Cuando nace una estrella.

Capítulo 31. EXTRA

Andrés.

El día de la premier.

La vi llegar de la mano de sus abuelos y de Damián.

El vestido rojo que tanto dudó en usar le lucía tan bien y dejaba al descubierto lo hermosa que siempre ha sido. Desde que la conocí, supe que debíamos de ser algo más.

La debía proteger porque ella era demasiado para este mundo.

La chica tímida que llegó aquel día se había esfumado. Ahora era la imagen de una mujer poderosa, de cabello brillante y una seguridad que le costó encontrar.

Estaba sana. Una mujer que había ganado la batalla contra todo el mundo y, sobre todo, contra ella misma.

Se miraba perfecta. Ya no tenía problemas con la comida, la ansiedad y la depresión estaban controladas.

Era la estrella que siempre debió ser y, por fin, el mundo la reconocía.

El mejor año de mi vida transcurrió gracias a ella, porque estaba en mi vida.

Al cabo de los minutos, las entrevistas seguían y Damián permanecía a su lado, con los brazos entrelazados al caminar por la alfombra roja.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Mi corazón se contrajo y mis manos se empuñaron.

Debía ser yo quien la llevara de la mano, no él. No el enmascarado.

Debí ser yo.

Ella no era mía y no iba a serlo jamás.

Las cámaras apuntaban a la linda pareja. Los flashes los cegaban y ella no perdía su hermosa sonrisa. Su cara ovalada relucía y sus labios rojos le daban esa seguridad que siempre deseó.

Y yo la deseaba a ella.

La amé. La amaba.

Pero ella era tan feliz de la mano del enmascarado.

¿Qué hice mal para terminar viendo al amor de mi vida desfilar con el amor de su vida?

—Es nuestro turno de pasar —me informó Pao, enroscando su brazo en el mío.

Limpié discretamente mis lágrimas y me acomodé el saco.

—Vamos, mi amor —le dije a Pao, las palabras más falsas que salieron de mi boca.

Caminamos por la alfombra roja y Via me saludó con su mano, sonriendo de oreja a oreja. Sabía que cumplía su sueño y sabía que el público la amaba.

Solo que no más que yo.

Ellos no la merecían y, sin embargo, la tenían.

Se acercó sin despejarse del invasor ese y me dio un beso en la mejilla. Pude percibir detenidamente su aroma, su olor a menta y canela, con el que ha estado obsesionada y, su dulce perfume.

La rodeé con mis brazos firmemente por la cintura. Quería congelar el tiempo para permanecer abrazado a ella para siempre.

—Lo lograste, Via —susurré en su oído

—Lo logramos —me corrigió posando sus manos en mi pecho.

—Te voy a extrañar —se me resbaló de los labios.

—Siempre seremos colegas, si no me he muerto aún.

<<No me refería a eso, sino a que extrañaré disfrutar de tus besos, tus caricias, tu tiempo, tu compañía>>

—Ahora si, después de la premier no te veré más.

—Claro, vendrán más proyectos juntos ya lo verás

Se alejó de mi agarre para tomarle la mano y darle un beso en la mejilla a Damián.

Antes de dejarlos que se fueran.

Los detuve, tomando del brazo al intruso.

—Cuídala. Ámala. Respétala —dirigí mis ojos a los de Via—. Quiérela y asegúrate de que coma sus tres comidas al día. Y si es posible hasta cinco con todo y postre.

—Te lo prometo —respondió Damián

—No me lo prometas a mí. Cúmpleselo a ella.

Cuando FINALmente se alejaron de nosotros, caí en cuenta

que había perdido para siempre al amor de mi vida.




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