La Soberanía De Las Almas

Lo que no puedes apagar

Izan despertó sabiendo un nombre que jamás había aprendido. No era WhiteSun. Era mucho más antiguo.
Y quizá por eso resultaba todavía peor.

I. Mil años atrás

La Arena de Hierro flotaba sobre su cama. Izan abrió los ojos. No gritó.
Últimamente había aprendido que despertar rodeado por partículas negras suspendidas en el aire podía significar dos cosas: que había tenido una pesadilla, o que Shinki recordaba.

Aquella madrugada era lo segundo.
Juuby levantó su diminuta cabeza desde la almohada.

-¿Izan?

-Estoy bien.

Mentira.

Izan se incorporó lentamente. Tenía dieciséis años. Pero durante algunos segundos sus manos no parecieron pertenecerle. Recordaba otras. Las mismas manos. Otro tiempo. Otra vida. Arena negra girando. Una aldea que ya no existía como entonces. Boruto. Sarada.
Mitsuki. Su padre, Gaara. Izan cerró los ojos.

-Papá...

Juuby se acercó. Diez colitas diminutas rodearon su muñeca.
Entonces apareció otro recuerdo.
Un hombre. Izan dejó de respirar.
No podía verle bien el rostro. Era como contemplarlo a través del agua sucia. Pero Shinki lo conocía.
No personalmente. Por documentos. Investigaciones prohibidas. Informes que hablaban de una técnica experimental desarrollada alrededor de un principio aterrador.

Interrumpir temporalmente la relación entre el chakra y aquello que obedecía al chakra.

Izan abrió los ojos.

-No.

La Arena de Hierro cayó al suelo.
Juuby saltó.

-¿Qué viste?

Izan tardó varios segundos.

-Algo parecido a WhiteSun.

II. La teoría

A las siete y doce de la mañana, Shikamaru ya estaba arrepentido de haber llegado temprano. Izan estaba frente al escritorio. Gaara a su lado.
Kawaki junto a Gaara. Itachi permanecía de pie. Deidara tenía café. Kakashi dejó de beber el suyo cuando Izan terminó de explicar.
Akio y Daichi intercambiaron miradas.

-Repítelo -pidió Itachi.

Izan tragó saliva.

-Shinki conocía esa técnica.

-¿La de WhiteSun?

-No exactamente.

Izan cerró los ojos. Los recuerdos regresaron.

-Era primitiva.

Shikamaru se inclinó hacia delante.

-¿Qué hacía?

-Interrumpía chakra elemental.

-Eso ya lo sabemos.

-No - Izan negó - WhiteSun hace mucho más. Aquel hombre necesitaba contacto o encontrarse muy cerca. Podía bloquear temporalmente determinadas manifestaciones del chakra. Era inestable. No funcionaba siempre.

Deidara señaló.

-Entonces WhiteSun tiene la versión premium.

Nadie reaccionó. Deidara bajó la mano.

-Momento inadecuado.

-Bastante -respondió Itachi.

Izan continuó.

-Pero había una teoría.

Shikamaru sintió que no iba a gustarle.

-¿Qué teoría?

Izan tardó en responder.

-Que esa técnica podía evolucionar.

-¿Hasta dónde?

La mirada de Izan cambió. Durante un instante, Gaara vio a Shinki.

-Hasta el alma.

Nadie habló. Kawaki frunció el ceño.

-¿Qué significa eso?

Izan respiró.

-Los investigadores de aquella época creían que chakra, cuerpo y alma no eran estructuras completamente independientes.

Kakashi dejó la taza.

-Continúa.

-Creían que existía una unión entre ellas.

Deidara ya no bromeaba.

-¿Y?

Izan levantó la mirada.

-Teóricamente, una versión absoluta de aquella técnica podría intervenir sobre esa unión.

Gaara palideció.

-¿Separarlas?

-No lo sé.

Izan apretó las manos.

-Los recuerdos terminan ahí.

Shikamaru preguntó:

-¿Shinki sabía si alguien consiguió hacerlo?

-No.

-¿Sabía qué ocurriría?

-No.

Izan miró su Arena de Hierro.

-Solo recuerdo una frase.

Todos esperaron. Izan habló con una voz que por momentos pareció pertenecer a otra persona.

-«Cuando el alma deje de estar encadenada al lugar que le corresponde, la muerte dejará de ser una frontera absoluta».

Silencio. Deidara miró a Itachi.

-Eso ha sido extraordinariamente siniestro.

Itachi asintió.

-Sí.

Nadie allí sabía todavía cuánto.

III. Akira

Esa noche Naruto soñó. O creyó hacerlo. Estaba sentado en medio de aquella nada que ya conocía.

-No otra vez.

Una voz respondió detrás:

-Qué recibimiento.

Naruto giró violentamente. Akira.
Cabello negro. El rostro idéntico al de Kawaki. La misma expresión que recordaba. Naruto lo señaló.

-¿Otra vez estoy muriéndome?

-No.

Naruto dejó caer los hombros.

-Ah. Menos mal.

Akira lo miró.

-Creo que el problema esta vez soy yo.

Naruto dejó de sonreír.

-¿Qué?

Akira bajó la mirada hacia sus manos. Eran transparentes. Naruto frunció el ceño. Después se volvieron sólidas. Completamente.
Akira también lo vio.

-Eso es nuevo.

Naruto se levantó.

-Akira.

-No te acerques.

-¿Por qué?

-Porque no sé qué está ocurriendo.

Su brazo desapareció parcialmente.
Volvió. Naruto palideció.

-¿Te estás... desintegrando?

Akira lo miró con fastidio.

-Gracias por elegir la palabra más tranquilizadora disponible.

-¡ESTÁS DESAPARECIENDO!

-También estoy apareciendo.

Naruto cerró la boca. Akira extendió los dedos. Sólidos. Transparentes.
Sólidos.

-Naruto...

Su expresión perdió toda ironía.

-Estoy empezando a sentir cosas.

-¿Qué cosas?

Akira levantó lentamente la cabeza.
Por primera vez Naruto vio miedo en él.

-Tu mundo.

Silencio.

-¿Cómo?

Akira miró alrededor.

-Temperatura.

Naruto quedó inmóvil.

-¿Qué?

-Ayer sentí frío. Hoy sentí viento.

Naruto sintió un escalofrío. Akira continuó:

-Hace unas horas escuché algo.

-¿Qué?

-No sé.

Miró nuevamente sus manos.




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