardará Gaara en intervenir? -preguntó Kakashi.

Shikamaru miró su reloj.

-Tres minutos.

Itachi negó.

-Dos.

Kakashi:

-Cinco.

Los tres miraron hacia abajo. Deidara extendió ambas manos.

-Bien. Otra vez.

Izan respiró. La Arena de Hierro se levantó.

-Ahora no la controles.

Izan parpadeó.

-¿Qué?

-Contrólala sin controlarla.

Gaara cerró los ojos. Izan permaneció inmóvil.

-¿Cómo hago eso?

-Naturalmente.

-¿Naturalmente cómo?

-Sin hacerlo.

Izan miró hacia Gaara. Gaara miró hacia Itachi. Itachi apartó la mirada.
No era problema suyo.

-Deidara -dijo Izan- no entiendo.

-Porque estás intentando entender.

-¡ESTOY EN UNA CLASE!

-Ese es tu primer error.

Gaara se levantó. Shikamaru miró el reloj.

-Un minuto cuarenta y ocho.

Itachi extendió la mano. Shikamaru se la estrechó. Kakashi los miró.

-¿Estaban apostando?

-No -respondieron ambos.

Gaara llegó hasta ellos.

-Deidara.

-¿Sí?

-¿Qué intentas enseñarle?

Deidara señaló la arena.

-Eso.

-¿Qué de eso?

-Que responda.

-Ya responde.

-Pero piensa antes de responder.

Izan abrió la boca.

-¡PORQUE YO LA CONTROLO!

-Exacto.

-¿Y QUÉ QUIERES QUE HAGA?

Deidara sonrió.

-Que ella te controle a ti.

Silencio. Gaara:

-No.

Deidara frunció el ceño.

-No era literal.

-Entonces explica qué significa.

-Significa...

Deidara hizo un gesto con las manos.

-Eso.

Gaara miró sus manos.

-Acabas de mover los dedos.

-¡ERA REPRESENTATIVO!

Izan se llevó una mano a la cara.
Gaara respiró profundamente.

-Lo que intenta decir...

Deidara levantó un dedo.

-Yo puedo.

-No.

-Gaara.

-No.

Deidara pareció ofendido. Gaara se colocó frente a Izan.

-No le des una orden específica a la arena.

Izan lo miró.

-¿Entonces?

-Dale una intención.

Eso sí lo comprendió.

-¿Una intención?

-Exacto. No pienses: forma un muro de dos metros delante de mí. Piensa simplemente: protégeme.

Izan bajó la mirada hacia la arena.
Gaara continuó:

-Tu control consciente es extraordinario. Pero Shinki no reaccionaba siempre calculando cada movimiento. Su arena aprendió a responder a sus necesidades.

Izan observó las partículas negras.

-Entonces tengo que confiar en ella.

Gaara sonrió.

-Exactamente.

Deidara señaló violentamente a Gaara.

-¡ESO DIJE!

Todos:

-¡NO!

Izan cerró los ojos. No pensó en formas. No imaginó escudos. No calculó trayectorias. Solo pensó:

Protégeme.

Deidara lanzó una pelota hacia él.
La arena la interceptó. Izan abrió los ojos.

-Oh.

Deidara lanzó otra. La arena volvió a interceptarla.

-¿Ves?

Izan sonrió.

-Sí.

Gaara también. Deidara tomó tres pelotas. Gaara lo miró.

-No exageres.

-Confía.

-Esa palabra tiene un significado muy diferente cuando la dices tú.

Deidara lanzó las tres. La arena formó una pared.

PUM. PUM. PUM.

Izan sonrió ampliamente.

-¡Funcionó!

Deidara agarró una caja entera.
Gaara:

-No.

-Sí.

-Deidara.

-Ciencia.

-No.

Deidara volcó aproximadamente treinta pelotas sobre Izan. La Arena de Hierro explotó. Formó una cúpula. Todas rebotaron. Una regresó directamente hacia Deidara.

POM.

Le dio en la frente. Silencio. Izan abrió la boca. Gaara intentó no reírse. Deidara se quedó inmóvil.

-La arena me atacó.

Izan perdió la batalla. Comenzó a reír. No una sonrisa. No una risita nerviosa. Una carcajada. Gaara se quedó mirándolo. Hacía horas que deseaba escuchar aquello. Deidara se frotó la frente.

-Me alegra que mi sufrimiento cure traumas.

Izan rio todavía más. La arena salió de la cúpula y le dio otra pelota.

POM.

-¡IZAN!

-¡NO FUI YO!

Gaara ya estaba riéndose. Deidara miró la arena.

-Tú y yo vamos a tener problemas.

La Arena de Hierro levantó lentamente otra pelota. Deidara retrocedió.

-No.

La pelota subió.




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