Gane y perdí la apuesta?

Capitulo 28

Las reglas del laberinto
Nolan

El eco de la risa de Mara compartida con mi hermana Sofía aún resonaba en las paredes de mi casa como una melodía imposible que se había vuelto real. Verla la noche anterior en la cena familiar, convertida en la socia e hija del magnate que mis padres tanto anhelaban para mí, había sido un giro del destino tan retorcido como milagroso. Sin embargo, cuando la puerta se cerró tras su partida y me encontré de nuevo en la fría realidad de mi habitación, supe que el verdadero infierno-o la verdadera prueba de fuego-apenas comenzaba.

A la mañana siguiente, el campus universitario bullía con los comentarios habituales, pero la atmósfera a mi alrededor había cambiado por completo. Ya no estaban Brad ni el grupito de idiotas de la fraternidad rodeándome para reírse de las desgracias ajenas; me habían exiliado por completo en cuanto se enteraron de que Mara era la propietaria real de la institución y de que yo había quedado reducido a un paria romántico. Y, la verdad, no me importaba lo más mínimo.

Me dirigí directo al edificio de la facultad de artes, buscando el estudio donde sabía que ella pasaba las primeras horas de la mañana revisando los proyectos de diseño. Llevaba en la mano un termo con café negro, exactamente como le gustaba, y un cuaderno con los bocetos de las nuevas estructuras arquitectónicas que me había pedido analizar para demostrarle que iba en serio con mi redención académica y personal.

Cuando empujé la puerta del estudio, la encontré de pie frente a un gran caballete, sosteniendo un pincel con una precisión milimétrica. Su melena corta en corte bob color avellana brillaba bajo los tragaluces del techo, y su rostro mantenía esa seriedad imponente que tanto me intimidaba y me atraía a partes iguales.

-Te dije que no gastaras tu tiempo en gestos baratos, Vance -dijo sin siquiera girarse a verme, su voz cortante y helada resonando en el silencio del estudio amplio.

-No es un gesto barato, Mara. Es el café que te gusta, y aquí tengo los cálculos estructurales del proyecto que me asignaste ayer como prueba de competencia -repliqué con firmeza, dando un paso al frente y dejando el termo y la libreta sobre una mesa auxiliar.

Mara se giró lentamente. Dejó el pincel en una bandeja con una calma exasperante, cruzó los brazos sobre su elegante suéter de cachemira y me miró de arriba abajo con una mezcla de fastidio y curiosidad calculada.

-¿Calculaste toda la carga de tensión del puente peatonal del norte en menos de doce horas solo para demostrarme algo? -preguntó, arqueando una ceja con escepticismo-. Qué tierno, Nolan. Pero un cálculo correcto no borra cuatro meses de humillaciones públicas. Esto apenas es el comienzo de la prueba. Si de verdad quieres caminar a mi lado, vas a tener que demostrarme que puedes soportar el peso de estar bajo mi escrutinio constante sin quebrarte a la primera de cambio.

Asentué con la cabeza, tragándome el orgullo y cualquier rastro de impaciencia.
-Ponme la prueba que quieras, Mara. Estoy dispuesto a lo que sea.




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