La idea fue de Boruto. Ese detalle sería utilizado posteriormente por Izan en su defensa.
-Quiero que quede claro desde ahora que esto fue idea tuya.
-Todavía no pasó nada.
-Precisamente. Quiero dejar constancia antes.
-Eres un cobarde.
Izan Shinki se detuvo en medio del corredor y lo miró.
-Ayer una presencia invisible intentó atacarnos, anuló nuestros elementos y después descubrimos que nos estaba usando como experimentos para medir nuestras capacidades.
Boruto cruzó los brazos.
-Sí.
-Tengo derecho a ser cobarde durante por lo menos una semana.
-No eres cobarde.
-Gracias.
-Eres exagerado.
Izan dejó de agradecerle. Eran las siete y media de la tarde. Konoha Élite estaba prácticamente vacía.
Aquello había sido deliberado. Naruto y Gaara habían pasado los últimos dos días intentando ayudarlos a recuperar cierta normalidad. Sin obligarlos. Sin decirles que «no pasaba nada», porque sí había pasado.
Sin pedirles que dejaran de sentir miedo. Naruto había hablado largamente con Boruto. Gaara había hecho lo mismo con Izan. Los dos padres adolescentes habían llegado, por separado, a una conclusión bastante sensata: el miedo no debía convertirse en vergüenza. Boruto podía activar el Jōgan si se sentía amenazado. Izan podía utilizar el Sharingan, el Byakugan o rodearse de Arena de Hierro. No tenían que demostrarle nada a nadie.
El problema era que Boruto e Izan habían escuchado aquel maravilloso consejo y habían decidido ignorarlo.
Por eso estaban allí. Frente al corredor más largo, oscuro y desagradable del edificio antiguo de la Academia. Boruto señaló hacia el fondo.
-Desde aquí hasta la escalera.
Izan observó la oscuridad.
-No.
-¿No qué?
-No me gusta.
-A mí tampoco.
-Entonces no vayamos.
-Precisamente por eso tenemos que hacerlo.
Izan lo miró.
-Esa lógica explica demasiadas cosas sobre tu vida.
Boruto fingió no escucharlo. Las reglas eran simples. Atravesarían el corredor. No podían activar técnicas oculares. No podían utilizar elementos. No podían recurrir a sus bestias legendarias. Y, especialmente, Izan no podía envolverse en Arena de Hierro ante el primer ruido extraño. Juuby estaba diminuto sobre su hombro.
La serpiente azul descansaba enrollada alrededor del cuello de Boruto como si fuese una extravagante bufanda viviente.
Ambas bestias consideraban que aquello era una idea espantosa.
-Preparado -dijo Boruto.
-No.
-Perfecto.
-Dije que no.
-Vamos.
Comenzaron. Un paso. Dos. Tres.
Cuatro. Silencio. Boruto sonrió.
-¿Ves?
Izan respiró.
-Está bien.
Cinco pasos. Seis. Siete.
CLAC.
Los dos se detuvieron. Izan activó el Sharingan. Instantáneamente.
Boruto lo señaló.
-¡PERDISTE!
Izan miró hacia todos lados.
-¡ALGO SONÓ!
-¡ERA UNA CAÑERÍA!
-¡NO SABEMOS ESO!
-¡SHARINGAN A LOS SIETE METROS!
Izan desactivó el ojo.
-Reiniciamos.
-No.
-Reiniciamos.
-Perdiste.
-Boruto.
-Está bien.
Regresaron..Segundo intento.
Caminaron. Siete metros. Nada. Diez. Doce. Izan comenzó a sonreír.
-Estoy ganando.
-No estamos compitiendo entre nosotros.
-Ahora sí.
-¿Desde cuándo?
-Desde que voy ganando.
Boruto abrió la boca.
TAC.
Algo cayó detrás. Jōgan. El ojo derecho de Boruto se encendió instantáneamente. Izan señaló.
-¡PERDISTE!
-¡ALGO CAYÓ!
-¡ERA UNA BOTELLA!
-¡NO SABEMOS ESO!
Izan quedó inmóvil.
-Acabas de usar mi argumento.
-No.
-Literalmente.
-Tercera ronda.
Tercera ronda. Quince metros.
CRASH.
Una escoba cayó desde un armario.
La Arena de Hierro explotó alrededor de Izan. Chaqueta. Brazos.
Espalda. Cuello. Una segunda capa formó un muro delante de Boruto.
Silencio. Boruto miró la escoba. Después a Izan. Después la espectacular armadura negra.
-Era una escoba.
Izan seguía pálido.
-Era agresiva.
Juuby asintió. Boruto:
-No puedes declarar agresiva una escoba.
Izan señaló el objeto.
-Cayó deliberadamente.
-¡NO TIENE CONSCIENCIA!
Desde algún lugar lejano, una voz gritó:
-¡NO LE DIGAS ESO A DEIDARA!
Ambos se sobresaltaron. Sharingan.
Jōgan. Arena. Boruto:
-¡¿QUIÉN FUE?!
Silencio. Izan:
-Creo que Kakashi.
-Odio esta Academia.
Cuarto intento. Esta vez consiguieron llegar a la mitad. Boruto respiraba lentamente. Izan mantenía las manos en los bolsillos para evitar reaccionar.
-Vamos bien.
-Sí.
CREEEEEEAK.
Una puerta comenzó a abrirse sola.
Boruto quedó petrificado. Izan también. La puerta continuó. Centímetro. Tras centímetro. Oscuridad detrás. Boruto susurró:
-No actives nada.
-No pensaba hacerlo.
-Estás temblando.
-Tú también.
-No estoy...
¡PAM!
La puerta golpeó la pared. La serpiente azul explotó hasta alcanzar sus quince metros. Juuby recuperó su tamaño gigantesco.
Boruto activó el Jōgan. Izan activó Sharingan y Byakugan casi simultáneamente. La Arena de Hierro llenó medio corredor.
-¡¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?! -gritó Boruto.
Juuby rugió. La serpiente siseó. La Arena formó lanzas. Y desde la puerta apareció Deidara.
-¿Qué hacen?
Dos adolescentes gritaron.
-¡AAAAAH!
Deidara abrió muchísimo los ojos.
-¿Qué...?
La Arena atacó.
-¡IZAN!
Deidara saltó. Una silla cercana cobró vida y se interpuso.
CLANG.
La Arena la golpeó.
-¡SOY YO!
Boruto lanzó instintivamente una ráfaga de viento. Nada ocurrió.
-¡MI VIENTO SIGUE SIN...!
La serpiente azul atacó por él.
-¡NO, NO, NO!
Deidara señaló un extintor.
-¡PROTÉGEME!
El extintor saltó. Juuby lanzó una cola. El extintor salió volando. Deidara corrió.